miércoles, 24 de octubre de 2012

EL INMENSO AMOR DE DIOS



Hablar del inmenso amor de Dios hacia nosotros, siempre será un tema inagotable.
Hablar de su misericordia, de sus bondades y de todas las maravillas que él obra diariamente en nuestra vida por amor a nosotros, es un tema que abarca toda la vida del creyente. Con toda razón ya el salmista decía:
“¿Quién expresará las poderosas obras de Jehová? ¿Quién contará sus alabanzas?” Sal 106:2.

El amor de Dios tiene cualidades muy grandes que no las tiene ningún amor humano.

El inmenso AMOR de Dios hacia nosotros no tiene límites:
Primero, por amor de su nombre, Él nos crea a imagen y semejanza suya, como seres libres, pensantes y con voluntad propia, capaces de tomar nuestras propias decisiones, incluyendo el decidir obedecerle y amarle a Él, o rechazarle. Y haciendo uso de nuestra libertad, ¿qué hicimos? En nuestro necio pensamiento nos rebelamos contra él, y esa rebelión nos hizo perder la imagen de Dios con que fuimos credos y el lugar de privilegio, autoridad y señorío que él nos había entregado sobre la creación, quedando reducidos a simples creaturas, sin ninguna relación personal como la que teníamos con Dios al principio.
Pero Dios, siendo nuestro CREADOR, en su inmenso amor hacia nosotros, en vez de destruirnos con el soplo de su boca, dispone desde entonces una solución: la SALVACIÓN a través de su Hijo Jesucristo. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:16. 

El amor de Dios es incondicional y compasivo:
Dios no deja de amarnos porque no le amemos; ni siquiera el pecado hizo que dejara de amarnos y se olvidara de nosotros, más bien nos mostró su amor compasivo; es su amor tan grande, tan alto, tan profundo y tan ancho, que nada nos podrá separar de Él: “Ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” Rom.8:39.
Esto es: que no existe ninguna otra cosa por encima del amor perfecto e ilimitado de Dios.
¡Qué consuelo para nosotros los creyentes, tener la seguridad de salvación en un Dios tan grande que nos ama con ese inmenso amor!
Nunca se ha dado en la humanidad, ni se dará jamás, un gesto tan grande y tan perfecto de amor salvífico, como el que Dios ha tenido hacia los hombres: el de enviar a su propio Hijo amado a morir por nosotros.
Sólo Dios, que en su naturaleza es amor, y es la fuente de todo amor, podía amarnos tanto. En consecuencia, solo en Dios hay perfecto amor, y la Palabra dice que “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.1 Juan 4:8. Solo cuando amamos a los otros, es que reflejamos una pequeña semejanza de Dios, como un espejo refleja los rayos del sol.

Después de la caída del hombre, ya sabemos que todos fuimos destituidos de la gloria de Dios, (Rom.3:23), y seguimos siendo sus creaturas pero sin ningún privilegio, simplemente “creaturas” como todas las demás; y he aquí, otra declaración de cómo se manifiesta y se muestra el inmenso amor de Dios hacia nosotros, en provisión de salvación y vida eterna, a través de su Hijo Jesucristo, Jn. 4:9 “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.” Pero el plan amoroso de Dios no se detiene, sigue mostrando su inmenso amor, aún más todavía, restaurándonos y adoptándonos como hijos suyos, herederos de su reino: Juan 1:12Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;”

“Potestad de ser hijos de Dios” no es cualquier cosa. Si analizamos un poco lo que esto significa, vemos que la palabra POTESTAD en el diccionario significa varias cosas:
f. Poder, facultad, obligación.
La potestad es el dominio, poder o facultad que se ostenta sobre alguien o una cosa.
Se trata de un término de fuerte presencia en el ámbito jurídico y que al mismo tiempo engloba cuestiones como el PODER, el DERECHO y la OBLIGACIÓN.
Entonces, la potestad es un derecho, un poder y una obligación.
Un derecho porque quien la tiene puede ejecutarla ante determinadas personas para que éstas cumplan con sus deberes tal como está prescrito.
Un poder, porque quien lo posee podrá emplearlo, por esto mismo es que la potestad se le confiere a las autoridades.
Y es un deber, porque aquel que la dispone está obligado a ejercerla, no pudiéndola rechazar jamás.”
Hasta aquí lo que dice el diccionario sobre lo que significa potestad.

