lunes, 12 de marzo de 2018

HE AQUÍ LOS SIERVOS DEL SEÑOR


¿Los creyentes hoy, podemos decir al Señor con humildad y sinceridad: He aquí los siervos del Señor, hágase conmigo conforme a tu palabra, con la sencillez que lo dijo María? Lc.1:38. 
Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra”.  

Esa respuesta refleja la convicción y seguridad de una persona que vive una vida consagrada al Señor.
Si soy su hijo, su criatura, la obra de sus manos, su siervo, su servidor incondicional, y dependo de él en todo, entonces que el Señor obre conforme a su propósito en mí.

Podemos estar seguros de que, lo que el Señor dispone para nosotros, siempre será lo mejor; todo lo que viene de la mano del Señor, siempre viene cargado de su amor, de su gracia y su misericordia. Porque los pensamientos de Dios son de bien y no de mal. Jr. 29:11
Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.”

En la naturaleza de Dios, está el hacer siempre el bien, no el mal; del cielo nunca se nos envía nada para dañarnos: Santiago 1:17 “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”.  Y porque Dios no cambia, siempre será así. Todo lo bueno, lo puro, lo santo, lo perfecto está en el cielo, y de allí es enviado a nosotros, “Toda buena dádiva, y todo don perfecto desciende de lo alto”; Jesucristo ha sido el don perfecto por excelencia, venido de lo alto para nuestra salvación.

Si estamos convencidos de esto, no tendríamos ningún reparo ni duda para abandonarnos a la absoluta y total bondad de Dios nuestro Padre y Señor. Estaríamos dispuestos a obedecer sin cuestionamientos.
¿Pero estamos nosotros dispuestos de manera incondicional a servirle al Señor y a aceptar lo que él disponga en nuestras vidas?

Hágase conmigo conforme a tu palabra”. No se diga más, aquí no hay cuestionamientos a lo que Dios está ordenando, no hay excusas para aceptar su plan, su proyecto.

Cuando María recibió la visita del ángel Gabriel, que le trajo la noticia de que había sido elegida para llevar en su vientre al Salvador de los hombres, a pesar de las serias consecuencias que esto le traería en su cultura, ella no cuestionó, solo preguntó cómo sería esto, puesto que era muy niña, no tenía esposo, apenas estaba comprometida con José.
La pregunta era más por el asombro y la inocencia, no por duda. Cómo hago, no tengo varón… El ángel le da toda la explicación del caso; María entiende que el asunto es sobrenatural, milagroso, y estando ya claro, asunto concluido: “Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.” Lc.1:38

Esta pregunta de María es una cosa muy distinta a la actitud de Zacarías:
Zacarías era un hombre conocedor de las Escrituras y sacerdote; había orado por muchos años a Dios pidiendo un hijo; y el ángel le dijo que sus oraciones habían sido escuchadas; pero aun así, Zacarías se extiende en razonamientos y explicaciones del porqué esto que está diciendo el ángel no puede ser posible. Se encasilló en el razonamiento humano-científico, y olvidó que para Dios no hay imposibles.
Estos argumentos que solo dejaron al descubierto la duda y la incredulidad de Zacarías, fueron la causa de que el ángel lo reprendiera severamente; Lc.1:20-21 Pero no incidieron para que Dios llevara a cabo su plan salvífico, o lo cambiara.

La soberanía de Dios y su poder, no están sujetos al tiempo, el espacio ni a las circunstancias, ni a las leyes naturales; Dios obra de manera sobrenatural, en medio del mundo natural. Por tanto, para Dios todo es posible allí donde todo se ve imposible.

Muchos creyentes estamos acostumbrados a cuestionar los designios de Dios para nuestras vidas. Oramos y no esperamos lo que pedimos, tampoco confiamos en que Dios está dispuesto a darnos siempre lo mejor, lo que más nos convenga para nuestra vida espiritual y temporal.
No estamos totalmente dispuestos a abandonarnos absolutamente en las manos del Señor, y a obedecer sin cuestionar la entera voluntad de Dios.

Cuando sospechamos que lo que estamos haciendo no es lo que Dios nos ha mandado a hacer, buscamos mil razonamientos para justificar nuestra desobediencia, ya sea para hacer o dejar de hacer esto o aquello.
A veces nos empeñamos en un ministerio que no es el que el Señor nos ha mandado, solo porque aquello nos agrada más. O simplemente, posponemos un trabajo, un servicio, solo porque no es de nuestro agrado, y argumentamos mil disculpas o excusas para no obedecer a Dios y someternos a su designio.
Cuando actuamos de esta manera, tenemos que estar preparados para cosechar los resultados de querer manejar nuestra vida fuera del plan de Dios, siendo que ya la habíamos depositado en sus manos.
La voluntad de Dios, primordialmente, es que seamos santos, que busquemos todos los medios de conducirnos santamente, no buscando el pecado deliberadamente, y esto incluye la total obediencia a sus mandamientos.

