domingo, 18 de octubre de 2020

BÁSTATE MI GRACIA

 BÁSTATE MI GRACIA

2ª Cor.12:7-10


v.7 “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado

un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca

sobremanera;

V8- respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí.

V9-Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por

tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el

poder de Cristo.

V10- Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en

persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.

-Necesitamos un agujón que nos atormente y nos recuerde que la gloria siempre es para Dios y

no para nosotros.

Algunos necesitarían una veintena de alacranes o escorpiones que los aguijonee para que no los

levante mucho la soberbia y la arrogancia.

-Si hay alguien que pueda hablar con autoridad de la suficiencia de la gracia de Dios, es el

apóstol Pablo.

El poder del Señor se manifiesta en nuestra debilidad, en nuestra impotencia, allí donde las

fuerzas se acaban, allí donde todas las posibilidades se han agotado, y solo nos queda rendirnos

y esperar…

Muchos, cuando llegamos a ese punto es cuando nos volvemos y clamamos a Dios. Antes no,

primero luchamos solos en nuestras fuerzas.

Y el Señor que está esperando que vengamos a él, nos dice, tranquilos, “bástate mi gracia”.

-La gracia de Dios, su poder, es suficiente, aprendamos eso; el Señor nos suple en todo.

Si nos llama a un ministerio, a cualquier tarea o servicio, él nos capacita.

Nos da la fortaleza para soportar el dolor, la enfermedad, la persecución, todas las pruebas que

lleguen a nuestra vida, sea lo que sea.

Pero tenemos que aprender a confiar en él absolutamente. ¡En Abandono total!

Soltarse, dejarse caer en él y descansar en él. Qué difícil,… (Testimonio).

¿Qué hacer cuando estamos en prueba?

1) Lo primero que tenemos que saber es que en toda prueba Dios tiene un propósito para

nosotros, venga de donde venga: disciplina, circunstancias naturales, pecado o ataque del

enemigo.

2) Antes de pensar en hacer cualquier cosa, acuda a Dios inmediatamente.

3) Espere qué va a hacer Dios con esa situación; qué le va a enseñar.

Aunque no haya sido puesta por Dios, si él la permitió, es con un propósito.


-Usted no ve lo que Dios ve, no conoce sus pensamientos, sus caminos no son los suyos, ni sus

pensamientos son los de él.

-Tenga cuidado con todo lo que le dicen; sea cauteloso. (Zofar)

-Job en su angustia dijo: “Mis ojos se oscurecieron por el dolor, y mis pensamientos todos son

como sombra” Job 17:7.

Y en ese mismo capítulo 17 v.11 él dice: “Pasaron mis días, fueron arrancados mis

pensamientos, los designios de mi corazón.”

Y siga en el 20:2 “Por cierto mis pensamientos me hacen responder, y por tanto me apresuro”.

Es fácil decir cosas apresuradamente cuando estamos angustiados, que en otro momento jamás

hubiéramos dicho. (Nos culpamos, o culpamos a otros).

-Cuando pasamos por pruebas duras, en la angustia y en el afán de solucionar o arreglar lo que

sea, se toman decisiones apresuradas y equivocadas.

No trate de ayudarle a Dios, no alargue ni enrede más las cosas.

Dejemos actuar a Dios, él nos conoce bien…Sal 139:1-9

“Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.

v2 Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme;

Has entendido desde lejos mis pensamientos.

v3 Has escudriñado mi andar y mi reposo,

Y todos mis caminos te son conocidos.”

No ay nada que no sea conocido de Dios.

Dios sabe lo que necesitamos, lo que nos conviene:

v.8 “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos,

dijo Jehová.

v.9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros

caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.”

Dios no piensa como nosotros, ni ve las cosas como las vemos nosotros y él tiene siempre

buenos propósitos para nosotros que no conocemos ni entendemos.

En la prueba se conoce el nivel de madurez de la fe que tenemos:

La forma de reaccionar y actuar en el momento de la prueba es el indicador de qué tan madura

es nuestra fe.

La madurez en la fe se obtiene en la medida que profundizamos en el conocimiento de nuestro

Padre y estrechamos nuestra relación con él. (Oración Palabra).

Entre más le conocemos, más le amamos y confiamos en él.


Ponga la mirada en el Señor antes que en el problema.

-Un nuevo creyente que apenas está conociendo a Dios y aprendiendo sobre la dinámica de la

fe, cuando llega la prueba, lo normal es mirar el problema antes que a Dios.

Mat 8:24-26 “Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían

la barca; pero él dormía.”

“Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos!

-Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe?”

Si ellos hubieran tenido la certeza de que el que estaba con ellos era el Hijo de Dios, se hubieran

sentido confiados.

El que ha crecido en el conocimiento del Señor ha aprendido a confiar en él y cuando llegan las

pruebas primero mira al Señor y después el problema.

