sábado, 25 de noviembre de 2017

CUANDO SE PIDE EN EL NOMBRE DE JESÚS

“Si algo pidiereis en mi Nombre, yo lo haré” Jn. 14:14

¡Qué promesa tan amplia! ¡Algo!
Ya sean grandes o pequeñas, todas mis necesidades están cubiertas por esa palabra “Algo”.
Ven, alma mía, con libertad delante del propiciatorio, y oye a tu Señor cuando dice: “Abre tu boca, y yo la llenaré”.

¡Qué promesa tan sabia! Siempre hemos de pedir en el nombre de Jesús. A la vez que esto nos alienta, también lo honra a Él. Este es un argumento constante.

Ocasionalmente cualquier otro argumento es oscurecido, especialmente aquellos que podríamos sacar de nuestra propia relación con Dios, o nuestra experiencia de su gracia; pero en momentos así, el nombre de Jesús es tan poderoso en el trono como siempre, y podemos argumentarlo con plena seguridad.
¡Qué oración tan instructiva! No podría pedir nada a lo que Cristo no pudiera poner su mano y su sello. No me atrevería a usar el nombre de mi Señor para una petición egoísta o caprichosa. Solo puedo usar el nombre de mi señor para oraciones que el mismo diría si estuviese en mi caso.
Es un gran privilegio que seamos autorizados a pedir en el nombre de Jesús como si el propio Jesús lo pidiera; pero nuestro amor a él no nos permitiría nunca interponer ese nombre donde él no lo pondría.

¿Estoy pidiendo lo que Jesús aprueba? ¿Me atrevería a poner su sello en mi oración?
Entonces ya tengo lo que busco del Padre.

De la Chequera del Banco de la Fe

Pastor Charles Spurgeon

lunes, 11 de septiembre de 2017

¿Existe Dios?

Hoy día es la pregunta que muchos se hacen. ¿Existe Dios?
Pero no es lo mismo saber y creer que Dios existe, que haber tenido la experiencia de su amor y Salvación.
Muchos invocan con frecuencia a un dios con minúscula, y es más, le dicen diosito; diosito es el diminutivo de dios, es un dios pequeñito. Ese es el dios que muchos tienen.

Pero el Dios de los creyentes es el DIOS Grande, Infinito, Poderoso, Soberano, Omnisciente, Omnipotente y Eterno. Ha existido desde siempre y no hay otro como Él, ni lo habrá jamás. Isaías 43:10-11 “Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. -Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve.”

Este es el único y verdadero Dios, que se reveló a los hombres a través de SU único Hijo Jesucristo; y que se apiadó de nosotros dándonos vida cuando estábamos muertos por nuestros pecados. Ef. 2:1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,”
 Así que no es lo mismo saber que alguien ofreció una gran cena, preparada con todos los detalles, con el mejor vino fermentado y añejo, preparado con la mejor uva escogida de la cosecha, que haber participado de ella.
No es lo mismo saber que hace 2.000 años Cristo vino a la tierra y murió por los hombres; a que Cristo sea una experiencia en mi vida.

Muchos religiosos se detienen a imaginar y a pensar solamente cómo sería el dolor humano que sufrió Cristo por nosotros camino a la cruz, los golpes, los moretones que cubrían todo su cuerpo, las heridas de su piel desgarrada, las espinas clavándose en su cabeza, las patadas y latigazos,…la humillación, el desprecio,…los insultos,… pero pocos nos detenemos a pensar en el dolor de su alma, la angustia y la tristeza que fue donde el más sufrió: Mat.26:37“Y comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.”…. Mat. 26:38“Mi alma está muy triste hasta la muerte”.
El evangelio narra la tristeza de Jesús, esa profunda tristeza que lo invadió estando en el Huerto; Jesús allí recibía y se cubría como con vestidura, los pecados del mundo de todos los tiempos, los pecados suyos y los míos, para pagar pon ellos.

Había llegado el momento en el que Satanás desataría sobre Jesús toda su furia y el más terrible odio, y no cesaría hasta matarlo. A Satanás solo se le permitió tocar el cuerpo físico de Jesús, por eso se encarnizó con él.
¿Podemos detenernos solo por un momento, a pensar qué haría con nosotros si no fuéramos salvados en Cristo?
En el Huerto de los Olivos empezó el más duro, aterrador y oscuro momento en el que Jesús iba a estar separado y desconectado del Padre y solo iba a experimentar el despiadado y reconcentrado odio de Satanás.
Jesús sabía también que el sacrificio que se disponía a ofrecer, para muchos sería en vano; él sabía que muchos rechazarían la salvación que él les estaba ofreciendo.