El Señor demanda de nosotros una fe práctica, una fe que muestre nuestro testimonio de vida cristiana en obediencia como personas salvadas, que hacemos buenas obras porque hemos sido rescatados y transformados por Cristo.
Ser personas salvadas, transformadas de fe práctica, es estar dispuestos a obedecer al Señor en todo, dispuestos a decir: He aquí el siervo, la sierva del Señor, Hágase conmigo conforme a tu palabra.

Para reflexionar:

¿Cuántas veces en su caminar de creyente, usted ha estorbado el plan de Dios en su vida, o en la de otros por querer hacer su voluntad y no someterse a Dios?

¿Ha persistido usted en una obra o ministerio, sin Dios haberlo mandado o puesto allí?

¿Está usted dispuesto, dispuesta, hoy a decir de todo corazón, con sinceridad:
He aquí el siervo, la sierva, del Señor, hágase conmigo conforme a tu palabra?

Hasta pronto, Dios les bendiga.
Orfilia Miranda Londoño

 Si le bendice, deje su comentario, Gracias.



domingo, 21 de enero de 2018

JESUCRISTO DIJO, YO SOY…

Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy,…”. Jn. 8:28 

El mundo acaba de celebrar las fiestas de navidad y como todos los años, mucho jolgorio, música, comidas abundantes, reuniones, fiestas, licor, bailes y regalos; Santa por aquí y Santa por allí. Aun a muchos cristianos les vemos a Santa en todas partes.

Pregunto: ¿será que mucha gente a estas alturas, tiene idea de qué es la navidad?
¿Todas estas cosas con lo que la gente celebra, tendrá qué ver con la navidad o nacimiento de Jesús?

Navidad o natividad, es nacimiento.
Muchos dicen que le están celebrando el cumpleaños a Jesús.
Para su información, déjeme decirle que Jesús como Hijo de Dios, es Dios y es eterno; él como el Padre, no tiene principio ni fin; con su resurrección ya venció la muerte y vive para siempre. Su cuerpo carnal fue el que nació y murió pero resucitó glorificado y vive para siempre. Por tanto, no cumple años como nosotros.

Aunque Jesús no nació en diciembre, los que dicen que recuerdan la venida del Salvador y celebran de manera espiritual con acción de gracias, están en lo correcto. Ese debe ser el único motivo de celebración como creyentes.

Anuncio:
Aunque hoy muchos niegan la venida de Cristo el Mesías, existen muchas pruebas en la biblia que lo demuestran y el mismo Jesús lo afirma.
La venida del Hijo de Dios en carne, había sido anunciada muchos siglos antes, especialmente por el profeta Isaías en el Antiguo Testamento, y que sería el Salvador de los hombres. Is. 42:1:9
Muchas veces se habló de él hasta que, cumplido el tiempo, le fue anunciado a una virgen de Nazaret, María, que ella había sido la elegida para ser la madre del Mesías. Lc.1:26-35

La biblia, que es la Palabra de Dios para los creyentes, dice que la noche de su nacimiento hubo gran luz y alborozo en el cielo; que un ángel se apareció a unos pastores que cuidaban ovejas en el campo y les anunció el nacimiento, y una multitud de ángeles que le seguían  cantaban:
“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad hacia los hombres!” Lc.2:14

La historia lo exalta:
Hoy a más de 2 mil años se sigue hablando de Jesús; por ningún otro “Maestro” o líder religioso se han hecho matar tantos hombres y mujeres seguidores suyos; han preferido la muerte, antes que renegar de su nombre; su doctrina, ningún otro libro se ha editado en tantos idiomas y tantos ejemplares como la biblia, la Palabra de Dios.

Aunque los ateos se esfuerzan en desacreditar las Escrituras y niegan la existencia de Dios, así como el nacimiento virginal de Jesús, el mundo entero cambió y la historia lo exalta, y su Luz sigue brillando a través del tiempo.
Cristo partió la historia en dos; jamás hubo ni habrá otro hombre sobre la tierra igual a él; hoy se dice: Antes de Cristo y después de Cristo.

Muchos prodigios rodearon el nacimiento, la vida y muerte de Cristo. Cuando el murió en la cruz del calvario no quedó ninguna duda de que él, verdaderamente era el Hijo de Dios.