Veamos aquí a un hombre que conocía a su Dios y su poder y se sentía seguro en él, en medio

de las amenazas de sus enemigos: Ezequías.

2Cr. 32:7 “Esforzaos y animaos; no temáis, ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la

multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él.

2Cr. 32:8 Con él está el brazo de carne, mas con nosotros está Jehová nuestro Dios para

ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo tuvo confianza en las palabras de Ezequías

rey de Judá”.

Luego Senaquerib asombrado de ver que ellos no estuvieran atemorizados, envió sus siervos

a Jerusalén para decirle a Ezequías rey de Judá:

2Cr. 32:10 “Así ha dicho Senaquerib rey de los asirios: ¿En quién confiáis vosotros, al resistir

el sitio en Jerusalén?” y empezó a vociferar para infundir temor y blasfemar el nombre de Dios

y Dios los arrasó a todos.

Ese es el Dios Poderoso que tenemos. Sea lo que sea, venga lo que venga,…el Señor dice:

“Bástate mi gracia”

Orfilia Miranda Londoño

jueves, 24 de septiembre de 2020

                                                 Recibir la recompensa

No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.” 

Hebreos 10:35-36

La mayoría de nosotros tenemos una idea distorsionada acerca de la paciencia. Pensamos que es algo que nos ayudará a sufrir el fracaso con abnegación, pero según estos versículos, la paciencia nos pondrá en el camino al éxito.

La paciencia, o la constancia, es el poder gemelo de la fe. Ambas trabajan para que las promesas de Dios se cumplan en su vida. 

Por ejemplo: digamos que usted necesita trabajo. Entonces abre la Palabra y ahí puede ver que Dios promete suplir lo que necesita y que él se complace en la prosperidad de sus siervos. Una vez que se da cuenta de esas verdades, la fe cobra fuerza y usted exclama: 

“Aleluya, tengo el trabajo que necesito”. 

Pero ¿Qué sucede con esa fe si mañana usted va a cinco entrevistas de trabajo, pero no tiene éxito con ninguna? ¿Entonces qué? Pues, entonces es cuando la paciencia tiene que entrar en acción y usted tiene que tomar la decisión de ser constante y de actuar como si nada hubiera cambiado. 

La verdad es que, si usted puso su confianza en la Palabra de Dios, nada ha cambiado; lo que la Palabra de Dios dijo ayer lo dice igualmente hoy.

La fe abre la puerta a la promesa de Dios y la paciencia la mantiene abierta hasta que esa promesa se cumpla.

¿Tiene su mirada de fe puesta en alguna promesa de Dios, alguna promesa que ha estado esperando por algún tiempo?

No deje que la demora lo desaliente. Ponga la paciencia en acción. La Palabra garantiza que usted recibirá su recompensa.

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” Heb.11:1

Señor, sin importar las circunstancias, por favor ayúdame a seguir adelante, aprendiendo a ser paciente y a esperar por tus tiempos y tus planes que son los más altos. Amén.


John Maxwell


viernes, 19 de abril de 2019

“MÁS ESTA ES VUESTRA HORA, Y LA POTESTAD DE LAS TINIEBLAS”



Por Sugel Michelén 
Luego de haber comido la Pascua y haber instituido la Santa Cena, el Señor Jesucristo atravesó con Sus discípulos el arroyo de Cedrón y se dirigió al huerto de Getsemaní. Allí derramó Su alma delante de Dios en oración y fue fortalecido por un ángel para seguir adelante con la obra que había venido a hacer.

Una de las razones por las que Jesús decidió visitar el huerto esa noche, era el hecho de que Judas conocía el lugar, y así el Señor se aseguraba de que Sus enemigos lo encontrarían más fácilmente. En Jn. 18:2 dice que “Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con Sus discípulos”.
El Señor no fue tomado por sorpresa aquella noche. Escapar hubiese sido la cosa más fácil del mundo, pero Él evitó adrede cualquier palabra o acción que pudiera ayudarle en Su liberación. En Mt. 26:53 Cristo le hace saber a Pedro que, con sólo pedírselo al Padre, tendría a Su disposición más de doce legiones de ángeles. Y en Jn. 18:6 vemos que en el momento en que la turba se presentó a arrestarle y el Señor se identificó a Sí mismo, todos fueron derribados a tierra por un poder milagroso.

Cristo habría podido impedir el arresto, pero no lo hizo porque Él había venido a morir por los Suyos. Después de la agonía de Getsemaní el camino estaba trazado sin posibilidad de cambio: primero el juicio y luego la cruz.

Para eso fue al huerto aquella noche, para ser apresado por Sus enemigos. Noten Sus palabras en los vers. 52-53
Y Jesús dijo a los principales sacerdotes, a los jefes de la guardia del templo y a los ancianos, que habían venido contra él: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos? Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas”.
Es precisamente a estas últimas palabras a las que deseo llamar vuestra atención en esta breve meditación.