Jesús sintió la profunda angustia de ver la multitud de almas perdidas cayendo al infierno.
La multitud de almas que a lo largo del tiempo morirían rechazando su salvación.
La multitud de almas que se perderían, porque no hubo quien les predicara el evangelio, la Palabra salvadora; muchos otros por recibir un evangelio pervertido, sesgado o adulterado, y muchos otros, porque no se les predicó el evangelio completo.

Hoy día hay muchos textos bíblicos que no se tocan en los púlpitos, se calla la verdad del evangelio para no incomodar a nadie. Y olvidamos que es tan grave pervertir el evangelio como callarlo.
Todo eso lo vio Jesús desde el huerto hasta la cruz. Esa fue su más profunda tristeza. Esa fue su mayor causa de angustia.
Amados amigos que leen este mensaje: que nuestra incoherencia en lo que decimos y hacemos como creyentes, no sea piedra de tropezadero a los que no han creído todavía, haciendo que el nombre de Dios sea blasfemado con nuestro mal testimonio.
Prediquemos con el ejemplo y la Palabra. Llevemos la presencia de Dios en nosotros a donde quiera que vamos. ¡DIOS SÍ EXISTE, TE AMA Y TE QUIERE SALVAR!


Orfilia Miranda Londoño
Les agradezco sus comentarios

sábado, 15 de julio de 2017

LA MISERICORDIA DE DIOS EN LA ENFERMEDAD Salmo 6

 El presente mensaje “La Misericordia de Dios en la EnfermedadSalmo 6”  nos enseña cual debe de ser nuestra actitud ante las dificultades y ante el sufrimiento.
Complemento: Porque su Misericordia es Para Siempre

¿Está sufriendo?, este mensaje le enseñará a encontrar la solución a su problema, garantizando nuestro milagro. Esta es una de las grandes lecciones de la Biblia, enseñada por Dios por medio de un hombre que a pesar de sus faltas, siempre halló la manera de agradar a Dios.

Ilustración: Tenemos que aprender a clamar a Dios, veamos lo que le dice David a Dios en el Salmo 5:
Escucha, oh Jehová, mis palabras; Considera mi gemir. 2 Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, Porque a ti oraré. 3 Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.
El rey David, fue un ejemplo de pecador que supo agradar a Dios por medio de su arrepentimiento y su dependencia de Dios.

¿Estamos en angustia?
La misericordia de Dios, enfermedad, sufrimiento:

Salmo 6:1 “Jehová, no me reprendas en tu enojo, Ni me castigues con tu ira”.
David, uno de los hombres más sabios, siempre recurría a Dios cuando estaba en angustia, porque él sabía que Dios es un Dios que oye la oración. Siempre ha sido así, y sigue como siempre dispuesto a oír la oración. El principio más alentador de la oración y el ruego más poderoso es mirarlo a Él como nuestro Rey y nuestro Dios.

Entonces nos preguntamos:
¿Qué es lo primero que tenemos que hacer?

2 Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. 3 Mi alma también está muy turbada; Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo? 4 Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; Sálvame por tu misericordia”. Tenemos que orar a Dios por nuestra ayuda.

Ahora, ¿qué es orar? Es: 1. Suplicar, 2, Implorar, y 3 es rogar.

