martes, 14 de enero de 2014

EL CREYENTE EMPIEZA EL AÑO NUEVO CONFIADO EN DIOS



 “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” Texto: Isaías 41:10

Para los creyentes, el enfrentarnos a un año nuevo, no nos debe producir temor ni inquietud por todas aquellas cosas nuevas que vengan y para las cuales, tal vez, no estemos preparados. Pues estamos bajo la promesa de protección y ayuda de parte del Señor, como dice la Palabra en Isaías 41:10, el texto que hemos tomado para la reflexión de hoy.
Sin embargo, confiar en Dios, no significa que nos echemos a dormir tranquilos a esperar que todo nos caiga del cielo o que todo se produzca milagrosamente. No. 
Debemos trabajar y esforzarnos porque Dios está con nosotros dándonos fuerzas para cambiar o mejorar las distintas situaciones de la vida.
El nos sostiene y nos sustenta con su diestra en todo momento. Es decir, no estamos luchando en nuestras propias fuerzas, no estamos solos; él está con nosotros; sólo tenemos que aprender a confiar en él haciendo siempre la parte que nos toca hacer a nosotros.
El escritor Michel Quoits en su libro Triunfo, decía: “Dios provee para cada pájaro un gusanito pero no se lo echa en el nido.” Ciertamente, los pájaros muchas veces tienen que volar grandes distancias en busca de su comida pero siempre la encuentran. Las laboriosas abejas recorren también por distantes lugares en busca del polen para su miel y lo encuentran. Todas las metas requieren de valor y esfuerzo para lograrlas.

Dios le dijo a Josué: “ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel.” Josué 1:2. 
Jos. 1:5 “…como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.”  
Dios tiene las promesas, lo que hace falta es la decisión de nosotros para recibirlas y la confianza en Dios de que él cumple lo que nos promete.

Dios les dio la tierra que manaba leche y miel, pero ellos tenían que enfrentarse a los riesgos y esforzarse a pasar el caudaloso y peligroso Jordán para poseerla. Josué 1:6  “Esfuérzate y sé valiente;” le dice el Señor al líder de la misión. 
Esfuérzate y se valiente, sal de la comodidad y del conformismo, de los miedos, los temores, la desconfianza, aprende a confiar más en Dios y en su Palabra.
“Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.” Josué1:9.
 
Este versículo me recuerda muy bien cuando un día, hace 12 años, tuve que salir de mi país de origen con mi familia a refugiarme en otro país que no conocía, ni sabíamos a qué nos enfrentaríamos; salimos dejando todo, y en medio de la incertidumbre, solo teníamos un pensamiento: Dios está con nosotros.
En el nuevo país, me apropié de Is. 41:10. Lo copié y lo enmarqué, lo puse en lugar visible donde me recordara siempre las promesas de del Señor. Esta promesa me dio la fortaleza suficiente para afrontar  las dificultades que no han sido pocas; pero hoy puedo decir que en el Señor, he podido vencer y estoy al otro lado de ese Jordán.
Jos. 1:5  Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.
  
Así que los retos del nuevo año no nos deben producir angustia ni temores porque como creyentes, sabemos que el Dios poderoso de Josué es el mismo Dios poderoso de los cristianos hoy. Solo debemos confiar en Él en todo momento y circunstancia y no darle cabida al desánimo, a la angustia y al temor. El Señor tambien te dice a ti hoy: estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé en este nuevo año, ni en todos los años de tu vida.
No confiar en Dios y en sus promesas, hace que el panorama de nuestra vida se pinte oscuro, y entonces vienen las quejas, las lamentaciones constantes y pronto el desánimo y nos desentendemos de todo. Ya no creemos en el esfuerzo, ¿para qué luchar? ¡No lo lograré nunca! ¡Siempre pasa lo mismo! Para qué volverlo a intentar.
El desaliento nos inmoviliza, nos paraliza y nos impide reaccionar. ¡Dejamos de vivir!
Pero, ¿por qué estamos tan desanimados? Porque confiábamos demasiado en nosotros mismos, o tal vez, en nuestras capacidades y recursos como profesionales, pero dolorosamente, comprobamos que no podemos contar con nosotros mismos y es cuando nos sentimos derrotados y frustrados.