Lo primero que estas palabras nos enseñan es que ese tiempo había sido señalado en el decreto divino.

En el texto paralelo de Mateo, en Mt. 26:55, Cristo añade: “Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas”. Dios estaba llevando a cabo Su plan soberano de redención, aunque al mismo tiempo ellos eran responsables de sus acciones. “Uds. decidieron hacerlo en esta hora, cuando hubiesen podido prenderme en otro momento. Esa fue vuestra decisión, pero al hacerlo estaban cumpliendo, sin saberlo, el decreto de Dios y los escritos de los profetas”.
Ellos no actuaron en inocencia, como robots programados. No. Todo cuanto hicieron esa noche era lo que querían hacer: matar a Cristo; y lo hicieron movidos por su odio, no por el decreto de Dios (comp. Hch. 2:23, 36-38; 3:13-15). Pero al hacerlo, llevaron a cabo el propósito eterno de Dios: “Esta es vuestra hora”; el tiempo que Dios les había asignado en Sus decretos para que hicieran lo que hicieron.

Esto ciertamente es un misterio que no podemos comprender del todo, pero no porque sea irracional, sino porque no tenemos toda la información que necesitamos. Estos hombres odiaban a Cristo y querían llevarlo a la cruz. Pero no pudieron hacerlo hasta que llegara el momento señalado por Dios en Sus decretos (comp. Jn. 2:4; 7;6, 8, 30; 8:20; 12:23, 27; 13:1; 16:32; 17:1).

Pero el texto nos enseña también que esta era una hora en la que Dios había permitido al reino tenebroso del mal llevar a cabo su voluntad.

Como bien señala Frederick Lehay: “Dios había reservado esta hora para Satanás… esta hora era especialmente suya… En esta terrible hora Satanás tuvo rienda suelta. En el caso de Job Dios le puso un límite a la actividad de Satanás. En la experiencia de Cristo no hubo límite para la embestida… Él era libre de hacer lo peor y lo hizo”.

Sólo eso puede explicar la saña irracional que toda esta gente volcó contra Cristo esa noche. Seguramente no ha habido otro tiempo en la historia humana cuando el mal se haya manifestado en todo su horrible poder como en ese momento. El Señor tenía que vencer al maligno en el mismo terreno donde el hombre había perdido la batalla, pero ¡qué precio tan grande tuvo que pagar por ello!

Cristo, nuestro Salvador, tuvo que enfrentarse cara a cara con los poderes del mal, para que nosotros pudiésemos disfrutar hoy de la protección de Dios. Él no tuvo ninguna protección en ese momento porque estaba sufriendo en nuestro lugar el castigo que los Suyos merecíamos por nuestros pecados.

Esta escena de los evangelios nos muestra una vez más cuán grande es el amor de Dios para con Sus elegidos. El Padre entregó a Su propio Hijo para salvar a un grupo de hombres y mujeres que le aborrecían; y Dios el Hijo vino voluntariamente a sufrir las consecuencias de nuestros pecados, para que nosotros pudiésemos ser librados de tales consecuencias (comp. Rom. 8:31-32).

Pero también nos enseña que aún las horas más oscuras están contempladas en los decretos de Dios; y a final de cuentas, Él usará los episodios más terribles para la gloria de Su nombre y el bien de Su pueblo.

Hay ocasiones en las que el diablo desciende con más furor sobre los creyentes (de ahí la exhortación de Pablo en Ef. 6:10-11, 13). Pero aún en esas horas oscuras tenemos que ver a Dios por la fe llevando a cabo Sus decretos eternos.
Nuestro Dios no tiene nada que ver con el pecado (Sant. 1:13), pero el pecado no se escapa de Su control. Y qué bueno que es así. Si el Señor no controlara el pecado, este mundo sería un caos total.

No tenemos en este momento toda la información que se requiere para desvelar todos los misterios, pero la información que tenemos es suficiente para descansar confiados en Aquel que es Rey de reyes y Señor de señores, cuyo amor es tan grande que estuvo dispuesto a dejar Su trono de gloria, asumir una naturaleza humana semejante en todo a la nuestra, pero sin pecado, y luego vencer al diablo en nuestro lugar, para que nosotros participemos eternamente de Su victoria.

Adorémosle hoy como Él merece, proclamando Su gloria y Sus virtudes, con el gozo de saber que estamos en Sus manos. Independientemente de las circunstancias que nos rodean en estos momentos, Él sigue siendo el único y sabio Dios en el cual podemos seguir confiando en las horas más oscuras y tenebrosas.

