jueves, 14 de marzo de 2013

Padre, si es posible, pasa de mí esta copa



Padre, si es posible, pasa de mí esta copa
Texto: Lucas 22:41-44
 Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.”

Por este tiempo en que la iglesia grande celebra en todo el mundo la semana santa, (que tiene muy poco de santa), nos inundan de películas, teatro y dramatizados sobre la pasión y muerte de Jesús.
Nos muestran a un Jesús llagado, escupido, flagelado y ensangrentado, tratando con esto de mover nuestras emociones para despertar en nosotros compasión y lástima por él.
Al revés: esto no es lo que nos debe producir la reflexión en la pasión y muerte de Jesús, como tampoco era lo que Jesús buscaba con su sacrificio y muerte en la cruz. Más bien, a las mujeres que lloraban por él, y le seguían en el camino al Gólgota, Jesús les dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos.” Lc.23:28. Jesús no necesita nuestra lástima.

El Maestro sabía lo que decía: si realmente comprendiéramos qué fue lo que hizo Jesús por nosotros, por la humanidad caída, no lloraríamos por él, sino por nosotros mismos, por nuestros pecados y caeríamos de rodillas en arrepentimiento y agradecimiento a Dios.

Nosotros no alcanzamos a entender lo que pasó en el Huerto de Los Olivos, y posteriormente en la cruz del calvario: Jesús no tenía miedo de la crueldad del ejército romano; no tenía miedo de ser azotado y maltratado; no tenía miedo de la cruz ni de los clavos, ni de la muerte misma: ¡Jesús sabía que todo el ardor de la copa de la ira de Dios por nuestros pecados, sería derramada sobre él! El castigo horrendo por el pecado de toda la humanidad iba a ser derramado sin medida sobre él. Jesús, el Hijo amado, iba a ser separado del Padre y él y el Padre son “uno” “así como nosotros somos uno.” Juan 17:22. La profundidad de este misterio no lo podemos discernir con el entendimiento humano. 
La copa es el símbolo de la ira divina contra el pecado. Todo el pecado y la maldición que había sobre nosotros, Jesús lo tomaría sobre sí en la cruz, haciéndose abominable y sufriría el desprecio y el abandono del Padre porque en su santidad y justicia, el pecado no puede estar delante de sus ojos.

Jesús es el Hijo de Dios, es Dios, revestido de naturaleza humana y por tanto, tenía alma humana; esto hacía que fuera comprensible y normal en él esa manifestación humana de angustia, de profunda tristeza y de querer evitar la copa. “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” V.42. La copa era abominable para él, pero la acepta por amor a nosotros, porque esa era la misión a la que él venía, y era la voluntad del Padre.

En la oración del huerto, Jesús se somete totalmente a la voluntad del Padre, libre y consciente, con todos sus sentimientos y sus deseos humanos y su voluntad. Por eso dice: no se haga mi voluntad, sino la tuya.

Fue tan terrible ese momento que Cristo experimentó de dolor, de angustia, de tristeza y agonía en el huerto, que sus vasos capilares se reventaron y sudaba copiosamente, un sudor mezclado con sangre que caía hasta la tierra. Y dice la palabra que cada vez oró más intensamente y exclamó: “mi alma está triste hasta la muerte. Mt. 26:36. Aquí, él demuestra que es verdadero Dios y verdadero hombre; y se entristeció tanto, que vino un ángel del cielo a fortalecerlo, pues, de allí en adelante él estaría totalmente solo sin ningún auxilio enfrentando el castigo divino que era para nosotros.

El daño que el pecado causó en la creación fue tan horrible, que no había nada debajo del cielo que pudiera remediarlo. Y fue tan terrible lo que pasó entre el cielo y la tierra, entre Dios y su Hijo, que no lo podemos discernir en la carne.
Fue Dios mismo, en su Hijo, ofreciéndose y pagando por nosotros, por nuestra salvación, porque no había víctimas ni sacrificios suficientes, ni capaces de quitar el pecado del mundo.
Los sacrificios antiguos, solo apaciguaban por un tiempo la ira de Dios por el pecado, pero no lo quitaban. JESÚS fue, pues, el CORDERO de Dios, inmaculado para el sacrificio perfecto, para ser inmolado por nuestros pecados; sobre El en la cruz, fueron cargados todos los pecados del mundo; el suyo y el mío y el de todas las generaciones.
Él sufrió el desprecio y la humillación y se hizo maldito por nuestra maldición. Todo el peso del pecado estaba sobre él; sufrió la burla, el insulto, la soledad y el abandono; tuvo sed y le dieron a beber vinagre con hiel.
Desangrado y deshidratado totalmente, como a la hora sexta Jesús clama con gran voz al Padre:
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Mateo 27:46.
Pero el Padre no podía mirarle porque estaba hecho pecado sin ser él pecador. Perdió su belleza, coronado de espinas dolorosas, ensangrentado y llagado, estaba afeado por la inmundicia y Dios aborrece el pecado porque El es Santo y justo.

