jueves, 23 de agosto de 2018

¿Quién es Jesucristo?


Jesucristo es el Hijo de Dios, el Verbo encarnado, la Palabra misma de Dios el Padre, hecha carne.
Jn. 1:14 “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

Jesucristo ha existido desde siempre igual que el Padre, en el Padre y en la misma Deidad. En toda la creación del universo él estaba presente y todas las cosas por él fueron hechas, sin él nada ha sido hecho. En él estaba también la fuente de la vida que es la luz de los hombres. Jn. 1:1En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
Jn. 1:2 Este era en el principio con Dios.
Jn. 1:3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
Jn. 1:4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Cuando Dios dice: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, nos está creando con ciertos privilegios y prerrogativas que no tienen el resto de los seres creados; nos crea espirituales, con inteligencia, con voluntad para elegir y decidir, con capacidad de pensamiento y lenguaje; la muerte, la enfermedad y el sufrimiento no estaban contemplados para nosotros; y nos dio autoridad y dominio sobre la creación.
“Gén. 1:26 “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.”

Todo era bonito y perfecto; el hombre vivía en total felicidad y no conocía el mal, pero por el pecado de desobediencia de Adán el hombre se corrompió y se separó de Dios; pierde la santidad y el paraíso de felicidad, de pureza y de inmortalidad. Queda a expensas de toda clase de males y calamidades físicas y espirituales. Queda en tinieblas, dolor y muerte.
Debajo del cielo, en lo temporal y humano, no hay absolutamente nada ni nadie que pueda sacarlo de este estado de miseria y restituirle todo lo que perdió por desobediencia a Dios.

Dios que es Padre compasivo de amor y misericordia, responsable de su creación, provee la solución; solución que solo puede venir de arriba, de lo alto, de lo santo, de lo puro y perfecto: JESUCRISTO su Hijo.
El Verbo de Dios, el unigénito del Padre, el Mesías, el Redentor, el Salvador del mundo, viene a nosotros. Jesucristo como fuente de vida viene a darnos vida eterna otra vez; como fuente de la luz verdadera, viene a disipar nuestras tinieblas del pecado y a restituirnos a la luz de la gracia. ¡Ese es JESUCRISTO!
Jesucristo, es el amor del Padre revelado a nosotros, él es la imagen misma de su sustancia.

Hebreos 1:1-3 “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3  EL CUAL,  SIENDO EL RESPLANDOR DE SU GLORIA, Y LA IMAGEN MISMA DE SU SUSTANCIA, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”.

Dios, que ya había hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los Padres por los profetas, hoy nos habla por su Hijo Jesucristo. Y este versículo 3 nos revela la esencia de la divinidad de nuestro Señor Jesucristo: “el cual (Cristo) siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia…”, Jesucristo es Dios, y solo él podía redimir a los hombres de la esclavitud del pecado.
Durante su ministerio, Jesús mismo decía quién era, cuando afirmaba:
Yo soy la luz del mundo; Yo soy la verdad y la vida; yo soy el camino; nadie viene al Padre sino por mí.” Su mensaje es claro.
Al hacerse partícipe de nuestra naturaleza humana, participó también de nuestras limitaciones, pobreza, rechazo, soledad, abandono, críticas, calumnias, golpes, escarnios, tristeza, y finalmente el martirio de la cruz y la muerte.

Pero lo más grandioso y sublime de Cristo, como todos sabemos, es que se levantó al tercer día de la sepultura. ¡La muerte no tuvo poder sobre él para retenerlo, y he aquí su VICTORIA, nuestra victoria!
Finalmente, cumplido su ministerio, Jesucristo vuelve al cielo y se sienta a la diestra del Padre. Pero ya no nos deja solos, nos envía el Espíritu Santo, el Consolador.
Sólo el Espíritu Santo nos puede redargüir y llevar a los pies del Señor Jesucristo.

Pudiéramos seguir hablando de Jesucristo, de su amor, su bondad… y seguramente no terminaríamos…hablar de Cristo es precioso; pero más grandioso es experimentarlo en nuestra vida.

¿Para usted, quién es Jesucristo?
¿Es Jesucristo el Salvador y Señor de su vida?
Si no lo es todavía, le invito a recibirlo en su corazón.

Dios les bendiga y hasta pronto.

