sábado, 18 de julio de 2015

CUANDO ACEPTAMOS A CRISTO

Aceptar a Cristo y convertirnos, implica despojarnos de la vestidura vieja, rota, sucia, gastada y mal oliente del pecado y vestirnos de la vestidura blanca.
Efe 4:22-24 “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”

Cuando venimos a Cristo, dejamos de caminar por aquel camino torcido, de mentira, oscuridad e incertidumbre, y empezamos a caminar por el camino de la gracia y la restitución; dejamos de alimentar los cerdos y nos ponemos en camino a la salvación, a la casa del Padre, quien con amor misericordioso, ordena que nos pongan el mejor vestido: Lc.15:22  “Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.”
Mejor vestido, anillo y calzado, son señal de perdón y restauración, señal de autoridad y de igualdad con el resto de la familia.
El arrepentimiento del hijo pródigo era genuino, producto de la reflexión, la humildad para reconocer el pecado y la decisión de cambio: Lc. 15:18-19 “Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.”
El Padre pasó por alto el pecado de ignorancia de su hijo y lo perdonó; lo abrazó y celebró con gran gozo. Éste es un ejemplo perfecto de conversión y arrepentimiento genuino, así como de perdón por parte del Padre. 

Aceptar a Cristo y convertirnos, es dejar esto y tomar aquello; es dejar la oscuridad y caminar en la luz; es cederle al Señor nuestra voluntad y el control de todo; es empezar a vivir una nueva vida en Cristo. Es un cambio de mentalidad y de actitud.
Cuando cambiamos de modo de pensar y de actitud, y cedemos a Cristo el control, es cuando el Espíritu Santo empieza a decirnos internamente qué está mal, qué tenemos que cambiar, qué tenemos que abandonar. Él empieza a inspirarnos desde adentro la Palabra y a redargüirnos y a confrontarnos con ella, pero para ello tenemos que ser muy dóciles a sus insinuaciones y a su voz.

El Espíritu Santo nos recuerda y nos hace entender los mandamientos de Dios.
Los mandamientos de Dios, expresan claramente las cosas que Dios quiere que hagamos, y las que no quiere que hagamos… vemos que en los dos primeros mandamientos, Dios nos ordena de manera imperativa amarlo a Él sobre todas las demás cosas y servirle; Reconocerle como al único Dios eterno y verdadero. Y en el amor de él amar a nuestros hermanos. El resto de los mandamientos son en sentido negativo, de restricción, de prohibición y desaprobación: No haga eso…no me agrada…el mundo impío, ha abolido casi todos los mandamientos y no ven nada de malo en ello.
Sólo el Espíritu Santo nos muestra el pecado dándonos la sabiduría para discernir entre lo bueno y lo malo.

Los invito a meterse en la oración y en la Palabra, el Espíritu Santo se las revelará, créanme, inténtelo y lo verán; es una promesa de Cristo: Jn.14:26  “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” Sólo él tiene el poder para cambiar nuestra vida de pecado llevándonos al arrepentimiento.

Un creyente sin oración y sin Palabra, está postrado en silla de ruedas; no avanza si no lo empujan. Tiene una fe pobre que no le da ni para levantar la tasa del café,  mucho menos le va a dar para mover las montañas de los vicios, la enfermedad y las dificultades. Será un creyente carnal.

Fortalezca la fe con la oración y el estudio de la Palabra. Ejercítese en ella, y en la medida que vaya viendo cómo Dios le responde a sus oraciones, más va crecer en ella.
Pídale a Dios con confianza y seguridad de que lo va a alcanzar; el Espíritu Santo le enseña como pedir como conviene: a veces los deseos del corazón chocan con el plan de Dios y entorpece. Hay que tener sintonía con Dios, de ahí la necesidad de pedir conforme al propósito de Dios, y eso solo lo podemos hacer en el Espíritu Santo. Él es el que sabe pedir como conviene. Rom. 8:26 “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”

Cuando aceptamos a Cristo, nos apartamos de la corriente del sistema mundano y trabajamos solo para agradar al Señor Jesucristo, quien es ahora el SEÑOR de nuestra vida, a quien servimos y obedecemos, pues, él es nuestro Salvador.
Todo lo demás quedó atrás. Nadie tiene derecho a recordarnos nuestro pasado, Cristo ya pagó por nosotros y el Padre ya nos perdonó.  

Les dejo para reflexión este consejo de Pablo a los Efesios: Ef. 4:17-24
Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, -teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón;
-los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.
-Más vosotros no habéis aprendido así a Cristo, -si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. -En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”

Que la paz y el amor de Dios, estén siempre con ustedes. Bendiciones.


Orfilia Miranda Londoño

sábado, 4 de julio de 2015

¿MIS PREFERENCIAS ESTÁN EN EL ORDEN DE DIOS?

1Cor. 10:23 “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica.”
Dentro de mi libertad social, moral y espiritual, todo me es permitido, pero no todo conviene para mi vida espiritual.
No siempre nuestras preferencias, lo que nosotros queremos, le agrada a Dios.
Nuestros deseos y tendencias obedecen a una naturaleza caída y degradada por el pecado de desobediencia que nos separa de Dios. Mientras que los planes de Dios son perfectos y sublimes por el mismo carácter de Dios que en sí mismo es Santo, perfecto y sublime, y sus pensamientos son de bien y no de mal.

Cuando leemos la biblia que es la Palabra de Dios, podemos conocer apenas en parte la bondad de Dios; su bondad es tan insondable como su santidad, su perfección, su eternidad y su Deidad misma.
La bondad de Dios es manifestada de muchas maneras y muchas veces está registrada en la biblia, en contraposición con la maldad de la raza humana.