Antes y después de Cristo morir en la cruz, hubo muchos crucificados pero ninguno tuvo tal connotación ni trascendencia en el tiempo como Jesús.

La historia no habla de la cantidad de criminales que murieron en el patíbulo de la cruz, como sí habla de Cristo. Por la cruz pasaron grandes criminales que merecían ese tipo de muerte; Jesús era inocente, y a pesar de su inocencia, nadie lo pudo salvar de la muerte; las autoridades, los mismos que lo condenaron y los que lo crucificaron sabían que Jesús era inocente pero no hallaron manera de salvarlo. ¡Él tenía que morir por usted y por mí!

No lo pudieron salvar de la muerte porque en ese momento todo el pecado del mundo estaba sobre él, incluyendo el de los que lo crucificaban.

Satanás se esfuerza en tratar de desprestigiar la biblia, en sembrar dudas sobre ella para que pierdas tu salvación; trata por todos los medios de que no la leas para que no seas redargüido y te arrepientas de tus pecados…trata de confundirte con el verdadero sentido de la navidad para que te entretengas y te diviertas y no entiendas lo que Dios hizo por ti.

No queda pues, ninguna duda de quién era Jesús, él lo dijo varias veces, nadie se atrevería a hacer las afirmaciones que él hizo: “YO SOY”.
Yo Soy el pan vivo que descendió del cielo;Jn.6:51  No hay ninguna duda de que él bajó del cielo, no como el mundo trata de negar la divinidad de nuestro Señor Jesucristo.
Él afirma que bajó del cielo al tiempo que nos dice que él mismo es “el camino” para ir al cielo. Igualmente, afirma que él es la “verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí” Jn.14:6.

Solo alguien que viene enviado del cielo con autoridad, puede hacer tales afirmaciones.
 “Yo soy el Alfa y la Omega,  el principio y el fin,  el primero y el último. Ap.22:13

Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias.
Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana. Ap.22:16 
La Luz que alumbra a los hombres, la salvación.

Después del paso de Jesús por la tierra, el mundo no es el mismo.
Después de conocer a Cristo, mi vida no volvió a ser la misma; ¿y usted?
Les invito a recibirle como su Señor y Salvador si aún no lo han hecho.

Que el Señor les bendiga, hasta pronto.

Orfilia Miranda Londoño


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sábado, 25 de noviembre de 2017

CUANDO SE PIDE EN EL NOMBRE DE JESÚS

“Si algo pidiereis en mi Nombre, yo lo haré” Jn. 14:14

¡Qué promesa tan amplia! ¡Algo!
Ya sean grandes o pequeñas, todas mis necesidades están cubiertas por esa palabra “Algo”.
Ven, alma mía, con libertad delante del propiciatorio, y oye a tu Señor cuando dice: “Abre tu boca, y yo la llenaré”.

¡Qué promesa tan sabia! Siempre hemos de pedir en el nombre de Jesús. A la vez que esto nos alienta, también lo honra a Él. Este es un argumento constante.

Ocasionalmente cualquier otro argumento es oscurecido, especialmente aquellos que podríamos sacar de nuestra propia relación con Dios, o nuestra experiencia de su gracia; pero en momentos así, el nombre de Jesús es tan poderoso en el trono como siempre, y podemos argumentarlo con plena seguridad.
¡Qué oración tan instructiva! No podría pedir nada a lo que Cristo no pudiera poner su mano y su sello. No me atrevería a usar el nombre de mi Señor para una petición egoísta o caprichosa. Solo puedo usar el nombre de mi señor para oraciones que el mismo diría si estuviese en mi caso.
Es un gran privilegio que seamos autorizados a pedir en el nombre de Jesús como si el propio Jesús lo pidiera; pero nuestro amor a él no nos permitiría nunca interponer ese nombre donde él no lo pondría.

¿Estoy pidiendo lo que Jesús aprueba? ¿Me atrevería a poner su sello en mi oración?
Entonces ya tengo lo que busco del Padre.

De la Chequera del Banco de la Fe

Pastor Charles Spurgeon

lunes, 11 de septiembre de 2017

¿Existe Dios?

Hoy día es la pregunta que muchos se hacen. ¿Existe Dios?
Pero no es lo mismo saber y creer que Dios existe, que haber tenido la experiencia de su amor y Salvación.
Muchos invocan con frecuencia a un dios con minúscula, y es más, le dicen diosito; diosito es el diminutivo de dios, es un dios pequeñito. Ese es el dios que muchos tienen.