© Por Sugel Michelén.
6 de Septiembre de 2009

martes, 19 de febrero de 2019

Nicodemo


Texto: Jn. 3:1-15

¿Quién era Nicodemo?
Nicodemo era un fariseo destacado y miembro del sanedrín, la principal entidad gubernamental de los judíos, “un principal entre los judíos”, que en algún momento llegó a creer en Jesús y arriesgó su reputación y su propia vida al colaborar para que Jesús tuviera una sepultura digna. Jn. 19, 39.

¿Quiénes eran los fariseos?

Los fariseos eran una secta judía no muy numerosa, legalista y conocida por su rigidez y apego al cumplimiento de los más mínimos detalles de las ceremonias ordenadas en la ley. Su nombre significa “los apartados”. Se dedicaban al estudio minucioso de la ley y a hacer que se cumpliera cabalmente, aun cometiendo injusticia. Por esta causa, los encuentros de Jesús con los fariseos, siempre fueron conflictivos. El los desaprobó porque usaban la tradición humana para anular las Escrituras y por su manifiesta hipocresía.
Ellos se consideraban eruditos o expertos en el conocimiento de la ley, y consideraban al resto de los mortales como “ignorantes”;  pero poco escudriñaban las Escrituras en lo tocante a los tiempos y señales acerca de la venida del Mesías el Salvador.
Ignoraban el significado de las señales de los tiempos porque tenían ceguera espiritual. Por eso en otra oportunidad Jesús los recriminó diciéndoles que eran “ciegos guiando a otros ciegos”.

Nicodemo vino a Jesús de noche

Nicodemo sentía una simpatía hacia Jesús y una inquietud por todo lo que escuchaba hablar de él, de las cosas que Jesús decía y hacía; quería acercarse a él,  pero tenía temor, pues, un encuentro público con Jesús lo dejaría muy mal con sus colegas fariseos y perdería la buena reputación que tenía entre ellos; por eso vino a Jesús de noche.

Nicodemo aunque estudiaba las Escrituras, no tenía idea de quién era Jesús, pero sí estaba seguro de una sola cosa: este hombre tenía que haber venido de Dios para hablar con tanta sabiduría y actuar con ese poder. Esto no es de alguien terrenal:
Jn. 3:2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.

En ningún momento se le ocurrió pensar en relacionarlo con el Mesías prometido.
La ceguera espiritual de los fariseos no les había permitido entender las Escrituras; no habían entendido los repetidos anuncios de los profetas que tanto anunciaron al Mesías.  Es así que cuando llegó el Mesías no lo reconocieron. En eso eran completamente ignorantes y ciegos.
No habían entendido nada acerca de la misión de Jesús ni del Espíritu Santo. Eran tan instruidos, y no entendían las palabras de Jesús, las parábolas, ni lo reconocieron como el Hijo de Dios, ni reconocieron los tiempos.
Todo estaba delante de sus ojos pero ellos no lo veían ni lo entendían. Se quedaron solo con la ley, con el “legalismo”, con lo religioso e ignoraron las palabras de los profetas sobre este acontecimiento tan importante como era la venida del Mesías el Salvador tan esperado por todos.

Los creyentes hoy debemos estar atentos sobre qué clase de conocimiento es el que tenemos de Dios el Padre, de Jesús el Salvador, del Espíritu Santo en la vida de los creyentes.
Como los fariseos, podemos caer en una rutina de religiosidad nada más, sin hacer una entrega y consagración genuinas al Señor.
Como los fariseos, podemos llenarnos de conocimiento, saber muchos versículos bíblicos de memoria, y hasta tener profundos estudios teológicos pero no tener una experiencia real con Jesús.
Finalmente, podemos caer en el emocionalismo, y hasta hacer la oración de fe y creer que hemos nacido de nuevo y no ser así, porque aún no hemos nacido del Espíritu y del lavamiento del pecado por el arrepentimiento de nuestros pecados.

Podemos estar creyendo que ya somos salvos, cuando en realidad esa aparente entrega fue solo una emoción, y las emociones pasan rápido y quedamos vacíos, viviendo una religiosidad y en la misma vida carnal.  

Podemos estar ciegos y tener el entendimiento tan cerrado a la revelación de la Palabra, y aceptar cualquier doctrina liviana o herética que no nos va a transformar ni a producir crecimiento sino confusión; porque si no tenemos al Espíritu Santo, él es el que nos da el discernimiento para saber diferenciar el bien y el mal.
Es el Espíritu Santo el que nos santifica, nos transforma, nos anima, nos consuela y nos revela la Palabra del Señor.  
Nicodemo no soportó las dudas acerca de Jesús, y decidió venir a él de noche.
Como Nicodemo, vengamos a Jesús y pidámosle que se revele a nosotros; que quite la venda de nuestros ojos para que le podamos ver.
Y si no hemos recibido a Jesús todavía, aceptémoslo como El Salvador personal y el Señor de nuestras vidas.
Y los que ya le hemos recibido, renovemos nuestra entrega y consagración a él, y salgamos de la indiferencia, mediocridad y religiosidad.
No tengamos miedo ni temor, y mucho menos vergüenza de que nuestros compañeros de trabajo, amigos y familiares no creyentes, sepan que amamos y seguimos a Cristo.