Todo está consumado, dice Jesús; es decir, todo está cumplido. Apuró toda la copa. Finalmente, con las pocas fuerzas que le quedan, grita a gran voz: “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!” Y expiró. Lucas 23:46.
En los versículos 43 y45, dice que hubo oscuridad y el velo del templo se rasgó por la mitad dándonos así entrada libre al Lugar Santísimo. Ya no eran necesarios más sacrificios de animales por nuestros pecados. ¡Jesucristo ya lo había hecho de una vez para siempre! ¡Gloria al Señor!

Solo en nuestro espíritu, y por la fe, podemos discernir el sacrificio de Jesús en la cruz por nosotros.
Estábamos perdidos y muertos en delitos y pecados. Ef.2:1. Al morir y resucitar, Cristo nos dio vida eterna.

Ahora, “¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos esa salvación tan grande?” Heb.2:3.

Hay siete copas de ira listas para ser derramadas sobre el mundo, Ap. 16:1, sobre todos aquellos que rechacen esa salvación tan grande, y persistan en vivir impíamente. No habrá piedad de Dios para aquellos que hayan hecho derramar la sangre de su Hijo en vano, rechazando la salvación.

Amado lector: no descuide ni arriesgue su salvación porque ya no hay, ni habrá más sacrificio.
Meditemos en esto siempre: Cristo fue el único sacrificio de expiación perfecto, suficiente y para siempre.

ÉL ES EL ÚNICO Y SUFICIENTE SALVADOR, NO HAY OTRO.

Si usted todavía no le ha rendido su vida a Cristo de verdad, arrepiéntase y recíbale como su Señor y Salvador y viva en obediencia a su palabra si quiere ser salvo. Dios le bendiga.

Orfilia Miranda L.


























martes, 26 de febrero de 2013

PEDRO Y CORNELIO



PEDRO Y CORNELIO
Algunos dicen que todas las religiones son iguales y son buenas. Que a Dios se puede llegar por distintos caminos, lo importante es creer en Dios.
Otros dicen: si creemos en Dios, hacemos buenas obras, nos portamos bien y no le hacemos mal a nadie, eso es suficiente para alcanzar la salvación.

Déjeme decirle que las dos ideas son equivocadas. Estas  ideas quedan totalmente desvirtuadas en la historia de Cornelio, en el capítulo 10 de los Hechos de los apóstoles. Esta historia nos demuestra que es necesario ir al conocimiento de Cristo, creer en él y recibirle para poder participar de la salvación.

En este texto de Hechos 10 hay dos palabras clave, CREER Y RECIBIR. Creer en Cristo y recibirle.
Los personajes principales en este relato bíblico, son Pedro y Cornelio.

*Pedro era un judío cristiano lleno de prejuicios todavía…él había observado toda su vida las costumbres y tradiciones judías, tenía unos esquemas muy arraigados que no sería tan fácil quebrarlos de la noche a la mañana. En esta visión, Dios le enseña cosas nuevas y le usa como mensajero para llevar el mensaje de salvación a Cesarea, a un hombre llamado Cornelio y a todos los que estaban con él, que eran gentiles.

*Cornelio era un centurión, (un oficial) del ejército romano: pagano de nacimiento, pero religioso, simpatizante del judaísmo. “Era piadoso y temeroso de Dios con toda su familia. Hacía obras de misericordia y oraba continuamente.” v.2. Esto le agradaba a Dios, PERO,…era necesario hacer algo más que eso para ser salvo: debía conocer a Jesús. Entonces, como en los tiempos antiguos, Dios le envía en visión un ángel mensajero a Cornelio con instrucciones precisas.

*Hechos 10:1-8, Cornelio y el ángel de Dios: Vimos la descripción de quién era Cornelio, su condición espiritual y moral. Que Dios escuchó sus oraciones porque venían de un corazón sincero. Sin embargo, sus oraciones y sus limosnas, no bastaban para asegurar a Cornelio la paz y el gozo de la salvación.
Dios le envió una revelación sobrenatural, a fin de llevarle al conocimiento del Salvador, quien le puede perdonar y transformar.

El ángel no vino a anunciarle el mensaje de la salvación a Cornelio; vino a darle instrucciones sobre lo que tenía que hacer para recibir la salvación. El “anuncio” del evangelio es misión de los discípulos y hoy es de nosotros los creyentes hombres y mujeres salvados, no de los ángeles.