Cuando estamos en el hoyo más profundo, en la angustia, en lo más profundo de la enfermedad, cuando nuestra fuerza se ha desvanecido, solo nos queda un recurso, y es lo que nos enseña el rey David, y grandes hombres de la Biblia y aún nuestro Señor Jesucristo en sus momentos más difíciles, Él se levantaba muy temprano, y se iba aparte de sus discípulos para hablar con el Padre. Hay un momento muy crucial en la vida de Jesús, cuando la situación era tan difícil en su lucha contra sus enemigos los fariseos y los doctores de la ley, Él se retira en privado a orar para seguir adelante. (Mar 3:6 “Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle).
¿Qué efecto tuvo esto sobre los legalistas? Respuesta: Entonces los fariseos salieron, e inmediatamente, en consulta con los herodianos, comenzaron a tomar consejo en su contra, para ver cómo podrían destruirle. Los fariseos no sólo abandonaron la sinagoga; lo hicieron malhumorados. Estaban furiosos (Lc. 6:11). El hecho de que un lisiado hubiese sido liberado de su grave impedimento no les afectó en lo más mínimo. No se alegraron por este hombre, ni les produjo una actitud amistosa hacia el sanador. Lo que les molestó fue que ellos y su tradicionalismo hubiesen sufrido una humillante derrota ante los ojos de toda la concurrencia.
¡Qué inmensa diferencia entre el enojo de Cristo, totalmente desinteresado (Mr. 3:5) y su resentimiento totalmente egoísta! Además, como indica la palabra “inmediatamente”, aquellos hombres no perdieron tiempo para planear la destrucción de su adversario. De inmediato comenzaron sus intrigas, eligiendo como secuaces increíblemente a los muy impíos y mundanos partidarios de Herodes Antipas y su familia. ¡Una extraña alianza entre los santurrones y los sacrílegos! (véase también 12:13 y Mt. 22:16).

No obstante, un poco de reflexión bien puede conducir a la conclusión de que aquella impía asociación no era tan extraña. La vida y las enseñanzas de Jesús encerraban una denuncia de la mundanalidad, y, por lo tanto, del modo de vida que caracterizaba a los herodianos”.

David nos da una muestra de cómo debemos de clamarle a Dios.
Salmos  6:5 “Porque en la muerte no hay memoria de ti; En el Seol, ¿quién te alabará? 6  Me he consumido a fuerza de gemir; Todas las noches inundo de llanto mi lecho, Riego mi cama con mis lágrimas. 7  Mis ojos están gastados de sufrir; Se han envejecido a causa de todos mis angustiadores.
Vv. 1-7. Estos versículos hablan el lenguaje de un corazón verdaderamente humillado, de un espíritu quebrantado y contrito bajo grandes aflicciones, enviadas para despertar la conciencia y mortificar la corrupción. La enfermedad le trajo a su memoria el pecado y la consideró como señal del desagrado de Dios. La aflicción de su cuerpo será tolerable, si tiene consuelo en su alma. La queja más dolorosa de Cristo en sus padecimientos, fue la aflicción de su alma y la falta de la sonrisa de su Padre.

Solamente en el dolor nos volcamos a Dios, y sufrimos una transformación interior que renueva nuestra confianza en Dios. Es cuando llegamos a la conclusión que solo Dios es la respuesta a nuestra situación.  Es en esta situación que se nos abre la mente y el corazón, y es cuando somos capaces de orar de corazón y poder comprender que si es voluntad de Dios, y si Él aún tiene alguna obra para que nosotros hagamos por nuestros amigos o familiares y podamos llegar a servirle aún. Y podamos hacer algo en este mundo, porque hemos sido transformados en verdaderos hijos de Dios y nos salve la vida y que el poder estar con Cristo es lo más dichoso para los santos, pero mientras estemos en la carne es más provechoso para la iglesia, o sea para para poder servir a nuestros semejantes.

Es entonces cuando somos transformados: Salmos 6:8-10  “Apartaos de mí, todos los hacedores de iniquidad; Porque Jehová ha oído la voz de mi lloro. 9  Jehová ha oído mi ruego; Ha recibido Jehová mi oración. 10  Se avergonzarán y se turbarán mucho todos mis enemigos; Se volverán y serán avergonzados de repente”.
Este es el objetivo principal del sufrimiento, llegar a comprender el verdadero propósito de Dios en nuestra vida, el porqué del sufrimiento y nos hace amarlo por su grandeza, amor y misericordia y llegar a aceptar a amar a Jesús como verdadero Señor y salvador y no volver atrás, y pasarnos al lado de los ganadores.

 Vv. 8-10. ¡Qué cambio súbito hay aquí! Habiendo dado a conocer su pedido a Dios, el salmista está confiado en que su pena se convertirá en gozo. Por la obra de la gracia de Dios en el corazón, él sabe que su oración es aceptada y no duda que será contestada a su debido tiempo. Sus oraciones serán aceptadas, viniendo de las manos de Cristo el Mediador. La palabra significa oración elevada a Dios, el Juez justo, como Dios de su justicia, el cual iba a defender su causa e iba a enderezar sus errores. El creyente puede ir a Dios como Dios justo, por medio de la sangre y la justicia de Cristo, y rogarle perdón y limpieza, porque Él es fiel y justo para darlas. Ora por la conversión de sus enemigos, o anuncia su destrucción.