Amado lector: no importa cuánto tiempo tenga usted viniendo a una iglesia, o tal vez no asista a ninguna:
-¿Sabe usted quién es Jesús?
-¿Ya le recibió como su SEÑOR y Salvador personal, invitándole a entrar en su corazón?
-Según Jn.3:5, ¿usted ha nacido de nuevo, del agua y del Espíritu?
¿Siente que su mente está siendo renovada por la Palabra de Dios?  

Les dejo con esta reflexión, Dios les bendiga.

                                     Orfilia Miranda Londoño


martes, 4 de diciembre de 2018

SALGA DE SU TIENDA Y MIRE A LOS CIELOS


Gén 12:1 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Gén 12:2  Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Gén 12:3  Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

Cuando obedecemos a Dios y nos desacomodamos para obedecer lo que él nos pide que hagamos, nos convertimos en bendición para otros.

Dios nos pide también que abandonemos o separemos de nosotros todo lo que estorba para recibir la gracia y la bendición de Dios:
Andar con Lot se había convertido en un problema para Abraham; los criados de Lot peleaban con los de Abraham por el agua y el territorio y vivían en contienda. A pesar de que era su pariente, Abraham tuvo que hablar con su sobrino Lot y pedirle que se separara de él, ya no podrían seguir conviviendo en el mismo lugar.

Muchas veces es necesario abandonar un lugar, personas, cosas y hasta comodidades, para poder cumplir la voluntad de Dios y recibir bendición. Así que debemos separarnos de todo aquello que nos causa problemas y nos quita la paz interior, haciéndonos desenfocar de lo verdaderamente importante, que es la relación con el Señor.  

Cuando Abraham se separa de Lot, Dios le vuelve a hablar a Abraham:

*Gén 13:14 Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y al sur, y al oriente y al occidente.
 Gén 13:15 Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre.
Gén 13:16 Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada.

Esta promesa de Dios es incomprensible para Abraham, Dios le está hablando de multitudes cuando no tiene la posibilidad de tener hijos. Pero Abraham en fe sigue escuchando a Dios y obedeciendo en todo lo que él manda.
Gén 13:17 Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré.
 Gén 13:18 Abram, pues, removiendo su tienda, vino y moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová.
Abraham vuelve a remover su tienda para trasladarse a otro lugar en obediencia; pero le costaba creer lo de la descendencia numerosa: había una piedra muy grande que le estorbaba creer: La ESTERILIDAD DE Sara. Pues, mientras tanto, el tiempo pasaba y su esposa se hacía cada vez más vieja para tener hijos.

Gén 15:2  Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer? Gén 15:3 Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa.
Abraham estaba razonando en lo natural, tenía la mirada en las cosas temporales y terrenales y en sus divagaciones solo miraba hacia el suelo; entonces Dios lo saca de la tienda para que mire hacia el firmamento:
Gén 15:5  Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.” 
Es cuando Abraham mira hacia arriba, hacia los cielos, y ve que lo que Dios tiene para él es infinitamente grande y eterno; entonces entendió y todos los obstáculos de esterilidad de su mente, fueron vencidos y creyó.
Gén 15:6  Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia. Vino a ser el padre de la fe.

Cuántas veces Dios nos habla y no entendemos; es necesario entonces salir de nuestra tienda de la comodidad, de la ceguera espiritual y de las limitaciones de nuestro entendimiento, y mirar hacia los cielos, hacia la eternidad, para entender el propósito que Dios tiene para nuestra vida.
Esto puede muchas veces implicar movernos de un lugar a otro, hasta de país, dejar amigos de toda la vida para movernos en obediencia o cambiar de trabajo.
Muchas veces las circunstancias nos han llevado a tomar decisiones drásticas que han afectado nuestra vida y no hemos entendido porqué, pero pasado un tiempo el Señor nos ha permitido comprenderlo.

Pidamos al Señor una fe firme con la que podamos derribar todo argumento mental que nos impida hacer su voluntad, crecer y caminar en santidad. Que nos dé una confianza absoluta en él para tener siempre la mirada en las cosas celestiales y no en las terrenales.

¿Cuando estamos afligidos, ponemos la mirada en los cielos, o seguimos mirando las circunstancias? 