Y esto es válido tanto en lo material como en lo espiritual. Si tenemos confianza en Dios, sufriremos con nuestras caídas, pero no nos desanimaremos, nos levantaremos y seguiremos caminando por que contamos con su misericordia. Pues Dios es tan amante y misericordioso, tanto antes de la falta como después. Solo espera eso: que nos levantemos y sigamos caminando en pos de él.

El desaliento es, pues, siempre la prueba de que confiamos demasiado en nosotros mismos, en nuestras fuerzas y de muy poca confianza en Dios.
No tratemos de escapar de manera falsa de las dificultades, las malas costumbres y de los pecados inesperados lamentándonos diciendo: "Si hubiese podido evitar hacer eso." "Si fuera posible volver atrás." "Si se pudiera volver a empezar." "No es normal que yo tenga tantas dificultades." "No es justo." "Es una cuestión de temperamento, no lo puedo evitar." No. Si queremos triunfar ante el pecado, nuestra primera actitud debe ser, "reconocer el mal que habita en mí." No andar con rodeos, no te disculpes, no te justifiques, no trates de borrar, olvidar, ocultar o negar; así no lo vas a destruir nunca. Acepta la caída de hoy, acepta también la tentación de mañana, la tiranía de esa mala costumbre, las ocasiones de pecado que no puedes evitar. 
Jesucristo no vino para quitarnos las tentaciones, ni para suprimir la posibilidad de pecar, sino para perdonarnos los pecados y darnos su gracia para que tengamos fuerzas para vencer.
Cuando te encuentres frente a esa dificultad, a esa necesidad o a esa oportunidad de pecar nuevamente, no confíes en tus fuerzas; confía en el que sí es Todopoderoso que te dice:
“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” Is.41:10
El nos dará las fuerzas para huir del pecado y vencer. ¡Pero huye, la decisión es tuya!     

Como vemos, la promesa es: “¡Siempre!” No dice algunas veces o en algunas cosas te acompañaré y te ayudaré. Afirma con autoridad que Él es nuestro Dios, el que nos da las fuerzas para hacer las cosas; el que siempre estará con nosotros, pase lo que pase, para ayudarnos y sostenernos con su mano poderosa y de justicia.
Con esta promesa de bendición, les animo a caminar pues, confiados de la mano del Señor por este nuevo año 2014.
¡Que Dios les bendiga y felicidades!
                                                                  

Santidad
Propongámonos este año a vivir más en santidad:
Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios. Lev.20:7
Esa es la perfecta voluntad de Dios.
 Orfilia Miranda L. 

viernes, 10 de enero de 2014

Por qué fracasan los matrimonios



Dice la palabra de Dios: “El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová”. Proverbios 18:22.
Hallar una buena esposa es hallar el bien, es ser afortunado como dirían algunos. Una mujer buena, es buena compañera, es ayuda idónea o adecuada en el momento oportuno, es buena consejera en momentos de tomar decisiones. Está dispuesta sin egoísmo, a apoyar y ayudar a su esposo en todo.

¿Cómo alcanza benevolencia de Jehová?
El varón que vive ordenadamente en amor y fidelidad con su esposa, es un hombre que agrada a Dios. Es un hombre que vive dentro del propósito divino en obediencia y esto hace que Dios tenga buena voluntad, (benevolencia) hacia él. Hay promesas de bendición hacia él y sus oraciones no tienen estorbo.
Por el contrario, la siguiente anécdota nos ilustra una situación muy dolorosa y muy común en nuestro tiempo y que no agrada en absoluto a Dios:
Un día, mientras dos policías hacían su ronda, vieron a una mujer que caminaba por la calle con mucha dificultad. Apenas podía sostenerse en pie…al acercarse a ella, vieron que había sido brutalmente golpeada. Al verla en esa situación, los policías se ofrecieron a ayudarla; uno de ellos le dijo: señora, ¿quiere que la llevemos a su casa? La mujer muy angustiada y asustada les dijo: “¡No por favor, de allá vengo!”... ¡Qué triste…!

Si el hallar esposa es hallar el bien, ¿por qué entonces fracasan los matrimonios?
Veamos sólo dos razones, de las muchas que hay, por las que se separan las parejas, y Malaquías 2:14, nos da la respuesta concreta a la pregunta:
Infidelidad y falta de Compromiso.