Pero el Dios de los creyentes es el DIOS Grande, Infinito, Poderoso, Soberano, Omnisciente, Omnipotente y Eterno. Ha existido desde siempre y no hay otro como Él, ni lo habrá jamás. Isaías 43:10-11 “Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. -Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve.”

Este es el único y verdadero Dios, que se reveló a los hombres a través de SU único Hijo Jesucristo; y que se apiadó de nosotros dándonos vida cuando estábamos muertos por nuestros pecados. Ef. 2:1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,”
 Así que no es lo mismo saber que alguien ofreció una gran cena, preparada con todos los detalles, con el mejor vino fermentado y añejo, preparado con la mejor uva escogida de la cosecha, que haber participado de ella.
No es lo mismo saber que hace 2.000 años Cristo vino a la tierra y murió por los hombres; a que Cristo sea una experiencia en mi vida.

Muchos religiosos se detienen a imaginar y a pensar solamente cómo sería el dolor humano que sufrió Cristo por nosotros camino a la cruz, los golpes, los moretones que cubrían todo su cuerpo, las heridas de su piel desgarrada, las espinas clavándose en su cabeza, las patadas y latigazos,…la humillación, el desprecio,…los insultos,… pero pocos nos detenemos a pensar en el dolor de su alma, la angustia y la tristeza que fue donde el más sufrió: Mat.26:37“Y comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.”…. Mat. 26:38“Mi alma está muy triste hasta la muerte”.
El evangelio narra la tristeza de Jesús, esa profunda tristeza que lo invadió estando en el Huerto; Jesús allí recibía y se cubría como con vestidura, los pecados del mundo de todos los tiempos, los pecados suyos y los míos, para pagar pon ellos.

Había llegado el momento en el que Satanás desataría sobre Jesús toda su furia y el más terrible odio, y no cesaría hasta matarlo. A Satanás solo se le permitió tocar el cuerpo físico de Jesús, por eso se encarnizó con él.
¿Podemos detenernos solo por un momento, a pensar qué haría con nosotros si no fuéramos salvados en Cristo?
En el Huerto de los Olivos empezó el más duro, aterrador y oscuro momento en el que Jesús iba a estar separado y desconectado del Padre y solo iba a experimentar el despiadado y reconcentrado odio de Satanás.
Jesús sabía también que el sacrificio que se disponía a ofrecer, para muchos sería en vano; él sabía que muchos rechazarían la salvación que él les estaba ofreciendo.

Jesús sintió la profunda angustia de ver la multitud de almas perdidas cayendo al infierno.
La multitud de almas que a lo largo del tiempo morirían rechazando su salvación.
La multitud de almas que se perderían, porque no hubo quien les predicara el evangelio, la Palabra salvadora; muchos otros por recibir un evangelio pervertido, sesgado o adulterado, y muchos otros, porque no se les predicó el evangelio completo.

Hoy día hay muchos textos bíblicos que no se tocan en los púlpitos, se calla la verdad del evangelio para no incomodar a nadie. Y olvidamos que es tan grave pervertir el evangelio como callarlo.
Todo eso lo vio Jesús desde el huerto hasta la cruz. Esa fue su más profunda tristeza. Esa fue su mayor causa de angustia.
Amados amigos que leen este mensaje: que nuestra incoherencia en lo que decimos y hacemos como creyentes, no sea piedra de tropezadero a los que no han creído todavía, haciendo que el nombre de Dios sea blasfemado con nuestro mal testimonio.
Prediquemos con el ejemplo y la Palabra. Llevemos la presencia de Dios en nosotros a donde quiera que vamos. ¡DIOS SÍ EXISTE, TE AMA Y TE QUIERE SALVAR!


Orfilia Miranda Londoño
Les agradezco sus comentarios

sábado, 15 de julio de 2017

LA MISERICORDIA DE DIOS EN LA ENFERMEDAD Salmo 6

 El presente mensaje “La Misericordia de Dios en la EnfermedadSalmo 6”  nos enseña cual debe de ser nuestra actitud ante las dificultades y ante el sufrimiento.
Complemento: Porque su Misericordia es Para Siempre

¿Está sufriendo?, este mensaje le enseñará a encontrar la solución a su problema, garantizando nuestro milagro. Esta es una de las grandes lecciones de la Biblia, enseñada por Dios por medio de un hombre que a pesar de sus faltas, siempre halló la manera de agradar a Dios.

Ilustración: Tenemos que aprender a clamar a Dios, veamos lo que le dice David a Dios en el Salmo 5:
Escucha, oh Jehová, mis palabras; Considera mi gemir. 2 Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, Porque a ti oraré. 3 Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.
El rey David, fue un ejemplo de pecador que supo agradar a Dios por medio de su arrepentimiento y su dependencia de Dios.