Como vemos, cuando aceptamos la salvación en Cristo, Dios no mira ya más nuestros pecados ni se acuerda más de nuestras rebeliones.
Si nos humillamos reconociéndonos necesitados de su misericordia y nos dejamos lavar en la sangre de Cristo su Hijo, Dios nos abre los brazos de “Padre” y en su inmenso amor, nos da tan grande POTESTAD de ser hechos hijos suyos muy amados, y al conferirnos esta condición, recibimos todos los derechos de los hijos y la obligación de ser santos y portarnos como dignos hijos suyos: redimidos y salvados en Cristo Jesús.
Esa es la magnitud del inmenso amor de Dios: Jn. 3:1Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios;….”
Ese es el inmenso amor con que Dios nos ha amado desde siempre, mi amado lector.
Y como dice el salmista, ¿Cómo no alabarle y contar sus maravillas?
Sal 9:1-2 Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón;
 Contaré todas tus maravillas. 
 Me alegraré y me regocijaré en ti;
 Cantaré a tu nombre, oh Altísimo.”

Dios es nuestro Creador y nuestro preservador, nuestro guardador; nuestro Redentor y Salvador, que con amor eterno nos ha amado desde siempre sin que nosotros pudiéramos hacer algo para merecer tan grande amor.
Jr. 31:3 “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.” Lo que significa, que, tanto el amor de Dios, así como su misericordia, son inagotables para el pecador contrito que es salvado a través de su Hijo. Y una vez que recibimos esa salvación, hay una fuente de gracia, disponible durante todo nuestro peregrinar por la tierra y una provisión permanente de misericordia, porque Dios sabe que somos polvo. No se entienda esto como, que podemos pecar deliberadamente, porque no es así; la misma Palabra dice en 1 de Juan 3: 9:Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.”

La salvación fue dada una sola vez para siempre, para todo aquel que crea en Jesús y le reciba; la salvación no es grupal, no es comunitaria, así se haya dado para toda la humanidad; se recibe de manera personal e individual y usted mi amado lector la toma libremente y así mismo, también tiene la libertad de rechazarla.
Usted decide: si vida eterna gloriosa con Jesucristo, o condenación eterna en el lago de fuego sin Cristo.

Juan 1:12-13: “Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” Amen.
Así es el inmenso amor de Dios hacia nosotros: AMOR DE PADRE.
Dios les bendiga.

Orfilia Miranda Londoño. 