1-La infidelidad: Cuando la confianza ha sido traicionada.
Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto.” Mal. 2:14.
Este versículo hace una acusación categórica, "contra la deslealtad, y la infidelidad".
Y todavía preguntan ¿por qué? Pues él Señor actúa como testigo entre ti y la esposa de tu juventud, a la que traicionaste, aunque es tu compañera, la esposa de tu pacto.
También lo podríamos decir así: ¿Por qué nos ha abandonado Dios? Les diré por qué: porque Jehová ha visto sus traiciones al divorciarse de sus esposas que han sido fieles a ustedes durante años, la compañera que prometieron amar, cuidar y respetar.
Lo que más destruye los matrimonios es la infidelidad. El no cumplir el voto de ser fieles a la persona con la cual nos unimos por amor delante de Dios. Dios aborrece profundamente el repudio, el divorcio. Y la infidelidad muchas veces ni siquiera se da por parte de la mujer repudiada, sino por el mismo varón que es quien toma la decisión de abandonar a su esposa y a sus hijos para irse a vivir con otra más joven.
Mal 2:16 “Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales.”
Lamentablemente, el repudio y el divorcio abundan hoy en nuestras congregaciones. Encontramos desde ministros, pastores y altos líderes que van hasta por el tercer divorcio. Pero no los juzguemos nosotros.

2-La falta de compromiso: V. 14, "con la mujer de tu pacto, tu compañera, la que tú escogiste." ¿Recuerdan sus votos matrimoniales? Permítanme recordarlos: “Yo: (…) Te recibo como mi esposa(o) y me comprometo ante Dios, a amarte, respetarte, honrarte y cuidarte, en tiempo de abundancia o en tiempo de pobreza, en salud y en enfermedad. Y a brindarte solamente a ti mis afectos íntimos. Lo haré con gozo y alegría, Hasta que la muerte nos separe”.
Dios les ha dado una esposa es para amarla, cuidarla y respetarla, así como Jesucristo amó a su iglesia hasta dar su vida por ella. Ef.5:25. Para tratarla bien, no para golpearla ni insultarla, pero muchos han olvidado eso.
Muchos matrimonios han olvidado el compromiso que hicieron delante de Dios en el altar; han violado el pacto de respetarse, honrarse, amarse y cuidarse hasta la muerte; lo han entendido mal: entendieron que debían insultarse, irrespetarse, deshonrarse, odiarse y golpearse hasta la muerte.

¿Cómo entonces, tener un matrimonio feliz?
Poniendo el fundamento correcto: Dios. Dios es el fundador del matrimonio y la familia; tratar de formar una familia al margen de Dios es ir al desastre con ella porque no tiene fundamento sólido. Salmo 127:1; Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican”.

Permitan que Dios sea el centro del hogar. Prov. 2:6 Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.” En el matrimonio hay que actuar con sabiduría y con inteligencia. Así que cualquiera que quiera formar o construir un hogar estable, tiene que edificar sobre la Roca firme para evitar el derrumbe más adelante:
Mat 7:24-27 “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.
-Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.
-Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;
-y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.”
Un matrimonio no se puede fundar sobre la base de un cuerpo escultural, la belleza, el dinero, la fama o la pasión solamente; todo esto es efímero, es cambiante y es como arena y si el matrimonio no tiene otras bases más firmes, se derrumba como la casa del insensato.
Siga las instrucciones divinas de la Palabra de Dios: 2 Ti. 3:16.Toda la escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,…” La palabra de Dios es la mejor consejera para el matrimonio. Si usted varón y varona, vive conforme al corazón de Dios, conquista la benevolencia de Dios, y siempre tendrá un hogar bendecido, un hogar construido sobre la Roca firme que es Cristo, que puede soportar cualquier prueba o dificultad sin derrumbarse.

Podríamos citar una tercera causa de por qué fracasan los matrimonios:
Los matrimonios también fracasan por falta de oración.
Independientemente de la oración que se haga en familia, individual y la que se hace en la iglesia, los esposos deben orar juntos, por sus necesidades como esposos. Pidan a Dios cada día, ser la ayuda idónea para su pareja.