¿Estamos en angustia?
La misericordia de Dios, enfermedad, sufrimiento:

Salmo 6:1 “Jehová, no me reprendas en tu enojo, Ni me castigues con tu ira”.
David, uno de los hombres más sabios, siempre recurría a Dios cuando estaba en angustia, porque él sabía que Dios es un Dios que oye la oración. Siempre ha sido así, y sigue como siempre dispuesto a oír la oración. El principio más alentador de la oración y el ruego más poderoso es mirarlo a Él como nuestro Rey y nuestro Dios.

Entonces nos preguntamos:
¿Qué es lo primero que tenemos que hacer?

2 Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. 3 Mi alma también está muy turbada; Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo? 4 Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; Sálvame por tu misericordia”. Tenemos que orar a Dios por nuestra ayuda.

Ahora, ¿qué es orar? Es: 1. Suplicar, 2, Implorar, y 3 es rogar.

Cuando estamos en el hoyo más profundo, en la angustia, en lo más profundo de la enfermedad, cuando nuestra fuerza se ha desvanecido, solo nos queda un recurso, y es lo que nos enseña el rey David, y grandes hombres de la Biblia y aún nuestro Señor Jesucristo en sus momentos más difíciles, Él se levantaba muy temprano, y se iba aparte de sus discípulos para hablar con el Padre. Hay un momento muy crucial en la vida de Jesús, cuando la situación era tan difícil en su lucha contra sus enemigos los fariseos y los doctores de la ley, Él se retira en privado a orar para seguir adelante. (Mar 3:6 “Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle).
¿Qué efecto tuvo esto sobre los legalistas? Respuesta: Entonces los fariseos salieron, e inmediatamente, en consulta con los herodianos, comenzaron a tomar consejo en su contra, para ver cómo podrían destruirle. Los fariseos no sólo abandonaron la sinagoga; lo hicieron malhumorados. Estaban furiosos (Lc. 6:11). El hecho de que un lisiado hubiese sido liberado de su grave impedimento no les afectó en lo más mínimo. No se alegraron por este hombre, ni les produjo una actitud amistosa hacia el sanador. Lo que les molestó fue que ellos y su tradicionalismo hubiesen sufrido una humillante derrota ante los ojos de toda la concurrencia.
¡Qué inmensa diferencia entre el enojo de Cristo, totalmente desinteresado (Mr. 3:5) y su resentimiento totalmente egoísta! Además, como indica la palabra “inmediatamente”, aquellos hombres no perdieron tiempo para planear la destrucción de su adversario. De inmediato comenzaron sus intrigas, eligiendo como secuaces increíblemente a los muy impíos y mundanos partidarios de Herodes Antipas y su familia. ¡Una extraña alianza entre los santurrones y los sacrílegos! (véase también 12:13 y Mt. 22:16).

No obstante, un poco de reflexión bien puede conducir a la conclusión de que aquella impía asociación no era tan extraña. La vida y las enseñanzas de Jesús encerraban una denuncia de la mundanalidad, y, por lo tanto, del modo de vida que caracterizaba a los herodianos”.

David nos da una muestra de cómo debemos de clamarle a Dios.
Salmos  6:5 “Porque en la muerte no hay memoria de ti; En el Seol, ¿quién te alabará? 6  Me he consumido a fuerza de gemir; Todas las noches inundo de llanto mi lecho, Riego mi cama con mis lágrimas. 7  Mis ojos están gastados de sufrir; Se han envejecido a causa de todos mis angustiadores.
Vv. 1-7. Estos versículos hablan el lenguaje de un corazón verdaderamente humillado, de un espíritu quebrantado y contrito bajo grandes aflicciones, enviadas para despertar la conciencia y mortificar la corrupción. La enfermedad le trajo a su memoria el pecado y la consideró como señal del desagrado de Dios. La aflicción de su cuerpo será tolerable, si tiene consuelo en su alma. La queja más dolorosa de Cristo en sus padecimientos, fue la aflicción de su alma y la falta de la sonrisa de su Padre.