Orfilia Miranda Londoño





lunes, 1 de octubre de 2018

COMO IDENTIFICAR UN FALSO MAESTRO


1.- Sus enseñanzas y su mensaje, están dirigidos a agradar al oyente.
Dios por medio de Pablo, advirtió a Timoteo y a nosotros que vendría un tiempo en que la gente no soportaría la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, amontonarían para sí mismos maestros conforme a sus deseos, (2ª.Timoteo 4:3) es decir que rechazarían La Palabra de Dios por considerarla muy dura y buscarían maestros que enseñen solamente lo que ellos quieren escuchar, todo lo que los haga sentir cómodos, grandes, poderosos e importantes.
El hombre natural en su condición caída no desea venir a la luz para que sus obras no sean confrontadas, pero para tranquilizar su conciencia busca un tipo de religiosidad que no lo acuse, que no le demande cambios, que le permita vivir como quiere pero que lo haga sentir “bueno” y piadoso.

2.- No basa su mensaje en La Palabra de Dios
Algunos tratan de utilizar versos totalmente fuera de contexto para apoyar su falsa doctrina, pero en nuestros días debido al desinterés, al desconocimiento y a la apatía o indiferencia que la mayoría de asistentes a la Iglesia muestra al respecto de conocer y estudiar las Escrituras, ya ni siquiera es necesario citar la Biblia, basta con que lo que enseñan sea algo agradable al oído de quien lo escucha para que sea aceptado. La Palabra de Dios ha sido substituida por psicología, metafísica, filosofía, auto-ayuda o pensamientos positivos de superación personal, donde la gloria es para el hombre, y poco importa si Dios es glorificado o no. También se substituye La Palabra de Dios por “revelaciones” extra-bíblicas, donde el supuesto maestro, o pastor, habla o escribe mensajes de positivismo en primera persona y dando la impresión de que es Dios quien habla. Si fuese Dios quien habla por medio de esta persona, lo que escribe tendría la misma inerrancia (estaría libre de error) y autoridad que el resto de La Biblia y por ser Palabra de Dios, debería ser añadido a La Biblia; pero el único problema es que Dios expresamente prohibió añadir a Su Palabra (Apocalipsis 22:18). Cualquier escrito que afirme ser “palabra de Dios” y no esté en La Biblia es falso. Ejemplos de esto son Joyce Meyer, Sarah Young y las “maestras” hispanas imitadoras de sus falsos ministerios.

3.- El dinero ocupa un lugar muy importante en su predicación
Si no ocupa el lugar más importante, ocupará uno muy importante en su mensaje. Un falso maestro no está en el “ministerio” por amor a Dios o a las almas de quienes lo escuchan, está allí por el dinero, fama, prestigio, poder e imagen. Tristemente estos hombres reciben una gran respuesta pues apelan o atraen la codicia en los oyentes, proponen “pactar” con Dios para obtener multiplicado lo que se está ofrendando. Hacen mucho énfasis en “enseñar” a quien los escucha el modelo correcto de cómo diezmar u ofrendar, sacando para ello versos de contexto y torciendo la Palabra de Dios. Si usted es alguien que escucha y simpatiza con estos predicadores de prosperidad, ¿se ha preguntado alguna vez porque ellos mismos no “pactan” con Dios, dando todas sus posesiones a los pobres para que Dios se los devuelva multiplicado?, si es cierto que ese es el plan de Dios, ¿por qué no hacerlo?, es más, ¿por qué no hacerlo público para terminar con todas las personas que los atacan debido a su avaricia y a su estilo de vida rodeados de lujos? Un poco de sentido común nos demuestra la falsedad de sus “enseñanzas” independiente de que al confrontarlas con la Biblia es evidente que no se sostienen. Dios NO vende sus bendiciones, ni milagros, ni sanidades, Dios NO acepta soborno (Deuteronomio 10:17). Dios prosperará su trabajo y su esfuerzo y lo bendecirá al obedecer Su Palabra, la prioridad NO son las cosas terrenales, es el Reino de Dios y Su Justicia.

4.- Su mensaje no promueve la santidad, ni busca la Gloria de Dios
En su mensaje no atacará el pecado en nosotros, ni nos motivará a rendirnos a Dios, al contrario, nos compadecerá por lo mucho que hemos sufrido, tratará de animarnos a mejorar nuestra propia imagen y a sentirnos fuertes, grandes y capaces. El hombre por definición Bíblica es malo, perverso, engañoso, pecador y no tiene inclinación natural a lo bueno; le es imposible cambiarse a sí mismo de igual forma que un leopardo no puede quitarse las manchas, no busca a Dios y se ha desviado del camino de la verdad. Es debido a esto que necesitamos un Salvador que nos reciba únicamente por Gracia (regalo inmerecido) porque no tenemos nada que podamos ofrecer a Dios que tenga ningún valor, nuestras obras más justas son como trapos de inmundicia ante un Dios santo. La Biblia enseña que TODO lo que hagamos debe ser enfocado a darle Gloria a Dios, nuestra vida, nuestras metas, nuestro sufrimiento y aun nuestra muerte.