Los esposos deben alagarse, motivarse y animarse mutuamente:
Diga a su cónyuge cuánto le ama, y agradezca a Dios por su pareja y dele las gracias a su cónyuge por haberse casado con usted.
Escríbale una carta expresándole su amor, llévele una flor a su esposa, en fin…hay tantas formas de expresar amor.
Demuéstrele su amor usando palabras de afirmación y de alabanza, no de crítica. La crítica malsana destruye, no edifica; Pr. 12:18 dice:Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada, Más la lengua de los sabios es medicina”. No le grite, no le hiera sus sentimientos. Dice Pr.12:25La congoja en el corazón del hombre lo abate; más la buena palabra lo alegra”.
Elogie a su cónyuge, haga una lista de sus cualidades y resáltelas. No creo que sea tan malo; algo bueno debe tener, y si no, ¿por qué se casó con él o ella?
Una mujer inteligente dijo: “Yo le digo a Dios sus defectos, y a mi esposo sus cualidades.” Oren mucho a Dios por su pareja y bendígale siempre.
Sean respetuosos y amables en la forma de tratarse. Usen palabras que edifiquen y animen, como por ejemplo: ¡Gracias por la comida, estuvo deliciosa! ¡Gracias por ayudarme con los niños!
No use la ironía con su pareja cuando haga algo que no acostumbra hacer.
Tengan mucho cuidado con la forma y el tono como se dicen las cosas. Sin herirse, sin ofenderse. No se dejen dominar por el enojo. Ef. 4:26  Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,..” además de cuidar sus reacciones de violencia cuando están enojados, nunca se acuesten sin haber dialogado y haber resuelto sus diferencias del día; no amontonen disgustos para que no caigan en el resentimiento que ya es más difícil de sanar y perdonar.
Que su esposa, su esposo, sea la persona más importante para usted en su vida, dele el primer lugar antes que a sus amigos o amigas.

Terminamos este mensaje resumiéndolo en dos palabras: FIDELIDAD Y RESPETO.
Fidelidad y respeto ante todo: la infidelidad es una falta de respeto muy grave contra la otra persona; es una traición a la confianza, quebrantamiento del pacto matrimonial y desobediencia a Dios que no se quedará sin consecuencias.  He. 13:4Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.
Amados lectores: si ustedes tienen un bonito matrimonio, les felicito y les insto a seguir orando y trabajando juntos para seguir creciendo; pero si el caso es que están pasando por alguna crisis de pareja, vayan a los pies del Señor, vuélvanse a él, pídanle perdón, perdónense mutuamente y el Señor restaurará su matrimonio; no todo está perdido, dense otra oportunidad, vale la pena intentarlo y se la merecen. Dios les bendiga.
                                                            
                                                      Orfilia Miranda L.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

LA FAMILIA ES UN PROYECTO DE DIOS



Texto: Génesis 1:26-28
Gen 1:26 “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
 Gen 1:27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
Gen 1:28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.”  

Habiendo terminado toda la creación satisfactoriamente, Dios dijo: v. 26“Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza;” v. 28 “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” Léase muy bien con atención: VARÓN y HEMBRA los creó. Ya en ese mismo momento Dios tenía en mente la familia. Estaba pensando en la familia como institución básica en la sociedad humana. Por eso la institución más atacada de todos los tiempos es la familia por tener el lugar más importante en los planes de Dios.
Socavar los fundamentos de la familia, es socavar los cimientos de la sociedad; es ir en contra de Dios y en desobediencia a lo establecido por él. Satanás es astuto y sabe muy bien esto, que destruyendo el matrimonio, la familia toda se derrumba.
Todos sabemos que cuando un matrimonio se separa, se produce una ruptura en todo: en los miembros de la familia, la economía, los proyectos familiares, pasar vacaciones juntos, ministerios en la iglesia y en todas aquellas actividades en la comunidad en donde se requiere del aporte de las parejas. Pero de todos los miembros de la familia, los hijos son los más afectados en un divorcio; ellos quedan destrozados emocional, y espiritualmente.

Al divorciarse la pareja, ambos quedan expuestos al adulterio; los hijos quedan abandonados y expuestos a toda clase de abusos y maltratos por un padrastro o una madrastra.
Muchas veces también el estrés y la amargura del padre o madre que queda con ellos es descargado sobre los niños; la inseguridad se apodera de ellos, incluso pueden experimentar sentimientos de culpa por la separación de sus padres; y no hay qué decir, de la manipulación que muchas veces se ejerce sobre los niños por parte de ambos padres, o por el padre que viene de visita o se los lleva y no tiene cuidado con los malos ejemplos que les dan.