Solamente en el dolor nos volcamos a Dios, y sufrimos una transformación interior que renueva nuestra confianza en Dios. Es cuando llegamos a la conclusión que solo Dios es la respuesta a nuestra situación.  Es en esta situación que se nos abre la mente y el corazón, y es cuando somos capaces de orar de corazón y poder comprender que si es voluntad de Dios, y si Él aún tiene alguna obra para que nosotros hagamos por nuestros amigos o familiares y podamos llegar a servirle aún. Y podamos hacer algo en este mundo, porque hemos sido transformados en verdaderos hijos de Dios y nos salve la vida y que el poder estar con Cristo es lo más dichoso para los santos, pero mientras estemos en la carne es más provechoso para la iglesia, o sea para para poder servir a nuestros semejantes.

Es entonces cuando somos transformados: Salmos 6:8-10  “Apartaos de mí, todos los hacedores de iniquidad; Porque Jehová ha oído la voz de mi lloro. 9  Jehová ha oído mi ruego; Ha recibido Jehová mi oración. 10  Se avergonzarán y se turbarán mucho todos mis enemigos; Se volverán y serán avergonzados de repente”.
Este es el objetivo principal del sufrimiento, llegar a comprender el verdadero propósito de Dios en nuestra vida, el porqué del sufrimiento y nos hace amarlo por su grandeza, amor y misericordia y llegar a aceptar a amar a Jesús como verdadero Señor y salvador y no volver atrás, y pasarnos al lado de los ganadores.

 Vv. 8-10. ¡Qué cambio súbito hay aquí! Habiendo dado a conocer su pedido a Dios, el salmista está confiado en que su pena se convertirá en gozo. Por la obra de la gracia de Dios en el corazón, él sabe que su oración es aceptada y no duda que será contestada a su debido tiempo. Sus oraciones serán aceptadas, viniendo de las manos de Cristo el Mediador. La palabra significa oración elevada a Dios, el Juez justo, como Dios de su justicia, el cual iba a defender su causa e iba a enderezar sus errores. El creyente puede ir a Dios como Dios justo, por medio de la sangre y la justicia de Cristo, y rogarle perdón y limpieza, porque Él es fiel y justo para darlas. Ora por la conversión de sus enemigos, o anuncia su destrucción.

Si usted todavía no ha recibido a Jesús como su Señor y Salvador personal, este es el momento para hacerlo, solamente tiene que abrir su corazón y hacerlo el Señor de su vida.

Por José Alberto Vega

             Adaptado por Orfilia Miranda L. para el Blog: Siguiendo La Sana Doctrina

lunes, 1 de mayo de 2017

EL REINO DE DIOS VINO A NOSOTROS

No fue la voluntad de Dios que el hombre se apartara de él; el hombre se apartó de Dios libre, consciente y voluntariamente, fue su propia decisión. Gén 2:16-17 “Y mandó Jehová Dios al hombre,  diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 17  más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”
Si deliberó el hombre sobre la decisión que tomaba, sobre las consecuencias que esto le traería, buenas o malas, no lo sé; lo que resalta aquí es que el hombre estaba bien advertido, y aun así, desobedeció categóricamente un mandato de Dios, y al perder la comunión con Dios, y ser expulsado de su presencia, quedó en las más oscuras y densas tinieblas del reino de satanás y sin el auxilio divino.
Ahora digámoslo de otro modo: Después que se perdió la comunión con Dios por el pecado, el hombre quedó en oscuridad total y sin la dirección divina, sin saber qué hacer ni a donde ir.
Pero Dios que es fiel y nos ha amado con amor eterno, Jr. 31:3, se apiada del hombre y pone en marcha su plan de rescate.
Y pese a la ruptura, Dios sigue siendo Dios Soberano, “Rey del universo”, idea que expresa la eternidad de Dios, al mismo tiempo que se refiere al lugar de habitación de Dios: el reino de los cielos.

El reino de Dios, también significa la soberanía y el poder de Dios sobre el mundo.
Reino significa poder y máxima autoridad. De manera que “el Reino de Dios” nos recuerda que hay un Creador que tiene la máxima autoridad, que lo gobierna todo: es el Todopoderoso y Eterno Dios.

Cuando se cumplió el tiempo de Dios, él envió a su Hijo a salvarnos y a establecer su reinado en el corazón de los hombres que crean en él y le reciban. Juan el Bautista, lo anunció así: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” Mat.3:1-2
Jesús anunció muchas veces que el reino de Dios ya había llegado a nosotros; Mr.1:15 “El tiempo se ha cumplido,  y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.” Jesús es el evangelio del reino, es el reino mismo en nosotros. Jn.1:5 “Jesús es la Luz que resplandece en las tinieblas.”