Después de la caída, el hombre perdió la imagen de Dios y su propósito, y sólo está en capacidad de obrar el mal: Jer. 4:22 “Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos; sabios para hacer el mal, pero hacer el bien no supieron.” Así se refiere Dios al mismo pueblo escogido; el pueblo que vio sus maravillas y prodigios cuando salieron de Egipto; que fue sustentado en el desierto con maná, que vieron brotar milagrosamente el agua de la roca….y podíamos seguir…. “pueblo necio, ignorante, sin entendimiento, sabios para hacer el mal pero no para hacer el bien.” Ven todo lo que ven y no entienden.
En Isaías, es más fuerte todavía, él les dice: !Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás.” Is. 1:4
Y Pablo confirma esta verdad cuando dice: Rom. 7:18 “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.” Esto es, que aun siendo ya personas convertidas, nos cuesta obrar el bien, por eso, previendo Dios nuestra condición, nos envió el Espíritu Santo.

Un ser humano sin Dios, es capaz de cometer las más terribles atrocidades sin remordimientos ni vergüenza; es como una bestia desenfrenada y nada de lo que hace le parece que esté mal. No le ve nada de malo a nada, cree que los que están mal son los otros. Es “necio, ignorante, sin entendimiento”, Jer.4:22. De ahí que muchas cosas que antes eran rechazadas por la sociedad y se castigaban por ser injustas o inmorales, hoy día son aprobadas por las leyes y aceptadas por la sociedad, y hasta por algunas congregaciones.
Pero conviene que dejemos bien claro una cosa: lo que Dios estableció como malo o pecado, sigue siendo malo, sigue siendo pecado. Sigue siendo abominable delante de Dios. Dios no cambia es inmutable, y su perfección y santidad, es incompatible con cualquier sombra de pecado, por eso nos exige santidad. Lev. 20:26 “Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos.

El Espíritu Santo es el que capacita a los creyentes para obrar o hacer el bien; Jesús siendo Dios, no concebido por simiente contaminada de hombre, pero con naturaleza humana, el Padre lo ungió con el poder del Espíritu Santo que lo capacitó para vencer las tentaciones en el desierto, vencer la angustia y agonía en el Huerto, la soledad y el abandono en la cruz; y así al final pudo decir: “todo está cumplido” “la obra de salvación que me fue encomendada ya está cumplida.” 
Hch 10:38 “…cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.”
Sólo cuando el hombre le entrega la vida al Señor y se somete a su señorío, hay un cambio de mente y de actitud, porque el Espíritu que obró en Jesús, también obrará en él capacitándolo para toda buena obra.

Dios no opera en la dureza de un corazón que no siente temor reverente por su Creador, que no le respeta, que no le honra ni le ama; todo aquel que rechaza a Dios y a sus mandamientos, cada día estará más alejado de él y en capacidad de maquinar toda obra de maldad porque está siendo gobernado por su propia concupiscencia y el diablo.
Proverbios 28:14, dice: “Bienaventurado el hombre que siempre teme a Dios; Mas el que endurece su corazón caerá en el mal.” Es lo que estamos viendo hoy: esta generación cada día es más incrédula, blasfema y muy dura de corazón; no quieren escuchar nada de Dios y han ido eliminando su Nombre de todas las organizaciones públicas y privadas, y en la medida que se alejan, están en capacidad de cometer cosas más horrendas.

En el Salmo 14:3 leemos: “Todos se desviaron, a una se han corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” Y podemos percibir el tono de tristeza y desesperanza del salmista, al ver tanta maldad en su tiempo. Al igual que hoy, podemos sentir tristeza y angustia por tanta maldad, pero nosotros los creyentes, los salvados, no podemos revertir la historia del hombre. Nuestra misión como creyentes, es seguir anunciando el evangelio del reino de Dios, sea que nos escuchen o no nos escuchen; el Espíritu Santo es el que convence de pecado, no nosotros.  

Cuando vemos en este tiempo, que como en los tiempos de Noé y de Sodoma y Gomorra, la maldad va en aumento, y asimismo, surgen nuevas formas de maldad y de crueldad que antes ni imaginábamos, no debe sorprendernos a los que conocemos la Palabra del Señor. Nuestra actitud debe ser de serenidad y de esperanza en que el día del Señor está más cerca de lo que creen algunos.
Siempre que la humanidad toca fondo en su maldad y depravación, Dios interviene. Y hoy está próxima una intervención de Dios. Pero esta vez no será con un castigo, será la segunda venida del Señor Jesucristo en todo poder, gloria y majestad, para tomar consigo a todos los que creyeron en él y le recibieron y han permanecido fieles hasta el final, y para juzgar a las naciones. Pero lo que parece que tardara, es sólo para dar tiempo al arrepentimiento. Dios quiere dar oportunidad a todos los hombres para que lleguen al arrepentimiento y a la salvación.
Eso es lo hermoso del amor misericordioso de Dios, que a todos se nos da la oportunidad de la salvación en Cristo.
Sal 25:8 “Bueno y recto es Jehová; Por tanto, él enseñará a los pecadores el camino.” Dios nos muestra el camino que es Cristo, a nosotros nos corresponde seguirlo o no.

Otra vez digo, permanezcamos firmes y confiados trabajando todavía para el reino sin perder la serenidad, por el contrario, llenos de esperanza porque el día de la redención se acerca. Amén.
Dios les bendiga y espero sean bendecidos con este mensaje. Hasta pronto.

Orfilia Miranda Londoño.



“EL TESTIMONIO DE VERDAD”

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