Muchos dicen que la separación es de la pareja, y no de los hijos; que si la pareja maneja la separación civilizadamente, los hijos no se verán afectados. Este argumento no es totalmente válido. Puede ser que se les oculte todo y que no haya peleas delante de los niños y que tampoco haya olvido y abandono por parte del que se va de la casa; ciertamente, esto alivia un poco la situación para ellos, pero de todos modos se estarán preguntando por qué se va papá, o por qué se va mamá de la casa, ¿será que ya no nos quieren? Sufren mucho en silencio y muchas veces se sienten culpables por la situación, traduciéndose toda esta tensión  emocional en cambios de comportamiento.
Para un niño de corta edad es muy difícil entender por qué su papá los dejó a ellos y a mamá y se fue a formar otra familia con otra señora, y si esa señora tiene niños, se van a sentir peor y volvemos a lo mismo: “papá ya no nos quiere,” es lo que piensan así usted les diga que todo está bien, que los aman mucho. ¿Entonces por qué nos abandonan?

Los hijos de padres divorciados se vuelven inseguros, de baja autoestima, se tornan agresivos y sienten odio por otros niños que si viven con sus padres; son retraídos, de bajo rendimiento escolar, y algunos adoptan conductas de rebeldía como forma de llamar la atención; otros son  manipuladores y exigentes; todos estos comportamientos se deben a la separación de sus padres y en muchos casos la situación es tan grave, que necesitan atención profesional, y aún así, muchos no logran superarlo totalmente.
No hay mucha diferencia entonces, en que le oculten al niño lo que está pasando entre la pareja, o que el niño se dé cuenta de los pleitos, gritos e insultos entre sus padres ya que para un niño pequeño o adolescente el resultado de la separación de sus padres es el mismo: su seguridad, su confianza y su mundo se les derrumban bajo sus pies.

Cuando Dios creó la familia no quería este sufrimiento para nosotros. Por eso es bien importante que nosotros como creyentes, comprendamos esta realidad y el propósito de Dios al fundar la familia, así como el valor que ella tiene para Dios, para que la defendamos a toda costa y la fortalezcamos y venga a ser canal del amor de Dios y de sus muchas bendiciones para los miembros que la componen. Pero ante todo, para evitar el fracaso matrimonial debemos pedir a Dios que nos ayude a encontrar a la persona adecuada y que él esté presente siempre en el hogar.

No fue pues, Adán quien pensó en una esposa y en hijos y se lo pidió a Dios. Es Dios quien toma la iniciativa. Varón y hembra, los creó Dios: ya había un propósito claro de Dios cuando los creó hombre y mujer. Una pareja, un matrimonio y más tarde una familia completa: papá y mamá e hijos, hasta formar una comunidad grande. Pues su función principal es la procreación, multiplicarse, Gen 1:28 “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra…” Esto sólo lo puede hacer un hombre y una mujer, al igual que todas las demás especies sobre la tierra. Y para cumplir adecuadamente y con éxito esta noble misión, se necesita la bendición de Dios.
La bendición de Dios en el matrimonio, es el sello de autoridad que Dios les confiere para llenar la tierra, sojuzgar y señorear sobre toda la creación. Gn. 1:28.

Entender que el matrimonio tiene su origen en el corazón mismo de Dios, eso es vital. Tiene que quedar muy claro que el matrimonio no es invento de un hombre ni de la sociedad. Por eso, cuando un hogar se destruye es contristado el corazón de Dios. Esta es la razón básica por la que Satanás ataca a la familia: ¡Odia los planes de Dios!

Cualquier otro tipo de relación matrimonial distinta a la de un hombre y una mujer, no están en el plan ni en la voluntad de Dios.
Pretender matrimonios entre hombres o entre mujeres, es una aberrante abominación a Dios, que solo cabe en las mentes reprobadas de quienes han caído en la inmundicia de sus concupiscencias y han sido abandonados por Dios. Rom. 1:24-27 “…Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos,
V 25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.
V 26  Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza,
 V 27  y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.”