Orfilia Miranda Londoño


Puede dejar su comentario.


miércoles, 27 de junio de 2018

¿Eres Cristiano si no tienes el Espíritu de Cristo?


Cita Bíblica: Juan 14:16-31

Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, por­que no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vos­otros, y está en vosotros. Juan 14:16-17

El Señor Jesús, una vez confirmada su partida a la casa del Padre, quiere animar a sus discípulos con el anuncio de la llegada del Espíritu de verdad. Hasta ahora Jesús mismo había sido la gran esperanza consoladora de sus discípulos. Por eso Él les habla de que el Padre “os dará otro consolador”.

Espíritu santo, luz del mundo, Jesús, espíritu
En griego está escrito: “Paracletos”, que podemos traducir por abogado, intercesor, defensor, consolador, llamado en auxilio. Todas estas acepciones encierra la palabra “Paracletos”. Este otro consolador no es ni más ni menos que el Espíritu Santo. Hasta este momento los discípulos habían convivido y estado con el Señor Jesús, a partir de ahora perderían su presencia física y no podrían utilizar más sus ojos para verle cami­nar, hablar, exhortar y hacer muchos milagros. El tiempo de caminar con Jesús por vista concluía, esperando el día en que ellos mismos también sean transformados semejantes al cuerpo de la gloria de Cristo (Filipenses 3:20-21).

Se acercaba el tiempo de “andar por fe”, como dice Pablo: “Por fe andamos no por vista” (2 Corintios 5:7).

Aquí es donde tiene su función consoladora, auxiliadora, defensora y exhortadora el Espíritu Santo. Lo que los discípulos habían visto con los ojos de la carne, sin apenas entender nada, el Espíritu que “morará con ellos y estará en ellos”, les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que Jesús les había dicho.

Si real y cierta fue para los discípulos la presencia física de Jesús al decir:
Lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos” (1 Juan 1:1).
No menos real y cierta es la presencia del Espíritu, que mora y está en todo aquel que acepta a Jesús como su único y perfecto Salvador. Como dice la Escritura:
A fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu Santo” (Gálatas 3:14), “el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador” (Tito 3:6) “¿No sabéis, pues, que sois el templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3:16).
Los discípulos gozaron de la presencia física de Jesús entre ellos, como luego de la presencia espiritual del Espíritu que moraba y estaba en ellos por la fe.
Los discípulos fueron testigos privilegiados de convivir con Jesús en los días de Su carne, pero el Espíritu de verdad no estaba más en los discípulos que en los que hoy somos de la fe de Jesucristo, ya que la Escritura dice:
“Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús… Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de Su Hijo” (Gálatas 3:26; 4:6).

Jesús promete a los suyos que el Consolador estará con ellos para siempre, y le cono­cerán porque mora en ellos y estará en ellos.
Por eso la vida del creyente es totalmente falsa, cuando no está habitada por el Espíritu de verdad. Es un sinsentido decirse creyente y no conocer al Espíritu. Pablo también preguntaba a los Corintios: “¿No sabéis…que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

Tan contundente es el apóstol en la certeza de la presencia del Espíritu, en el que es de la fe de Jesucristo, que concluye:
“Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él” (Romanos 8:9).

Esta contundencia demuestra la certeza de la promesa, que hizo Jesús a sus discípulos, comprobada en el vivir de cada día, no según la carne, sino según el Espíritu.

Muchos se sentirán sorprendidos por la realidad de tal promesa, y no atinarán a ser portadores de esa promesa, porque no andan por fe, sino por vista. Así no pueden reci­bir al Espíritu de verdad, lo mismo que le sucede al mundo, porque no le ve, ni le conoce. No le ve porque anda por vista en los deseos de los ojos: y no le conoce porque vive conforme a la carne.

Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque Yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que Yo estoy en mi Padre, y vosotros en Mí, y Yo en vosotros. Juan 14:19-20

Cuando los llamados cristianos, no vivimos en espíritu, estamos negando que Cristo vive; ya que Jesús dice:
 “porque Yo vivo, vosotros también viviréis”.

De ahí que lo específico del creyente en Cristo no sean normas o doctrinas, sino la propia vida de Cristo en ellos. Esto lo verá todo el que cree en el Hijo de Dios viviente. Por eso dice a sus discípulos: “vosotros me veréis”.