Si usted todavía no ha recibido a Jesús como su Señor y Salvador personal, este es el momento para hacerlo, solamente tiene que abrir su corazón y hacerlo el Señor de su vida.

Por José Alberto Vega

             Adaptado por Orfilia Miranda L. para el Blog: Siguiendo La Sana Doctrina

lunes, 1 de mayo de 2017

EL REINO DE DIOS VINO A NOSOTROS

No fue la voluntad de Dios que el hombre se apartara de él; el hombre se apartó de Dios libre, consciente y voluntariamente, fue su propia decisión. Gén 2:16-17 “Y mandó Jehová Dios al hombre,  diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 17  más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”
Si deliberó el hombre sobre la decisión que tomaba, sobre las consecuencias que esto le traería, buenas o malas, no lo sé; lo que resalta aquí es que el hombre estaba bien advertido, y aun así, desobedeció categóricamente un mandato de Dios, y al perder la comunión con Dios, y ser expulsado de su presencia, quedó en las más oscuras y densas tinieblas del reino de satanás y sin el auxilio divino.
Ahora digámoslo de otro modo: Después que se perdió la comunión con Dios por el pecado, el hombre quedó en oscuridad total y sin la dirección divina, sin saber qué hacer ni a donde ir.
Pero Dios que es fiel y nos ha amado con amor eterno, Jr. 31:3, se apiada del hombre y pone en marcha su plan de rescate.
Y pese a la ruptura, Dios sigue siendo Dios Soberano, “Rey del universo”, idea que expresa la eternidad de Dios, al mismo tiempo que se refiere al lugar de habitación de Dios: el reino de los cielos.

El reino de Dios, también significa la soberanía y el poder de Dios sobre el mundo.
Reino significa poder y máxima autoridad. De manera que “el Reino de Dios” nos recuerda que hay un Creador que tiene la máxima autoridad, que lo gobierna todo: es el Todopoderoso y Eterno Dios.

Cuando se cumplió el tiempo de Dios, él envió a su Hijo a salvarnos y a establecer su reinado en el corazón de los hombres que crean en él y le reciban. Juan el Bautista, lo anunció así: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” Mat.3:1-2
Jesús anunció muchas veces que el reino de Dios ya había llegado a nosotros; Mr.1:15 “El tiempo se ha cumplido,  y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.” Jesús es el evangelio del reino, es el reino mismo en nosotros. Jn.1:5 “Jesús es la Luz que resplandece en las tinieblas.”

¿Y cómo accedemos a ese reino de Dios?
En el mundo temporal, mientras vivamos, Dios nos da la oportunidad de aceptar y acceder a su reinado, a someternos a su misericordia y su perdón.
Nosotros aceptamos el reino de Dios y entramos en él aquí en el mundo temporal, antes de cruzar el umbral de la muerte hacia la eternidad, del mundo espiritual.
No lo puedes dejar para el final de tu vida, no sabemos si tendremos tiempo de arrepentirnos.
No hay misericordia disponible para los espíritus rebeldes que se resistieron a creer y recibir a Cristo y su señorío.
Nuestro espíritu fuera del cuerpo ya no tiene posibilidad de cambio ni de arrepentimiento, ya no podemos ser salvos. Por tanto, nuestro destino eterno lo decidimos aquí nosotros antes de morir; no lo pueden decidir los rezos y misas de nuestros familiares y amigos que quedan vivos. 
Ninguna obra buena que se haga por un difunto le cambiará la eternidad a los muertos en pecado sin Cristo.
La eternidad la decidimos aquí cuando buscamos al Señor Jesucristo, nos arrepentimos y le recibimos por fe como nuestro Salvador. En este momento es cuando entramos al reino de Dios y su justicia.
Nada ni nadie te puede conquistar la salvación y el cielo cuando ya estás muerto, cuando ya has partido de este mundo. 
Cristo te conquistó el cielo cuando murió en la cruz por ti, pero tenemos que aceptarlo aquí, ahora que estamos vivos. No puedes vivir en rebeldía contra Dios y rechazar a Cristo y después en la eternidad esperar misericordia y salvación.
Dios se apiada de nuestra fragilidad y debilidad humana; así como Cristo vino y sufrió en la carne todo el oprobio por salvarnos, nosotros debemos aceptarlo aquí estando también en la carne.