5.- El centro de su evangelio es el hombre y no Cristo
Para un falso maestro el hombre es tan importante que Dios no podía permitirse perderlo, según ellos fue por eso que Dios envió a su hijo, ellos afirman que el hombre es poderoso pues posee poder creativo en su boca para decretar bendición o maldición sobre otros y sobre sí mismo, para ellos realmente la soberanía de Dios no es importante, pues si el hombre decreta Dios está obligado a obedecer. El arrepentimiento para ellos es un cambio de mente, pero no para pasar de pecado a santidad como enseña La Biblia, sino de una mente negativa a una mente positiva. Esto de acuerdo a Las Escrituras es morir con una actitud “positiva” en pecado bajo el engaño de una falsa salvación y caminar de manera muy optimista a condenación eterna en el infierno.

6 - Su Biblia es “positiva”
Positiva entre comillas, pues, aunque TODA La Palabra de Dios es buena y perfecta, para un falso maestro todos los pasajes de advertencia, reprensión o juicio deben ser excluidos de la predicación, mientras que todas las promesas, sin importar su contexto, ellos afirman que están dirigidas a sus oyentes, pues la idea es agradarlos a ellos, aunque no se agrade a Dios. No se estudia TODO el consejo de La Palabra de Dios, sino solo aquellos versos que convienen y gustan a nuestra carne. Si el pasaje, enseñanza o verso es contrario a lo que el hombre quiere hacer, simplemente hay que ignorarlo, o “re-interpretarlo” de manera que sea más conveniente, enseñan que puede ser cultural y ya no nos aplica a nosotros o puede ser una alegoría espiritual que no nos obliga en ninguna manera, esto es absolutamente FALSO. La Biblia nos dice que la hierba se seca y la flor se cae, MAS LA PALABRA DE DIOS PERMANECE PARA SIEMPRE, no hay siete, ni tres, hay solamente dos significados o interpretaciones, una es correcta y todas las demás incorrectas, nosotros elegimos si aceptar La Palabra de Dios y obedecerla o rechazarla.
La Palabra de Dios no se adapta a las épocas y a los hombres, tampoco está sujeta a la aprobación o desaprobación del ser humano, es La Palabra de Dios nos guste o no.

7 - Se denigra La Persona de Jesucristo
Buscando agradar a sus oyentes hay quienes enseñan que el hombre es un pequeño “dios”, que tiene poder creativo en sus labios, autoridad sobre la vida y la muerte, y que es exactamente igual a Jesús. Ellos afirman que Jesús era solo un hombre hasta que fue revestido del poder del Espíritu Santo (Joel y Victoria Osteen), otro afirma que el Espíritu Santo le dio una profecía donde Jesús decía que Él nunca había afirmado ser Dios (Keneth Copeland) quien además afirma que un creyente no es parecido a Jesús sino exactamente igual a Jesús, y otro afirma que si hubiera vivido en tiempos de Jesús se habría perdido, pues él es demasiado “educado” para seguir a un hombre que escupía en los ciegos para sanarlos (Carlos Luna). Estos comentarios son Blasfemias que atacan la Persona y la Deidad de Jesucristo en un intento de agradar al hombre elevándolo, aunque eso implique denigrar al Señor. Lo triste es que el “pueblo de Dios” dice “Amén” y aplaude.

8.- Se presenta como evidencia de la aprobación de Dios el realizar milagros y sanidades
La mayoría de los seres humanos tienen temor a la muerte y a la enfermedad, muchas personas sufren en su propia persona o en su familia de enfermedades y buscan la solución. Muchas personas han sufrido por mucho tiempo y se aferran a las promesas que han escuchado como estas: que Dios siempre sana, y que no es la voluntad de Dios que una persona esté enferma.
Es cierto Dios tiene poder, y es cierto Dios sana, pero es importante saber que Dios sana de acuerdo a Su Soberana voluntad, no a todas las personas, no en todos los casos. La enfermedad y la muerte entraron al mundo por causa del pecado de Adán, y en algunos casos las enfermedades son consecuencias directas de pecados de las personas por abusar de sus propios cuerpos con adicciones, NO en todos los casos, lo que sí es verdad es que en todos los casos Dios lo permite y Dios tiene un propósito que sólo Él conoce. Los milagros NO son la certificación de que una persona viene de Dios, en 2ª.Tesalonicenses 2:9-12 vemos que el anticristo tendrá el poder de hacer señales y prodigios (milagros) para engañar a los que se pierden por no recibir el amor de LA VERDAD para ser salvos, Satanás tiene ese poder y lo confiere a sus ministros, y Dios lo permite como juicio para quienes no reciben la verdad sino que se complacen en la iniquidad.