Quizás alguno se haga la misma pregunta que Felipe: “ver a Jesús, eso me bastaría”. Y la respuesta de Jesús también es la misma para ti: ¿No crees que Yo estoy en ti y tú en Mí?

Pablo hace esta misma pregunta a los Corintios:
 “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros?” (2 Corintios 13:5).

Jesús había dicho a sus discípulos:

“El que come mi carne y bebe mi sangre, en Mí permanece y Yo en él. Como me envió mi Padre viviente y Yo vivo por el Padre, asi­mismo el que me come, él también vivirá por Mí” (Juan 6:56-57).

Esta presencia de Jesús es algo esencial en el creyente que vive por fe. Y jamás lo debemos cambiar por unas cuantas normas o leyes religiosas, ya que en ese caso estaríamos muertos bajo la ley, y no viviríamos por el Espíritu. La mayor parte de los llamados cristianos viven sin conocer esa manifestación de Jesús en su propia vida. Ya que Jesús dice: “Me manifestaré a él” (v. 21). ¿Y quién es ese él?: Todo el que guarda Su Palabra, diciendo en plena certidumbre de fe: hágase en mí según tú Palabra.

Este es el que tiene el amor de Dios en su corazón, pues “el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo” (2 Juan 9).

Además del día a día en que Cristo se manifiesta en nuestra vida como resucitado, hay otro día señalado por el Padre en el que el Hijo del Hombre vendrá en las nubes con gran poder y gloria,… y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo” (Marcos 13:26-27).
Mientras ese día llega, tenemos la vivencia diaria de la presencia de Jesús en nosotros por Su Espíritu, porque “si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él. Pero si Cristo está en vosotros…” (Romanos 8:9-10).

Jesús hace saber a sus discípulos que el amor hacia Él y la permanencia en Él están asentados sobre la base de guardar Su Palabra. Por eso no es cierto un amor y una permanencia en Jesús sin una total fidelidad a la Palabra de Dios. Esto lo confirma Jesús con las siguientes palabras:
El que me ama, mi Palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. Juan 14:23

Si pretendemos comprender esta inmensa revelación de Jesús con nuestra mente natural, es algo imposible, porque: el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14).

Solo el Espíritu, como Maestro de la verdad, nos hace saber lo que Dios nos ha concedido, y no hablamos con palabras de sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu (1 Corintios 2:13). En esto se cumple la promesa del Señor Jesús:

“El Espíritu os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que Yo os he dicho” (v. 26).

La paz os dejo, mi paz os doy; Yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Juan 14:27
Ese saludo común entre los ciudadanos de su pueblo, los discípulos lo conocían y lo practicaban, pero eso no cambiaba en nada sus propias vidas. Sin embargo la paz que Jesús da, cambia radicalmente la vida de las personas.

Jesús nos da esa paz a través de su sacrificio en la cruz, reconciliándonos con Dios. Por eso “Él es nuestra paz” (Efesios 2:14). Así se dio cumplimiento a lo dicho por el profeta Isaías:
“El castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).
Esta paz es totalmente diferente a la que da el mundo, ya que con la paz del mundo el hombre va de mal en peor, enredado en sus estériles formulismos. Pero la paz de Cristo nace de la misma justicia de Dios, por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en Él.

Así también podemos decir con Pablo:
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).

Jesús nos da la paz, y está rubricada con Su propia sangre, para que todo aquel que es de la fe de Jesucristo, jamás tenga miedo: ¡porque nada ni nadie podrá romper esa paz con Dios firmada en la cruz del Gólgota!
En esta seguridad podemos aceptar con firmeza lo que el Maestro nos dice:
“No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (v. 27).

El mismo Espíritu nos convence de todo esto, y nos garantiza con su presencia que la Palabra de Dios se cumple en nosotros, si de verdad permanecemos en la fe de nuestro Señor Jesucristo.

Jesús demostró que amaba al Padre, haciendo todo lo que le mandó (v. 31). Demostremos nosotros también que amamos a Jesús, haciendo lo que él nos manda, esto es: ¡PERMANECER EN SU PALABRA!

Estudio Bíblico por:
ElsieVega

domingo, 15 de abril de 2018

El llamado de Dios

Cuando Dios nos llama para una misión específica, él confirma su llamado.