Cuando una persona vivió toda su vida negando y hasta blasfemando el nombre de Dios, y muere, Dios no la conoce, Dios nos conoce solo a través de Cristo; Cristo es el puente, es el camino y el único mediador entre Dios y los hombres. 1Ti.2:5 “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.”  
El reino de Dios no se parece ni se puede comparar a los reinos del mundo; el reino de Dios es un reino espiritual que nos comunica la presencia de Dios nuestro Creador entre los hombres.
Jesús, en Lc.11:2, nos insta a pedir el reino de Dios siempre que oremos: Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

A Dios lo debemos reconocer aquí, ahora; lo alabamos, lo adoramos y hacemos su voluntad aquí, desde ahora. En el cielo solo están los que hacen la voluntad de Dios, los que le aman, le adoran y le sirven. Los ángeles que se rebelaron y pecaron fueron expulsados del cielo.

Qué más debemos saber sobre el Reino de Dios:
El reino de Dios es espiritual, es invisible, se acepta por fe y no tiene sentido tratar de entenderlo desde la racionalidad humana. Pero sí, se hace visible en la medida que se manifiesta en la vida de los creyentes.
Los creyentes deben aspirar a formar parte del Reino de Dios y para conseguirlo deben someterse a su poder de manera humilde y a través de la fe en Jesucristo.

Cuando se cumpla el tiempo y Jesucristo venga a restaurar todas las cosas, entonces el reino de Dios será visible a los ojos de todos.

Amado lector:
¿Ya entraste en el reino de Dios?
¿Ya has hecho tu elección por Cristo?
Este es el tiempo apropiado, es el tiempo aceptable, no esperes más. Dios te espera.

Bendiciones y hasta pronto.

Orfilia Miranda Londoño


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miércoles, 5 de abril de 2017

¿Por qué se llamaron cristianos?


Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquia.” Hechos 11:26

Es bien claro que se les llamó cristianos porque eran seguidores de CRISTO; y creo que hoy en día deberíamos seguir llamándonos de la misma manera, puesto que eso es lo que somos: seguidores de Cristo el Señor, y no de hombres.
Sin embargo, con el pasar del tiempo, hoy escuchamos con frecuencia decir: yo soy “menonita”, yo soy “bautista”, yo soy “pentecostal”, yo soy de aquí, yo soy de allí; pero realmente, ¿Somos todos cristianos?
Existen pues, cantidad de denominaciones cristianas que tristemente no creen en lo mismo, y tienen distintas reglas y mandamientos como resultado de la interpretación acomodada de las escrituras, y asimismo se dan rivalidades entre congregaciones. Lo vemos nada más cuando un miembro abandona una congregación y se pasa a otra; no lo vuelven a saludar y dejan de hablarle. Lo ven como rival o enemigo. Estos se han hecho seguidores incondicionales de líderes y no de Cristo. Si siguieran a Cristo obedecerían su Palabra: “Esto os mando: Que os améis unos a otros.” Jn.15:17. Pero vemos que el “amor” es lo que menos los distingue.

Podemos caer también en la religiosidad: que consiste en la observancia estricta de normas, o de los mandamientos al estilo fariseo, pero a nuestra manera sin negarnos a nosotros mismos, apegados a todas las cosas materiales. La mejor ilustración que tenemos de esto, es el joven rico del evangelio: Lucas 18:18-23. 
En el momento el joven rico parecía estar dispuesto a seguir a Jesús. Quizás él creía que seguir a Jesús iba a ser algo muy fácil, jamás pensó que seguirlo implicaría tener que negarse a sí mismo y a sus comodidades.
Cuando Jesús le nombra los mandamientos no hay problema, él simplemente los ha guardado todos, pero cuando Jesús le dice que le falta algo más, v 22, en este momento se le acaba de plantear un camino más difícil, como es el de pasar todas sus riquezas a un segundo plano por una causa mayor: la de seguir a Cristo, ser Cristiano.
Para este joven tan rico no era nada fácil desprenderse del materialismo en que estaba acostumbrado a vivir para seguir a Cristo, y decide mejor no seguirlo. 