¿Y cómo accedemos a ese reino de Dios?
En el mundo temporal, mientras vivamos, Dios nos da la oportunidad de aceptar y acceder a su reinado, a someternos a su misericordia y su perdón.
Nosotros aceptamos el reino de Dios y entramos en él aquí en el mundo temporal, antes de cruzar el umbral de la muerte hacia la eternidad, del mundo espiritual.
No lo puedes dejar para el final de tu vida, no sabemos si tendremos tiempo de arrepentirnos.
No hay misericordia disponible para los espíritus rebeldes que se resistieron a creer y recibir a Cristo y su señorío.
Nuestro espíritu fuera del cuerpo ya no tiene posibilidad de cambio ni de arrepentimiento, ya no podemos ser salvos. Por tanto, nuestro destino eterno lo decidimos aquí nosotros antes de morir; no lo pueden decidir los rezos y misas de nuestros familiares y amigos que quedan vivos. 
Ninguna obra buena que se haga por un difunto le cambiará la eternidad a los muertos en pecado sin Cristo.
La eternidad la decidimos aquí cuando buscamos al Señor Jesucristo, nos arrepentimos y le recibimos por fe como nuestro Salvador. En este momento es cuando entramos al reino de Dios y su justicia.
Nada ni nadie te puede conquistar la salvación y el cielo cuando ya estás muerto, cuando ya has partido de este mundo. 
Cristo te conquistó el cielo cuando murió en la cruz por ti, pero tenemos que aceptarlo aquí, ahora que estamos vivos. No puedes vivir en rebeldía contra Dios y rechazar a Cristo y después en la eternidad esperar misericordia y salvación.
Dios se apiada de nuestra fragilidad y debilidad humana; así como Cristo vino y sufrió en la carne todo el oprobio por salvarnos, nosotros debemos aceptarlo aquí estando también en la carne.

Cuando una persona vivió toda su vida negando y hasta blasfemando el nombre de Dios, y muere, Dios no la conoce, Dios nos conoce solo a través de Cristo; Cristo es el puente, es el camino y el único mediador entre Dios y los hombres. 1Ti.2:5 “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.”  
El reino de Dios no se parece ni se puede comparar a los reinos del mundo; el reino de Dios es un reino espiritual que nos comunica la presencia de Dios nuestro Creador entre los hombres.
Jesús, en Lc.11:2, nos insta a pedir el reino de Dios siempre que oremos: Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

A Dios lo debemos reconocer aquí, ahora; lo alabamos, lo adoramos y hacemos su voluntad aquí, desde ahora. En el cielo solo están los que hacen la voluntad de Dios, los que le aman, le adoran y le sirven. Los ángeles que se rebelaron y pecaron fueron expulsados del cielo.

Qué más debemos saber sobre el Reino de Dios:
El reino de Dios es espiritual, es invisible, se acepta por fe y no tiene sentido tratar de entenderlo desde la racionalidad humana. Pero sí, se hace visible en la medida que se manifiesta en la vida de los creyentes.
Los creyentes deben aspirar a formar parte del Reino de Dios y para conseguirlo deben someterse a su poder de manera humilde y a través de la fe en Jesucristo.

Cuando se cumpla el tiempo y Jesucristo venga a restaurar todas las cosas, entonces el reino de Dios será visible a los ojos de todos.

Amado lector:
¿Ya entraste en el reino de Dios?
¿Ya has hecho tu elección por Cristo?
Este es el tiempo apropiado, es el tiempo aceptable, no esperes más. Dios te espera.

Bendiciones y hasta pronto.

Orfilia Miranda Londoño


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miércoles, 5 de abril de 2017

¿Por qué se llamaron cristianos?


Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquia.” Hechos 11:26

Es bien claro que se les llamó cristianos porque eran seguidores de CRISTO; y creo que hoy en día deberíamos seguir llamándonos de la misma manera, puesto que eso es lo que somos: seguidores de Cristo el Señor, y no de hombres.
Sin embargo, con el pasar del tiempo, hoy escuchamos con frecuencia decir: yo soy “menonita”, yo soy “bautista”, yo soy “pentecostal”, yo soy de aquí, yo soy de allí; pero realmente, ¿Somos todos cristianos?
Existen pues, cantidad de denominaciones cristianas que tristemente no creen en lo mismo, y tienen distintas reglas y mandamientos como resultado de la interpretación acomodada de las escrituras, y asimismo se dan rivalidades entre congregaciones. Lo vemos nada más cuando un miembro abandona una congregación y se pasa a otra; no lo vuelven a saludar y dejan de hablarle. Lo ven como rival o enemigo. Estos se han hecho seguidores incondicionales de líderes y no de Cristo. Si siguieran a Cristo obedecerían su Palabra: “Esto os mando: Que os améis unos a otros.” Jn.15:17. Pero vemos que el “amor” es lo que menos los distingue.