Desde tiempos antiguos Dios ha llamado a distintos hombres, en diferentes tiempos y de diferentes edades para que le sirvan en el plan de la salvación de la humanidad.

Cuando sentimos el llamado de Dios a un ministerio o servicio, pero no estamos muy seguros de que esto viene de Dios, y qué quiere que hagamos, lo primero que debemos hacer es orar y esperar la confirmación.
Jesús, mientras caminaba por distintos lugares en su ministerio, fue llamando hombres de distintos oficios y condición social para hacerlos sus discípulos.  
Más adelante cuando ya había muchos siguiéndole, Jesús se retira durante toda la noche en oración al Padre, y en la mañana muy temprano llama a todos sus seguidores y escoge a doce de ellos, los mismos que ya había llamado antes y les confirma su llamado en presencia de la multitud que le seguía. Luc. 6:12  En aquellos días él fue al monte a orar,  y pasó la noche orando a Dios.” Luc. 6:13  Y cuando era de día,  llamó a sus discípulos,  y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles”: Luc. 6:14-16

Dios tiene su tiempo, hay que estar atentos y esperar.
Puede ser que al primer llamado no entendamos, él vuelve a llamar. A Samuel siendo un niño todavía, lo llamó tres veces, a la tercera entendió que era Dios quien lo llamaba.

Dios tiene distintas formas y maneras de llamar: Llamado de Abraham, llamado de Moisés, llamado de Jonás, en fin….

Dios a veces hace llamado para mucho tiempo después: hay llamados desde la niñez o la juventud que se postergan hasta la madurez. Fue el caso de Samuel. Así son los planes de Dios, a nosotros sólo nos corresponde estar atentos y dispuestos. No intente apresurar nada, lo único que puede pasar es complicar las cosas como les pasó a Abraham y a Sara. Tomaron la decisión equivocada yéndose a Egipto y por poco matan a Abram.
Más tarde viendo que la promesa de Dios no se cumplía todavía, tuvieron un hijo con Agar la esclava en el deseo de ayudarle a Dios. ¡No! Deje a Dios actuar en su soberanía y en su tiempo. Cualquier dificultad que se presentare en el camino, Dios mismo se encargará de ella, confíe solamente y espere.

Hoy día Dios sigue llamando

Cuando reciba el llamado no ponga obstáculos ni ponga excusas ni haga cuestionamientos. Obedezca inmediatamente, diga: aquí estoy Señor para hacer tu voluntad. Si no tiene claro o no entiende el llamado de Dios en el momento, ore y pida luz y claridad, Dios mismo se lo aclarará y confirmará.
Noé fue llamado a construir un barco en tierra seca, seguramente, en ese momento no entendía nada de lo que Dios le estaba pidiendo; pero aun así, no puso objeciones ni resistencia al mandato de Dios ni cuestionó. Aunque todo el mundo decía que estaba loco y se burlaba de él, el siguió adelante, el problema no era de Noé, era de Dios, él solo obedecía a Dios. Y en los 100 años que duró la construcción, Noé no se desanimó ni dejó la obra tirada.

El llamado de Abraham, fue más difícil todavía: tenía que dejar todo y salir sin saber a dónde, él confía en la promesa que Dios le hace y se va hacia lo desconocido.

Pero no todos los hombres de la biblia que Dios llamó, fueron obedientes al primer llamado divino. Dios tuvo que llamarlos más de una vez y esta desobediencia les trajo consecuencias graves como al Profeta Jonás, que su desobediencia casi le cuesta la vida. Jonás cap. 2.
Pero a pesar de su dura experiencia, Jonás obedeció el llamado con rebeldía, cuestionando los designios de Dios. Vale la pena leer todo el relato bíblico sobre Jonás.

Otros, presentaron argumentos de incapacidad como excusas para no ir y hacer lo que Dios les demandaba; es el caso de Moisés, su tartamudez. Dios no lo acepta como excusa y le da una solución: que hable su hermano Aarón.

Jeremías argumentó como excusa para no ir al llamado, que era muy niño todavía, pero el Señor le rebatió el argumento. Jer. 1:5-7 Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.
6  Y yo dije: ¡Ah!  ¡Ah, Señor Jehová!  He aquí,  no sé hablar, porque soy niño.
7 Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande.
¡Qué fuerte respuesta la de Dios! Como vemos, no tenía escapatoria porque había sido llamado y consagrado desde el vientre de su madre para ser profeta a las naciones. Ni modo.

