domingo, 17 de octubre de 2021

EL RESENTIMIENTO

 Prov. 4:23Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”.

El RESENTIMIENTO es una herida profunda, gangrenada, fétida y permanente en el corazón del individuo resentido, que sangra todo el tiempo. Isaías 1:6 Por allí se nos va la vida, si no aplicamos medicina, pues la vida está en la sangre.

Todos a lo largo de nuestra vida, y con alguna frecuencia hemos sido lastimados, menospreciados, heridos, ofendidos y rechazados; esto no debería de ser así, pero es la condición humana, efecto de nuestra naturaleza caída.

-Yo no mando en el corazón del otro. Los demás pueden pensar lo que quieran de mí, pero yo decido si recibo eso, lo creo y le permito que me dañe.

El resentimiento está abajo del rencor a una escala nada más; de allí sigue el plan y la ejecución de la venganza.

El resentimiento es un malestar constante, un disgusto por todo, o hacia personas o situaciones, etc. etc.

El resentimiento es pecado: en un corazón resentido no hay amor, perdón, paz ni arrepentimiento.

De un corazón herido, resentido y amargado no puede fluir la adoración y la alabanza ni la gratitud.  

El resentimiento endurece el corazón, el no perdonar es soberbia, orgullo y altivez.    

Hebreos 12:15 dice: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que, brotando alguna raíz de amargura, les estorbe, y por ella muchos sean contaminados.”

El resentimiento y la amargura son muy perversos: tienen un poder de contaminación terrible. No hay que prestar oído a los comentarios de las personas amargadas y resentidas para no terminar envueltos en conflictos y rumores.

La amargura y el resentimiento son muy dañinos, son más contagiosos, y peores que el Covid-19.

Así que, la Palabra de Dios nos recomienda atender el consejo de Prov.4:23:

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”.

Como cristianos, ¿qué hacemos? ¿cómo manejamos estos sentimientos en nuestro corazón?

*¿Los rechazamos cuando los identificamos, los sacamos de nosotros, o, los albergamos en nuestro corazón, permitiéndoles que nos conviertan en resentidos y amargados?

¿Permitimos que se forme una montaña tan alta de conflictos sin resolver hasta que dañen nuestra salud espiritual y física?

El resentimiento nos aleja de Dios, deteriora y rompe relaciones de todo tipo, a todos los niveles. Nos enferma, es causa de muchos trastornos de salud; por salud nada más, debiéramos de perdonar siempre. Hoy hay personas que, sin ser cristianos, han optado por perdonar y mantenerse en paz solo por salud.

El resentimiento es indicio de un corazón no arrepentido, que no perdona las ofensas, las va guardando y las deja enraizar.

Síntomas: El resentido vive enojado; se queja constantemente y murmura de todo. Manifiesta un malestar permanente y no enfrenta los problemas con calma.

El pueblo de Israel es un típico ejemplo de personas ingratas, desagradecidas y amargadas que solo miraban lo que no tenían y lo malo; nada les agradaba. Todos los esfuerzos de Moisés eran motivo de queja y murmuración. Veían las maravillas de Dios todos los días a favor de ellos, y se quejaban de él. Hasta Dios mismo, los quería eliminar a todos porque ya no los soportaba.

Es triste ver que en las congregaciones se den casos de hermanos que no se saludan ni se hablan entre sí porque no se quieren. Esto dice mucho del nuevo nacimiento de estos cristianos; son creyentes, pero no obedientes.

*¿Dónde queda Jn.13:34-35?Amaos los unos a los otros, como yo os he amado. “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”

¿Estamos dando ese testimonio de amor a nuestros familiares, vecinos y a los que tratamos todos los días?

¿Qué hacer con el resentimiento? Entendemos que pueden haber heridas muy profundas difícil de sanar y en nuestras fuerzas solos no podemos; pero dispongámonos, Jesús ya lo hizo en la cuz del calvario.

Busquemos al Señor, pidámosle perdón, pidámosle ayuda fortalezcámonos en él.

En 1 de Samuel 30:6 David se fortaleció en Dios.

Efesios 4:31 dice: “Quítese de vosotros toda amargura y enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.” Malicia es todo lo que se dice o se hace con una segunda intención.

Para entrar al reino de los cielos debemos tener un corazón puro: Salmo 24:4

 Mat.3:8 “Haced pues, frutos de arrepentimiento,”

Dicho de otra forma, mostrar con actos que es una persona convertida, que ha sido transformada, que vive una nueva vida en el Espíritu Santo.

*El arrepentimiento trae sanidad al corazón herido:

Jeremías 33:6He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad.

Luc. 4:18, “El espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos;”

 Cuando el profeta Natán termina de hablar de parte de Dios a David, este respondió: pequé contra Dios y se arrepiente y es cuando escribe el salmo 51. David sabe que solo Dios puede perdonarlo y restaurarlo.

Sal. 51:10Crea en mí, oh, Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.

El resentimiento va formando en nosotros un muro difícil de derribar y nos aísla de los demás.

Prov.18:19. “El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte, y las contiendas de los hermanos son como cerrojos de alcázar”.

Hebreos 12:14-15 “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor: 

Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que, brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;” 

Si hay algo que se riega como un polvorín es la murmuración. Y producto del resentimiento es la murmuración, y en la iglesia, esta produce contiendas, celos, envidias y divisiones.

Finalmente, perdonar no es una opción: es un imperativo. (No tenemos derecho a retener el perdón habiendo sido perdonados sin merecerlo).

Solo si perdonamos seremos también perdonados por nuestro Padre, dice el Señor:

Mat. 6:14-15 “Pues si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial; más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.”

Solo la gracia y el amor perdonador del Señor, puede limpiarnos, liberarnos del resentimiento y sanar las heridas de nuestro corazón.

Juan 14:15Si me amáis, guardad mis mandamientos.” Amor y obediencia.

 Ejemplos de perdón en la biblia: José tenía razones suficientes para haberse vengado de sus hermanos, y los perdonó.

David, tantos años perseguido por Saul para matarlo, lo tuvo en sus manos y no lo mató, lo perdonó.

Pero el acto de perdón más grande y sublime es el de Jesucristo en la cruz del calvario.

 **No le permitamos pues, al enemigo volver a levantar muros espirituales en nuestro corazón, con piedras de las canteras del infierno**

    Orfilia Miranda Londoño

 

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