*Observemos también a Pedro ante esta visión tan especial: Hechos. 10:9-16. El se encuentra en ayuno y oración, en un momento de comunión íntima con el Señor; momentos especiales en los que Dios suele manifestarse.
La visión de Pedro: “El cielo se abrió, y descendió un gran lienzo, tendido por las cuatro esquinas, lleno de animales cuadrúpedos, reptiles y aves de toda clase.”
También oyó algo: la voz de Dios. “Pedro, mata  y come.” En un principio Pedro no comprende; esta visión le produce un conflicto interior, porque lo que Dios le pedía hacer, según veía Pedro, era lo contrario de lo que le indicaba su religión. Aquí Dios le pide romper los esquemas de la ley antigua, del viejo pacto y empezar a actuar según el nuevo pacto de la salvación por gracia en Cristo.

*Dios le enseña a Pedro dos cosas:

1-Que él había purificado todos los alimentos. Porque después de establecido el nuevo pacto y la iglesia, Dios anuló la restricción de los alimentos. Marcos 7:18-19 “¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no lo contamina, porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos.

2-Le enseña que la salvación es para todos; que Dios ya no hace distinción entre judíos y gentiles; que la salvación es por gracia a todos los que la quieran recibir.
  
*Pedro y los mensajeros de Cornelio, Hechos 10:17-23: Aquí el Espíritu Santo le ayuda a Pedro a relacionar el mensaje divino con la realidad presente. En otro tiempo un judío jamás entraría un gentil a su casa y mucho menos tratándose de un soldado del ejército romano que eran odiados por los judíos.
Pedro entonces, fue con los mensajeros, no por la invitación de Cornelio en sí, sino porque el Espíritu Santo le convenció. Note aquí mi amado lector, que Pedro recibe el mensaje de Dios mismo, por el Espíritu Santo que ya mora en él como creyente.
Ya en casa de Cornelio, Pedro entiende bien la visión: versículos 28 y 29:
Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero;  pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo; por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar. Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir?”

*Pedro en la casa de Cornelio, versículos 30-33: Cornelio narra la visión a Pedro, el motivo de su llamado.
Si continuemos leyendo, vemos la disposición y alegría con que Cornelio espera a Pedro, hay un sincero y profundo deseo por escuchar el mensaje y había reunido a toda su familia y amigos en su casa para que también ellos recibieran el mensaje que traía Pedro.

*Finalmente, los resultados del mensaje entregado:
a) Vemos que la salvación que hay en Cristo, tiene carácter universal.
b) Que el mensaje es divino: Cristo JESÚS es nuestro Salvador en este mundo y será el Juez en la eternidad.
c) Que todos pueden recibir el perdón de los pecados por la fe en Cristo.
d) Que Dios derramó su Espíritu sobre los gentiles como evidencia divina de su conversión, y los nuevos creyentes se bautizaron para dar testimonio de su Fe.
e) Al recibir el Espíritu Santo, son transformados.
f) Que es el Espíritu Santo el que produce la vida nueva en el creyente, le inspira, lo sustenta y le guía.

Dios les bendiga.

Orfilia Miranda L.

viernes, 1 de febrero de 2013

La enseñanza en la iglesia



 La enseñanza en la iglesia


La enseñanza de la Palabra de Dios en la iglesia debe tener tres propósitos principales:
Informar, Formar y Transformar.

1-Informar: Cuando se da una enseñanza a la congregación, esta debe comunicar un conocimiento al intelecto con una idea clara y comprensible que le permita al oyente entender el mensaje y poderlo llevar a la práctica. Así como al cuerpo hay que proveerlo de nutrientes y cuidados para que crezca y se desarrolle normal y sanamente, al espíritu también hay que darle los elementos para que crezca y alcance sabiduría; y la sabiduría se logra  por el conocimiento de la Palabra. Jesús crecía en sabiduría y conocimiento delante de Dios y de los hombres. Lc.2:40,52.

2-Formar: Al entregar un mensaje claro, con ideas claras y ajustadas a la palabra de Dios, el oyente receptivo forma criterios sanos y principios conforme a esa palabra recibida. De aquí la responsabilidad de los que reciben el encargo de enseñar la Palabra. Stg.3:1, nos dice que no quieran hacerse maestros porque tienen mayor responsabilidad delante de Dios. Esto significa que los que tienen el llamado del Señor a este ministerio deben tener mucho cuidado con lo que enseñan.
Enseñar con responsabilidad, es enseñar de acuerdo siempre a la voluntad de Dios para su pueblo expresa en su palabra.
La enseñanza de la sana doctrina forma el carácter del creyente y lo lleva al conocimiento de la verdad; lo afirma en la fe en Cristo y lo motiva a escudriñar las escrituras.