Cuando Dios nos llama a trabajar en su obra, a ser partícipes de la misión salvadora, él nos capacita y nos da las fuerzas y los recursos. Él se hace cargo de todo en todas nuestras circunstancias que podrían ser el estorbo para el cumplimiento de la misión a la que hayamos sido llamados.
En este tiempo, todos los que hemos sido salvados y redimidos por Cristo en el Calvario, estamos llamados a llevar el mensaje de salvación a todas las personas que aún no conocen a Cristo. Es una misión que recibimos desde el mismo momento en que aceptamos el reino de Dios en nuestras vidas.

Hoy Dios sigue llamando a muchas personas para misiones muy puntuales y específicas en el reino de Dios que requieren dedicación y entrega. Pero todos estamos llamados a anunciar el evangelio del reino a todos los hombres y mujeres en el mundo.

¿Has sentido alguna vez en tu corazón el llamado de Dios a servirle?
¿Has puesto excusas y disculpas para no obedecer?

Luc 5:11 “Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.”

Les dejo con esta inquietud, Dios les bendiga.


Orfilia Miranda Londoño


lunes, 12 de marzo de 2018

HE AQUÍ LOS SIERVOS DEL SEÑOR


¿Los creyentes hoy, podemos decir al Señor con humildad y sinceridad: He aquí los siervos del Señor, hágase conmigo conforme a tu palabra, con la sencillez que lo dijo María? Lc.1:38. 
Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra”.  

Esa respuesta refleja la convicción y seguridad de una persona que vive una vida consagrada al Señor.
Si soy su hijo, su criatura, la obra de sus manos, su siervo, su servidor incondicional, y dependo de él en todo, entonces que el Señor obre conforme a su propósito en mí.

Podemos estar seguros de que, lo que el Señor dispone para nosotros, siempre será lo mejor; todo lo que viene de la mano del Señor, siempre viene cargado de su amor, de su gracia y su misericordia. Porque los pensamientos de Dios son de bien y no de mal. Jr. 29:11
Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.”

En la naturaleza de Dios, está el hacer siempre el bien, no el mal; del cielo nunca se nos envía nada para dañarnos: Santiago 1:17 “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”.  Y porque Dios no cambia, siempre será así. Todo lo bueno, lo puro, lo santo, lo perfecto está en el cielo, y de allí es enviado a nosotros, “Toda buena dádiva, y todo don perfecto desciende de lo alto”; Jesucristo ha sido el don perfecto por excelencia, venido de lo alto para nuestra salvación.

Si estamos convencidos de esto, no tendríamos ningún reparo ni duda para abandonarnos a la absoluta y total bondad de Dios nuestro Padre y Señor. Estaríamos dispuestos a obedecer sin cuestionamientos.
¿Pero estamos nosotros dispuestos de manera incondicional a servirle al Señor y a aceptar lo que él disponga en nuestras vidas?

Hágase conmigo conforme a tu palabra”. No se diga más, aquí no hay cuestionamientos a lo que Dios está ordenando, no hay excusas para aceptar su plan, su proyecto.

Cuando María recibió la visita del ángel Gabriel, que le trajo la noticia de que había sido elegida para llevar en su vientre al Salvador de los hombres, a pesar de las serias consecuencias que esto le traería en su cultura, ella no cuestionó, solo preguntó cómo sería esto, puesto que era muy niña, no tenía esposo, apenas estaba comprometida con José.
La pregunta era más por el asombro y la inocencia, no por duda. Cómo hago, no tengo varón… El ángel le da toda la explicación del caso; María entiende que el asunto es sobrenatural, milagroso, y estando ya claro, asunto concluido: “Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.” Lc.1:38

Esta pregunta de María es una cosa muy distinta a la actitud de Zacarías:
Zacarías era un hombre conocedor de las Escrituras y sacerdote; había orado por muchos años a Dios pidiendo un hijo; y el ángel le dijo que sus oraciones habían sido escuchadas; pero aun así, Zacarías se extiende en razonamientos y explicaciones del porqué esto que está diciendo el ángel no puede ser posible. Se encasilló en el razonamiento humano-científico, y olvidó que para Dios no hay imposibles.
Estos argumentos que solo dejaron al descubierto la duda y la incredulidad de Zacarías, fueron la causa de que el ángel lo reprendiera severamente; Lc.1:20-21 Pero no incidieron para que Dios llevara a cabo su plan salvífico, o lo cambiara.