Podemos caer también en la religiosidad: que consiste en la observancia estricta de normas, o de los mandamientos al estilo fariseo, pero a nuestra manera sin negarnos a nosotros mismos, apegados a todas las cosas materiales. La mejor ilustración que tenemos de esto, es el joven rico del evangelio: Lucas 18:18-23. 
En el momento el joven rico parecía estar dispuesto a seguir a Jesús. Quizás él creía que seguir a Jesús iba a ser algo muy fácil, jamás pensó que seguirlo implicaría tener que negarse a sí mismo y a sus comodidades.
Cuando Jesús le nombra los mandamientos no hay problema, él simplemente los ha guardado todos, pero cuando Jesús le dice que le falta algo más, v 22, en este momento se le acaba de plantear un camino más difícil, como es el de pasar todas sus riquezas a un segundo plano por una causa mayor: la de seguir a Cristo, ser Cristiano.
Para este joven tan rico no era nada fácil desprenderse del materialismo en que estaba acostumbrado a vivir para seguir a Cristo, y decide mejor no seguirlo. 

Este joven era una persona buena, pero su corazón estaba ocupado en otras cosas; no había entendido el reino de Dios, el Señorío de Cristo en su vida.

Es muy fácil entonces decir: “Soy cristiano”, llevar el apellido, pero no es lo mismo demostrar con nuestra vida que realmente somos cristianos y estamos dispuestos a sacrificar algo por seguir al Señor.
Al joven rico le fue muy difícil negar sus lujos y riquezas por una causa mayor como ya dijimos, la de seguir a Cristo. Para él sus riquezas, el lujo y comodidades que estas le proporcionaban, estaban primero en su vida, y aunque quería seguir a Cristo, no fue capaz de renunciar a ellas y se marchó triste.
¡Los cristianos de hoy y las congregaciones tienen también muchas cosas más importantes en su vida que el mismo Cristo! Para unos es el fútbol, para otros una película, la TV, ganar más dinero, la diversión y los amigos que se les convierten en el centro de su vida y no Cristo. 

Nos cuesta ordenar las prioridades, Cristo debe ser siempre el centro y después todo lo demás.

Los primeros cristianos pagaron un precio muy alto por llamarse cristianos. Pasaron toda clase de sufrimientos, cárcel, azotes, torturas y hasta la muerte por llevar este nombre; pero en vez de desanimarse, en Cristo cada día cobraban valor. 

Los cristianos estamos llamados a mostrar a Cristo en nuestras vidas.
Ser “cristianos” no es un apellido para ostentar solamente, a veces hay que pagar el precio de ser diferentes, de ir en contra vía del mundo y mostrar una vida moldeada por aquel que nos amó.
Ser cristianos es tener muchas veces que decir NO a muchas cosas cuando todos dicen sí.
Ser cristiano, es seguir las pisadas del Maestro; pero nuestra situación hoy es peor que la del joven rico.
Muchos predicadores no le están diciendo a las personas que deben negarse en todo el sentido de la palabra negar; le están diciendo a la gente que si aceptan a Jesús, sus negocios serán prósperos y tendrán mejor vida. ¡No!
Los predicadores no hemos sido llamados a anunciar prosperidad y buena vida a los que reciban a Cristo, y sanidad en todas las enfermedades. No. Hemos sido llamados a anunciarles a las personas el poder del evangelio.
¡Sí, amado lector, a eso hemos sido llamados! ¡A proclamar las buenas nuevas de la salvación!

Todo profeta que diga que predica la verdad, si no cumple y vive conforme a lo que enseña es un falso profeta.
Todo profeta que anuncia el evangelio suavizado, adulterado, o anuncia un evangelio distinto, es un falso profeta.

Tenemos un gran desafío de ser verdaderos cristianos, y hacerle entender a los hombres que el cristianismo no es fama ni riquezas; ser cristiano, es vivir una vida para Cristo, hasta el punto de estar dispuestos a sufrir el desprecio y la burla por Él, por ponerle en el centro y lo principal en nuestras vidas.
Amados lectores, hagamos un alto y revisemos nuestro corazón:

¿Soy cristiano o cristiana realmente?...
¿Sigo a Cristo sinceramente como él me lo pide?
¿Mi corazón está desprendido de todo materialismo y le pertenece totalmente al Señor?...
¿Sigo y sirvo al CRISTO vivo de la biblia, o al cristo de madera clavado en la cruz?

Reflexionemos en esto. Espero que les sea de bendición.

Orfilia Miranda Londoño

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