Hoy tenemos un serio problema con las iglesias liberales que están enseñando toda clase de doctrinas, como la teología de la prosperidad que fomenta la codicia y el deseo desmedido de tener riquezas en abundancia; y la teología del solo amor que conducen al creyente a una vida espiritual débil; no enseñan a aborrecer al pecado ni a tener un arrepentimiento verdadero, argumentando que Dios te ama tanto e incondicionalmente, que solo mira tu corazón.
Estas enseñanzas no están formando a los creyentes conforme al evangelio de Jesucristo, sino que enseñan también que el cambio de vida no es tan importante, fomentando la unión libre, el adulterio y la fornicación. Encontramos en iglesias a personas, incluso ministros, que van por el tercer divorcio siendo ya creyentes.
Estos temas casi no se tocan en estas iglesias, y si lo hacen, lo hacen “con mucha suavidad para no lastimar a nadie.” Cuando le fue presentada a Jesús, la mujer adúltera, él la perdonó y le dijo que no pecara más. Juan 8:11, “Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” A lo largo de los evangelios podremos encontrar varias veces la misma expresión: “tus pecados te son perdonados, vete y no peques más.”
Jesús, fue muy compasivo con los pecadores arrepentidos y muy duro con los duros de corazón, con los hipócritas y religiosos.
La enseñanza, entonces, debe ser conforme a la Palabra de Dios para que pueda formar el carácter del creyente.

3-Transformar: Toda enseñanza que se da al pueblo de Dios, debe producir un efecto transformador y renovador en la vida de los creyentes: Ef.4:21-24. si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”

Según el texto, el mensaje necesariamente tiene que cambiar la vida del que lo escucha dispuesto, porque se cumple la palabra que dice que “toda la palabra es para redargüir, corregir e instruir en justicia.” 2ªT1.3:16.
La Palabra también es espada de dos filos muy cortante, que penetra hasta el alma y hasta los huesos y los tuétanos y esto produce dolor. Cuando la Palabra redarguye y corrige, es decir, nos remueve el pecado, duele, pero la palabra no se puede dar con anestesia, ni se puede adornar ni suavizar, de tal manera que el que oiga el mensaje ni lo tome en serio.

Muchas enseñanzas en los púlpitos se parecen más a un programa de cuenta chistes que una enseñanza de exhortación o doctrinal. No quiero decir con esto, que no nos podamos reír en un momento dado; pero la finalidad del predicador no es hacer reír a la gente con la enseñanza, sino edificar con ella a los oyentes.
La Palabra, al mismo tiempo que da consuelo y esperanza, es alimento espiritual a los creyentes; pero también es arma de juicio y ejecución para todos aquellos que no le entregan su vida a Cristo de verdad.

En un púlpito se pueden decir muchas cosas bonitas, pero que no llevan a las almas al conocimiento de la única verdad que las conduzca a la salvación. Como ya dijimos, en la iglesia del Señor, hoy se están enseñando muchas doctrinas engañosas, pero sabemos que solo hay “un evangelio verdadero”: el evangelio de Jesucristo. Gal. 1:6-9: Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo,  para seguir un evangelio diferente. No que haya otro,  sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Más si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciaren otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.”

Para que la iglesia crezca y haya transformación y florecimiento de los dones y ministerios, es necesario cuidar de la palabra que se da a la congregación. Una iglesia donde la enseñanza de la Palabra y la oración son pobres y no constituyen el alimento principal, son congregaciones con enanismo y desnutrición espiritual. En este caso, el cuerpo pastoral y el concejo de ancianos, deben revisar y examinar la calidad de la enseñanza que se le está dando al pueblo de Dios. La congregación por su parte, debe estar dispuesta y abierta a recibir el mensaje y aprovechar todos los recursos que la iglesia le brinde, como discipulados, estudios bíblicos, retiros, etc. para su formación y crecimiento.
De otro lado, para entregar una enseñanza efectiva y conforme al corazón de Dios, el predicador o maestro debe:
Ponerse en las manos de Dios y pedir revelación; no tratar de imitar a otros, porque  todos tenemos distinto llamado. (Distinta función) 1 Cor. 12:15-21
Mantener una vida recta delante de Dios y de buen testimonio ante los hombres. (Santidad) Tito 2:7-8
Mantener en todo momento la dignidad del cargo de embajador de Cristo. 2ªCor. 5:20.

Finalmente, deposite su confianza totalmente en el Señor para que tenga paz en su alma; Sal. 42:11; prepárese muy bien en oración y ayuno, escudriñe las escrituras y documéntese bien. Los resultados déjeselos al Espíritu Santo, que es el que santifica y transforma la vida de los creyentes que se disponen con un arrepentimiento sincero y un gran deseo de recibir la vida de la gracia.
Dios les bendiga.
Orfilia Miranda L.

“EL TESTIMONIO DE VERDAD”

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