La soberanía de Dios y su poder, no están sujetos al tiempo, el espacio ni a las circunstancias, ni a las leyes naturales; Dios obra de manera sobrenatural, en medio del mundo natural. Por tanto, para Dios todo es posible allí donde todo se ve imposible.

Muchos creyentes estamos acostumbrados a cuestionar los designios de Dios para nuestras vidas. Oramos y no esperamos lo que pedimos, tampoco confiamos en que Dios está dispuesto a darnos siempre lo mejor, lo que más nos convenga para nuestra vida espiritual y temporal.
No estamos totalmente dispuestos a abandonarnos absolutamente en las manos del Señor, y a obedecer sin cuestionar la entera voluntad de Dios.

Cuando sospechamos que lo que estamos haciendo no es lo que Dios nos ha mandado a hacer, buscamos mil razonamientos para justificar nuestra desobediencia, ya sea para hacer o dejar de hacer esto o aquello.
A veces nos empeñamos en un ministerio que no es el que el Señor nos ha mandado, solo porque aquello nos agrada más. O simplemente, posponemos un trabajo, un servicio, solo porque no es de nuestro agrado, y argumentamos mil disculpas o excusas para no obedecer a Dios y someternos a su designio.
Cuando actuamos de esta manera, tenemos que estar preparados para cosechar los resultados de querer manejar nuestra vida fuera del plan de Dios, siendo que ya la habíamos depositado en sus manos.
La voluntad de Dios, primordialmente, es que seamos santos, que busquemos todos los medios de conducirnos santamente, no buscando el pecado deliberadamente, y esto incluye la total obediencia a sus mandamientos.

El Señor demanda de nosotros una fe práctica, una fe que muestre nuestro testimonio de vida cristiana en obediencia como personas salvadas, que hacemos buenas obras porque hemos sido rescatados y transformados por Cristo.
Ser personas salvadas, transformadas de fe práctica, es estar dispuestos a obedecer al Señor en todo, dispuestos a decir: He aquí el siervo, la sierva del Señor, Hágase conmigo conforme a tu palabra.

Para reflexionar:

¿Cuántas veces en su caminar de creyente, usted ha estorbado el plan de Dios en su vida, o en la de otros por querer hacer su voluntad y no someterse a Dios?

¿Ha persistido usted en una obra o ministerio, sin Dios haberlo mandado o puesto allí?

¿Está usted dispuesto, dispuesta, hoy a decir de todo corazón, con sinceridad:
He aquí el siervo, la sierva, del Señor, hágase conmigo conforme a tu palabra?

Hasta pronto, Dios les bendiga.
Orfilia Miranda Londoño

 Si le bendice, deje su comentario, Gracias.



domingo, 21 de enero de 2018

JESUCRISTO DIJO, YO SOY…

Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy,…”. Jn. 8:28 

El mundo acaba de celebrar las fiestas de navidad y como todos los años, mucho jolgorio, música, comidas abundantes, reuniones, fiestas, licor, bailes y regalos; Santa por aquí y Santa por allí. Aun a muchos cristianos les vemos a Santa en todas partes.

Pregunto: ¿será que mucha gente a estas alturas, tiene idea de qué es la navidad?
¿Todas estas cosas con lo que la gente celebra, tendrá qué ver con la navidad o nacimiento de Jesús?

Navidad o natividad, es nacimiento.
Muchos dicen que le están celebrando el cumpleaños a Jesús.
Para su información, déjeme decirle que Jesús como Hijo de Dios, es Dios y es eterno; él como el Padre, no tiene principio ni fin; con su resurrección ya venció la muerte y vive para siempre. Su cuerpo carnal fue el que nació y murió pero resucitó glorificado y vive para siempre. Por tanto, no cumple años como nosotros.

Aunque Jesús no nació en diciembre, los que dicen que recuerdan la venida del Salvador y celebran de manera espiritual con acción de gracias, están en lo correcto. Ese debe ser el único motivo de celebración como creyentes.