Este joven era una persona buena, pero su corazón estaba ocupado en otras cosas; no había entendido el reino de Dios, el Señorío de Cristo en su vida.

Es muy fácil entonces decir: “Soy cristiano”, llevar el apellido, pero no es lo mismo demostrar con nuestra vida que realmente somos cristianos y estamos dispuestos a sacrificar algo por seguir al Señor.
Al joven rico le fue muy difícil negar sus lujos y riquezas por una causa mayor como ya dijimos, la de seguir a Cristo. Para él sus riquezas, el lujo y comodidades que estas le proporcionaban, estaban primero en su vida, y aunque quería seguir a Cristo, no fue capaz de renunciar a ellas y se marchó triste.
¡Los cristianos de hoy y las congregaciones tienen también muchas cosas más importantes en su vida que el mismo Cristo! Para unos es el fútbol, para otros una película, la TV, ganar más dinero, la diversión y los amigos que se les convierten en el centro de su vida y no Cristo. 

Nos cuesta ordenar las prioridades, Cristo debe ser siempre el centro y después todo lo demás.

Los primeros cristianos pagaron un precio muy alto por llamarse cristianos. Pasaron toda clase de sufrimientos, cárcel, azotes, torturas y hasta la muerte por llevar este nombre; pero en vez de desanimarse, en Cristo cada día cobraban valor. 

Los cristianos estamos llamados a mostrar a Cristo en nuestras vidas.
Ser “cristianos” no es un apellido para ostentar solamente, a veces hay que pagar el precio de ser diferentes, de ir en contra vía del mundo y mostrar una vida moldeada por aquel que nos amó.
Ser cristianos es tener muchas veces que decir NO a muchas cosas cuando todos dicen sí.
Ser cristiano, es seguir las pisadas del Maestro; pero nuestra situación hoy es peor que la del joven rico.
Muchos predicadores no le están diciendo a las personas que deben negarse en todo el sentido de la palabra negar; le están diciendo a la gente que si aceptan a Jesús, sus negocios serán prósperos y tendrán mejor vida. ¡No!
Los predicadores no hemos sido llamados a anunciar prosperidad y buena vida a los que reciban a Cristo, y sanidad en todas las enfermedades. No. Hemos sido llamados a anunciarles a las personas el poder del evangelio.
¡Sí, amado lector, a eso hemos sido llamados! ¡A proclamar las buenas nuevas de la salvación!

Todo profeta que diga que predica la verdad, si no cumple y vive conforme a lo que enseña es un falso profeta.
Todo profeta que anuncia el evangelio suavizado, adulterado, o anuncia un evangelio distinto, es un falso profeta.

Tenemos un gran desafío de ser verdaderos cristianos, y hacerle entender a los hombres que el cristianismo no es fama ni riquezas; ser cristiano, es vivir una vida para Cristo, hasta el punto de estar dispuestos a sufrir el desprecio y la burla por Él, por ponerle en el centro y lo principal en nuestras vidas.
Amados lectores, hagamos un alto y revisemos nuestro corazón:

¿Soy cristiano o cristiana realmente?...
¿Sigo a Cristo sinceramente como él me lo pide?
¿Mi corazón está desprendido de todo materialismo y le pertenece totalmente al Señor?...
¿Sigo y sirvo al CRISTO vivo de la biblia, o al cristo de madera clavado en la cruz?

Reflexionemos en esto. Espero que les sea de bendición.

Orfilia Miranda Londoño

jueves, 9 de marzo de 2017

¿QUÉ ES EL PECADO?

Hace algunos días, le hablaba a una persona sobre el pecado y la salvación; después de varios cuestionamientos me dijo: “Yo no soy una persona mala, no mato, no robo, no adultero, no miento y le hago bien a la gente; ¿De qué me tengo que arrepentir? yo no tengo pecados.”

¿Entonces, Qué es el pecado?
El Diccionario define el pecado como: Pensamiento, palabra o acción que, en una determinada religión, se considera que va contra la voluntad de Dios o los preceptos de esa religión.
Bíblicamente, pecado es: Culpa, Iniquidad, Maldad, Malo, Ofensa, Prevaricación, Transgresión.
El mundo en que vivimos con sus avances tecnológicos, ha evolucionado vertiginosamente y ha cambiado el concepto de pecado y se enreda con frecuencia en discusiones legalistas sobre el bien y el mal. Con tanta libertad de pensamiento, lo que para unos es malo, para otros no; pero esto no quiere decir que Dios haya cambiado las normas.