La familia actual como se plantea, está muy lejos del plan de Dios y de Dios mismo; en lugar de ser bendición para el hombre, se ha convertido en generadora de múltiples problemas, porque a muchos hombres y mujeres de hoy, no los une un verdadero amor sino el egoísmo. Y muchos no llegan al matrimonio pensando en cómo hacer feliz a mi compañero(a), sino qué me ofrece él o ella para “YO ser feliz”. Por eso vemos toda clase de problemas destruyendo a la familia, como: la infidelidad conyugal o adulterio, desamor, celos entre la pareja, celos entre los hermanos, violencia física y/o verbal entre esposos y de padres a hijos, alcoholismo, drogas, rebeldía de los hijos, desprecio por la autoridad. No hay sometimiento ni respeto. ¿Por qué? Porque Dios no es el centro de la familia. 

Podríamos decir que esto sólo se da es las familias no creyentes, pero no es así, lo vemos también entre las familias de los creyentes, y no es que hayan venido a la iglesia ya destruidas, sino que a la iglesia entró también el divorcio y el abandono de la familia. Vemos pastores y ministros que van ya por el segundo o tercer matrimonio, y desde luego que se convierten en mal ejemplo para el resto de la congregación.
¿Dónde quedó el principio bíblico? Dios no ha cambiado sus planes ni sus principios; son los hombres y mujeres los que se han dejado arrastrar por el mundo y sus concupiscencias.

Dios quiere ser el centro de tu familia y ordenarla, en donde se viva en el temor reverente a Jehová y en la obediencia a sus mandamientos. El promete generación poderosa, bienaventuranza y bendición al hombre y a la mujer que le aman y le obedecen. Sal. 112:1-3. Sólo la presencia de Dios en la familia trae felicidad. La familia que se deleita en guardar los mandamientos es victoriosa, porque la promesa de Dios es esa: descendencia poderosa, bendita y próspera.
De allí la importancia de orar por la pareja que me dará el Señor, teniendo cuidado de que la decisión que hagamos esté dentro de la voluntad perfecta de Dios, porque una equivocación en este asunto la pagaremos caro y de paso arrastraremos también a nuestros hijos inocentes a un sufrimiento que marcará sus vidas para siempre y más adelante reproducirán el mismo patrón.

Otro aspecto muy importante que no se debe descuidar es, enseñar la Palabra en la familia. Es nuestra responsabilidad como creyentes, defender la unidad familiar de todo ataque externo, aplicando los principios bíblicos, leyendo y estudiando la Palabra y doblando rodillas juntos delante de Dios nuestro Padre y creador. ¡Deja a Dios ser el centro de tu familia! Sin El es imposible la vida familiar amorosa y sosegada.

Cada esposo o esposa, debe permitirle a Dios que comience hoy mismo a cambiar todo aquello que se esté interponiendo en una buena relación de matrimonio.
Como esposos, hoy mismo, deben tomar decisiones firmes cambiando costumbres que no beneficien  o estén dañando la relación de pareja.
La pareja matrimonial debe tener presente que su conyugue y sus hijos son antes que los amigos y todas las demás cosas. Nuestra familia debe ser nuestra primera preocupación.
Como padres, deben mejorar también la relación con los hijos, cambiando rutinas en la vida, que tal vez no estén siendo muy favorables: más tiempo en familia, diálogo y acompañamiento, mejor atención. ¡Usted puede ser ese canal de bendición de Dios en su familia!

Para finalizar no olvidemos estas verdades bíblicas respecto a la familia:

Que la familia es un proyecto de Dios, y como tal, nació en el corazón de Dios.
Que no es una fundación o institución humana y por lo tanto, el hombre y la sociedad o el estado no la pueden cambiar, modificar, o derogar. Mat 19:6 “Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.”
Que no existe otro matrimonio distinto al que se da entre un hombre y una mujer.
Gen 2:24  Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.”
Y por lo mismo, dos hombres o dos mujeres no se pueden unir en matrimonio porque:
1- No es el plan ni la voluntad de Dios;
2- Físicamente sus cuerpos NO están capacitados para esa unión en “una sola carne.”  
3- Que Dios confió sólo a la pareja de hombre y mujer la responsabilidad de la procreación y los bendijo y los capacitó para fructificar y multiplicarse.

La familia solo funciona bien si tiene a Dios como centro de todo.
Como pareja humana, como familia, les dio autoridad y señorío sobre toda la creación. Gn. 1:28.

¡Cómo sería de hermoso el universo si el hombre y la mujer se hubieran mantenido en el plan maravilloso y amoroso del Padre!

¡Bendiciones!    
                                                                         Orfilia Miranda L.

“EL TESTIMONIO DE VERDAD”

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