Anuncio:
Aunque hoy muchos niegan la venida de Cristo el Mesías, existen muchas pruebas en la biblia que lo demuestran y el mismo Jesús lo afirma.
La venida del Hijo de Dios en carne, había sido anunciada muchos siglos antes, especialmente por el profeta Isaías en el Antiguo Testamento, y que sería el Salvador de los hombres. Is. 42:1:9
Muchas veces se habló de él hasta que, cumplido el tiempo, le fue anunciado a una virgen de Nazaret, María, que ella había sido la elegida para ser la madre del Mesías. Lc.1:26-35

La biblia, que es la Palabra de Dios para los creyentes, dice que la noche de su nacimiento hubo gran luz y alborozo en el cielo; que un ángel se apareció a unos pastores que cuidaban ovejas en el campo y les anunció el nacimiento, y una multitud de ángeles que le seguían  cantaban:
“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad hacia los hombres!” Lc.2:14

La historia lo exalta:
Hoy a más de 2 mil años se sigue hablando de Jesús; por ningún otro “Maestro” o líder religioso se han hecho matar tantos hombres y mujeres seguidores suyos; han preferido la muerte, antes que renegar de su nombre; su doctrina, ningún otro libro se ha editado en tantos idiomas y tantos ejemplares como la biblia, la Palabra de Dios.

Aunque los ateos se esfuerzan en desacreditar las Escrituras y niegan la existencia de Dios, así como el nacimiento virginal de Jesús, el mundo entero cambió y la historia lo exalta, y su Luz sigue brillando a través del tiempo.
Cristo partió la historia en dos; jamás hubo ni habrá otro hombre sobre la tierra igual a él; hoy se dice: Antes de Cristo y después de Cristo.

Muchos prodigios rodearon el nacimiento, la vida y muerte de Cristo. Cuando el murió en la cruz del calvario no quedó ninguna duda de que él, verdaderamente era el Hijo de Dios.

Antes y después de Cristo morir en la cruz, hubo muchos crucificados pero ninguno tuvo tal connotación ni trascendencia en el tiempo como Jesús.

La historia no habla de la cantidad de criminales que murieron en el patíbulo de la cruz, como sí habla de Cristo. Por la cruz pasaron grandes criminales que merecían ese tipo de muerte; Jesús era inocente, y a pesar de su inocencia, nadie lo pudo salvar de la muerte; las autoridades, los mismos que lo condenaron y los que lo crucificaron sabían que Jesús era inocente pero no hallaron manera de salvarlo. ¡Él tenía que morir por usted y por mí!

No lo pudieron salvar de la muerte porque en ese momento todo el pecado del mundo estaba sobre él, incluyendo el de los que lo crucificaban.

Satanás se esfuerza en tratar de desprestigiar la biblia, en sembrar dudas sobre ella para que pierdas tu salvación; trata por todos los medios de que no la leas para que no seas redargüido y te arrepientas de tus pecados…trata de confundirte con el verdadero sentido de la navidad para que te entretengas y te diviertas y no entiendas lo que Dios hizo por ti.

No queda pues, ninguna duda de quién era Jesús, él lo dijo varias veces, nadie se atrevería a hacer las afirmaciones que él hizo: “YO SOY”.
Yo Soy el pan vivo que descendió del cielo;Jn.6:51  No hay ninguna duda de que él bajó del cielo, no como el mundo trata de negar la divinidad de nuestro Señor Jesucristo.
Él afirma que bajó del cielo al tiempo que nos dice que él mismo es “el camino” para ir al cielo. Igualmente, afirma que él es la “verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí” Jn.14:6.

Solo alguien que viene enviado del cielo con autoridad, puede hacer tales afirmaciones.
 “Yo soy el Alfa y la Omega,  el principio y el fin,  el primero y el último. Ap.22:13

Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias.
Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana. Ap.22:16 
La Luz que alumbra a los hombres, la salvación.

Después del paso de Jesús por la tierra, el mundo no es el mismo.
Después de conocer a Cristo, mi vida no volvió a ser la misma; ¿y usted?
Les invito a recibirle como su Señor y Salvador si aún no lo han hecho.

Que el Señor les bendiga, hasta pronto.

Orfilia Miranda Londoño


Deje su comentario.

“EL TESTIMONIO DE VERDAD”

  “EL TESTIMONIO DE VERDAD” 1ª de Juan 1 y 2 Si examinamos cuidadosamente la vida de Jesús, encontramos que mucha gente le seguía y escu...