Cuando muchos de nosotros pensamos, ¿Qué es el pecado?, inmediatamente pensamos en la violación a los Diez Mandamientos. Incluso, hemos establecemos categorías de pecados graves y más leves; consideramos el asesinato y el adulterio como pecados más graves comparados con mentir, maldecir, palabras vulgares o la idolatría. Pero no nos engañemos, pecado es todo aquello que Dios aborrece y le abomina, aunque por la sociedad sea aceptado como normal; es el caso del adulterio, fornicación, borracheras, homosexualismo y lesbianismo, frente a la mentira, idolatría, robos menores, etc. que son aceptados por la sociedad. Dicha aceptación social, no significa que Dios haya bajado el estándar moral de santidad, sino más bien que la sociedad se ha ido degradando en la medida que se aleja de Dios su creador.
Pero la verdad es que el pecado, como se define en las traducciones originales de la Biblia, significa perder el camino. Desviarse por camino de perdición.
El camino, en este caso, es el estándar de perfección establecido por Dios y enseñado por Jesús para que andemos en el. Jesús vino a darnos ejemplo de vida.
Bajo esa luz, queda claro que todos somos pecadores: Romanos 3:23: porque  todos pecaron,  y están destituidos de la gloria de Dios, desde la caída todos nacemos con tendencia al mal. Haciendo esta claridad, por ser creyentes no es bueno compararnos con otros. No podemos pensar que no fracasaríamos al tratar de ser justos en nuestras propias fuerzas. Así lo planeó Dios, porque solo cuando entendemos nuestra debilidad, es cuando buscamos apoyarnos en el sacrificio expiatorio de Cristo.

El pecado está referenciado cientos de veces en la Biblia, comenzando con el pecado original, cuando Adán y Eva decidieron morder el fruto del árbol del conocimiento.
Cuando pensamos en el pecado, casi siempre, pensamos que es simplemente la violación o desobediencia de cualquiera de las leyes de Dios, de los Diez Mandamientos. Sin embargo, Pablo coloca esta perspectiva en Romanos 3.20, cuando dice: Por tanto, nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley; más bien, mediante la ley tenemos conciencia del pecado.
Dios quiere pues, que los hombres reconozcan sus pecados delante de él; incluso aquellos que sienten que no son tan malos porque no han matado, violado o cometido adulterio, se encontrarían culpables de mentir o de adorar a ídolos falsos quitando a Dios del primer lugar en sus vidas.

Tristemente, el pecado en cualquier dimensión, nos distancia de Dios:
Pero la mano del Señor no es corta para salvar, ni es sordo su oído para oír, dice Isaías 59:1-2. Son las iniquidades de ustedes las que los separan de su Dios y le hacen ocultar su rostro para no escuchar. Este capítulo 59 del 1 al 13, nos ilustra muy bien qué es el pecado y las consecuencias que trae: separarnos de Dios. Y una persona alejada de Dios está expuesta a cometer toda clase de delitos y perversidades. Es como alguien sin defensas expuesto a toda clase de gérmenes y bacterias.
Pero volvamos al V.1, ¡Qué maravillosa es la misericordia de Dios, dispuesta en todo momento para salvarnos! Ese es el amor del Padre, dispuesto a perdonar a todo aquel que busque al Señor y venga al arrepentimiento.

Por cuanto todos somos pecadores, debemos entonces, resistir la tentación de actuar como si fuéramos justos y creyendo que somos mejores que los demás, apoyándonos en nuestras buenas obras. Hacemos buenas obras porque somos salvados; no hacemos obras para salvarnos, no sirven.
Si decimos que no tenemos pecado,  nos engañamos a nosotros mismos,  y la verdad no está en
nosotros. Si confesamos nuestros pecados,  él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados,  y
limpiarnos de toda maldad.1ª Juan 1:8-9.
Esta es la buena noticia de este mensaje: que si reconocemos que somos pecadores y necesitados de su gracia, y venimos a él arrepentidos, él nos perdona, nos transforma y nos da vida eterna.


Dios les bendiga.