Si reconoce alguna o todas estas características en uno de sus maestros o predicadores favoritos, por favor, tome su Biblia y pídale a Dios en oración que lo ayude a tener sed de SU Palabra, estúdiela en su debido contexto y examine todo lo que escuche y lea. ¿Por qué es importante hacerlo? porque un falso maestro es un emisario de Satanás y su objetivo no es que usted pierda bendiciones, sino que sea condenado eternamente por creer un falso evangelio que adora a un falso dios y que es incapaz de ofrecer verdadera Salvación. Acostúmbrese a examinar TODO lo que escucha o lee a la luz de la Biblia, también examine esta nota, sea más noble como los hermanos de Berea en Hechos 17:11, es a Dios a quien servimos y es nuestra eternidad la que está en juego.

Tomado del Ministerio “Predica la Palabra.

jueves, 23 de agosto de 2018

¿Quién es Jesucristo?


Jesucristo es el Hijo de Dios, el Verbo encarnado, la Palabra misma de Dios el Padre, hecha carne.
Jn. 1:14 “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

Jesucristo ha existido desde siempre igual que el Padre, en el Padre y en la misma Deidad. En toda la creación del universo él estaba presente y todas las cosas por él fueron hechas, sin él nada ha sido hecho. En él estaba también la fuente de la vida que es la luz de los hombres. Jn. 1:1En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
Jn. 1:2 Este era en el principio con Dios.
Jn. 1:3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
Jn. 1:4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Cuando Dios dice: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, nos está creando con ciertos privilegios y prerrogativas que no tienen el resto de los seres creados; nos crea espirituales, con inteligencia, con voluntad para elegir y decidir, con capacidad de pensamiento y lenguaje; la muerte, la enfermedad y el sufrimiento no estaban contemplados para nosotros; y nos dio autoridad y dominio sobre la creación.
“Gén. 1:26 “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.”

Todo era bonito y perfecto; el hombre vivía en total felicidad y no conocía el mal, pero por el pecado de desobediencia de Adán el hombre se corrompió y se separó de Dios; pierde la santidad y el paraíso de felicidad, de pureza y de inmortalidad. Queda a expensas de toda clase de males y calamidades físicas y espirituales. Queda en tinieblas, dolor y muerte.
Debajo del cielo, en lo temporal y humano, no hay absolutamente nada ni nadie que pueda sacarlo de este estado de miseria y restituirle todo lo que perdió por desobediencia a Dios.

Dios que es Padre compasivo de amor y misericordia, responsable de su creación, provee la solución; solución que solo puede venir de arriba, de lo alto, de lo santo, de lo puro y perfecto: JESUCRISTO su Hijo.
El Verbo de Dios, el unigénito del Padre, el Mesías, el Redentor, el Salvador del mundo, viene a nosotros. Jesucristo como fuente de vida viene a darnos vida eterna otra vez; como fuente de la luz verdadera, viene a disipar nuestras tinieblas del pecado y a restituirnos a la luz de la gracia. ¡Ese es JESUCRISTO!
Jesucristo, es el amor del Padre revelado a nosotros, él es la imagen misma de su sustancia.

Hebreos 1:1-3 “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3  EL CUAL,  SIENDO EL RESPLANDOR DE SU GLORIA, Y LA IMAGEN MISMA DE SU SUSTANCIA, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”.

Dios, que ya había hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los Padres por los profetas, hoy nos habla por su Hijo Jesucristo. Y este versículo 3 nos revela la esencia de la divinidad de nuestro Señor Jesucristo: “el cual (Cristo) siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia…”, Jesucristo es Dios, y solo él podía redimir a los hombres de la esclavitud del pecado.
Durante su ministerio, Jesús mismo decía quién era, cuando afirmaba:
Yo soy la luz del mundo; Yo soy la verdad y la vida; yo soy el camino; nadie viene al Padre sino por mí.” Su mensaje es claro.
Al hacerse partícipe de nuestra naturaleza humana, participó también de nuestras limitaciones, pobreza, rechazo, soledad, abandono, críticas, calumnias, golpes, escarnios, tristeza, y finalmente el martirio de la cruz y la muerte.

Pero lo más grandioso y sublime de Cristo, como todos sabemos, es que se levantó al tercer día de la sepultura. ¡La muerte no tuvo poder sobre él para retenerlo, y he aquí su VICTORIA, nuestra victoria!
Finalmente, cumplido su ministerio, Jesucristo vuelve al cielo y se sienta a la diestra del Padre. Pero ya no nos deja solos, nos envía el Espíritu Santo, el Consolador.
Sólo el Espíritu Santo nos puede redargüir y llevar a los pies del Señor Jesucristo.

Pudiéramos seguir hablando de Jesucristo, de su amor, su bondad… y seguramente no terminaríamos…hablar de Cristo es precioso; pero más grandioso es experimentarlo en nuestra vida.

¿Para usted, quién es Jesucristo?
¿Es Jesucristo el Salvador y Señor de su vida?
Si no lo es todavía, le invito a recibirlo en su corazón.

Dios les bendiga y hasta pronto.

Orfilia Miranda Londoño


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