Orfilia Miranda L.

martes, 31 de enero de 2017

Una oración efectiva

La oración es una práctica que no debe faltar en la vida de ningún creyente; pero, ¿qué pasa cuando algunos se quejan de que oran mucho y pareciera que Dios no escucha sus oraciones?
¿Estamos orando como a Dios le agrada? ¿Enseña la biblia cómo orar?

Sí. En la biblia encontramos varios textos que nos ilustran sobre  este tema; pero para esta reflexión tomaremos específicamente el libro de Nehemías 1:1-11.
El libro de Nehemías es un buen manual que nos enseña cómo orar por nuestras necesidades personales, familiares y las de la iglesia de manera efectiva, aunque nuestras circunstancias sean diferentes hoy a las de Nehemías en su tiempo.

Neh.1:1-4 “….Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, 2 que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. 3 Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego.4 Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.
En este texto vemos primeramente la actitud que Nehemías tuvo hacia Dios, hacia su pueblo y hacia sí mismo, y la petición que hizo al Señor.
Al oír la noticia, el primer momento fue de sacudida, de conmoción, de tristeza y de llanto; pero luego viene la reacción, hay que ponerse en pie y empezar a actuar:

Primero, busca la presencia de Dios; es lo que debemos hacer siempre ante cualquier problema, por grave y difícil que este sea. Buscar la dirección de Dios es siempre lo primero antes de tomar cualquier decisión.
Neh.1:4 “…, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.”

Segundo: A Dios no se llega con altivez ni arrogancia, ordenándole que haga, o decretando lo que yo quiero que Dios haga. No, venimos con humildad, rendidos a él en ayuno y oración como lo hizo Nehemías.
Neh.1:5-7 Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; 6 esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. 7 En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo.

Esta oración contiene varios elementos fundamentales que debemos tener en cuenta a la hora de presentar nuestras peticiones a Dios:

*Empezar reconociendo la grandeza de Dios y su soberanía, v. 5 Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible…”

*Reconocer que Dios es fiel en guardar el pacto y la misericordia a los que le aman y le obedecen: v.5 “…que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos

*Pedir a Dios que esté atento su oído y abiertos sus ojos para atender y escuchar nuestras oraciones, sabiendo que él es fiel a sus promesas, v.6 esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado.” Nehemías se sitúa delante de Dios en condición de “siervo” y de hombre pecador, al suplicar el favor de Dios para su pueblo.

*Interceder por nuestros hermanos, sabiendo y creyendo que Dios responde a las oraciones de sus hijos, v. 6 Que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos”. Líderes o no, todos estamos llamados a clamar a Dios por la iglesia, por sus necesidades, por los enfermos, por el crecimiento espiritual y santidad de la congregación. Una iglesia sin santidad, es como una ciudad con los muros derribados, expuesta a ser atacada y saqueada por sus enemigos.

*Nuestra oración debe hacerse siempre con corazón limpio: 
6 Y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado.”
No podemos dirigirnos a Dios con un corazón lleno de pecado; el pecado sabemos, nos aparta de Dios y rompe nuestra relación con él.
Una manera de hacer que Dios responda nuestras oraciones, es acercarnos a él con corazón arrepentido. Y aquí quiero dejar bien claro, Dios escucha todas las oraciones y las conoce antes de que se las formulemos, Sal. 139:4, pero no todas las responde. Dios no responde la oración de alguien que no está dispuesto a dejar el pecado, veamos Isa 1:15 “Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración  yo no oiré;es decir, Yo no les prestaré atención; porque el pecado nos convierte en enemigos de Dios. Y Nehemías tenía muy claro esto, por eso él pide perdón por sus propios pecados y los del pueblo.
Más adelante el libro de Nehemías nos muestra cómo Dios respondió su oración, y lo ayudó de manera formidable poniendo personas poderosas a su favor para que lo ayudaran.


Para una oración efectiva entonces, no olvidemos:
-Interceder con humildad y reverencia a Dios, reconociendo su grandeza y respetando su soberanía.
-Con confianza y corazón limpio, pidiendo perdón a Dios por el pecado.
-Finalmente, pedir a Dios que haga su voluntad divina por medio de nuestra vida de obediencia, y cuando obedecemos, Dios mismo hace que pidamos conforme a su propósito divino para que todas nuestras oraciones sean respondidas.
Hasta pronto, Dios les bendiga.                                          


Orfilia Miranda L.

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