miércoles, 19 de septiembre de 2012

Venid adoremos y postrémonos

Venid adoremos y postrémonos


Hace unos días asistí a una vigilia de oración, cuyo propósito era solamente adorar al Señor sin pedirle nada; solo adoración.
Fue una experiencia maravillosa sentirse allí en la  presencia del Señor, en total abandono, despojada de todo otro pensamiento y preocupación, poniendo mi vida y todo lo que soy en sus manos, sintiendo que estábamos solos él y yo, aunque había más personas a mi lado. Repito, fue una experiencia maravillosa que deberíamos tener con frecuencia en nuestra vida de oración. Y digo esto, porque siempre estamos con los afanes de la vida y muchas veces nos queda poco tiempo para la oración tranquila y sosegada, y cuando logramos tener ese tiempo, siempre tenemos quejas y muchas cosas que pedir, olvidando que nuestro Padre sabe de qué tenemos necesidad.
Hoy quiero compartir con ustedes esta meditación sobre el Salmo 95:1-6 que nos invita a la adoración y exaltación a nuestro Dios y Señor.
“Venid, aclamemos alegremente a Jehová;
Cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
Lleguemos ante su presencia con alabanza;
Aclamémosle con cánticos.
Porque Jehová es Dios grande,
Y Rey grande sobre todos los dioses.
Porque en su mano están las profundidades de la tierra,
Y las alturas de los montes son suyas.
Suyo también el mar, pues él lo hizo;
Y sus manos formaron la tierra seca.
Venid, adoremos y postrémonos;
Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor.
Porque él es nuestro Dios.”
¡Precioso! Por el estilo de este salmo, pareciera que fue escrito por David.
Aquí el salmista nos invita a adorar a Dios, a aclamarle con canciones de  júbilo y con alegría, por su grandeza, por su poder y santidad; porque él es Dios sobre todos los dioses de la tierra.
Cuando dice, la “roca” de nuestra salvación, se está refiriendo a la seguridad que solo podemos tener en nuestro Dios, así como la roca fuerte de que habla también el Salmo 31:2: Sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme. Y el Salmo 62:6-7, (ambos salmos de David), que dice: “En Dios está mi salvación y mi gloria; En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio.”
Esta es una forma de decir y reconocer que Dios es inconmovible como la roca, que solo en Dios hay seguridad y poder para salvarnos y esto ya es un buen motivo de júbilo y de alabanza a nuestro Dios, por tener un Dios de esta magnitud. Por lo tanto, Aclamémosle con cánticos porque Jehová es nuestro Dios, el Dios de los cristianos, de los creyentes, y por lo tanto, no deben existir otros dioses para nosotros.
Cuando decimos: Porque Jehová es grande, y Rey grande sobre todos los dioses, con esta afirmación, estamos rechazando la existencia de otros dioses para nosotros, como “estatuas” y tantos otros dioses que hoy nos presentan de múltiples formas, y estamos reconociendo su PODERÍO, porque todo cuanto existe está en sus manos y es suyo, pues, él lo creó porque él es Dios poderoso y soberano.
Ante esta verdad absoluta, no nos queda más, que humillarnos ante él; arrodillarnos delante de Jehová nuestro Hacedor; postrarnos ante su presencia y adorarle porque él es nuestro Dios y nosotros somos su pueblo y ovejas de su mano.

El fragmento de este salmo, me conmueve hasta lo más profundo de mi ser y me hace meditar: ¿Cuánto tiempo dedicamos a adorar a nuestro Dios?...
¡Qué atrevidos somos cuando nos referimos a Dios con palabras irreverentes!
¿Nos detenemos a meditar y a reconocer lo que él es en SI MISMO?... ¡Dios es tres veces SANTO! Apocalipsis 4:8. Es Dios tan santo, que en el cielo hay ángeles que permanecen dedicados a adorarle y glorificarle con profunda reverencia.
Es tal la Santidad de Dios, que los ángeles, aún siendo creaturas celestiales, puras y especiales para la adoración, no osan siquiera mirar el rostro de Dios:
Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria.” Isaías 6:2-3.
El mismo Isaías comprende esta verdad, cuando Dios le dio la visión asombrosa de su Santidad y Majestad; y se sintió tan miserable, tan tremendamente espantado y apesadumbrado por su indignidad de hombre pecador en su presencia, que exclama: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.” Isaías  6:5.

No tomemos tan a la ligera el “temor reverente” a Jehová nuestro Dios; dediquemos tiempo a la adoración, la veneración y a la alabanza, a la exaltación de su nombre y de su grandeza porque de él es el poderío, la gloria y la majestad por los siglos de los siglos, Amen.   
Los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas. Apocalipsis 4:10-11. 
¡Solo Dios es digno de nuestra alabanza, adoración y gloria!

Después de meditar en todo esto, como conclusión, le invito amado lector a decir con el salmista:
Venid, adoremos y postrémonos;
Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor.
Porque él es nuestro Dios;
Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano.  Salmo 95:6-7.
Bendiciones.
Orfília Miranda L.

lunes, 13 de agosto de 2012

HOMBRES VARONILES Y ESFORZADOS



Josué 24:1 “Reunió Josué a todas las tribus de Israel en Siquem, y llamó a los ancianos de Israel, sus príncipes, sus jueces y sus oficiales; y se presentaron delante de Dios.
14  Ahora,  pues,  temed a Jehová,  y servidle con integridad y en verdad;  y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río,  y en Egipto;  y servid a Jehová.
15  Y si mal os parece servir a Jehová,  escogeos hoy a quién sirváis;  si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres,  cuando estuvieron al otro lado del río,  o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis;  pero yo y mi casa serviremos a Jehová.”

 Josué, es muy categórico y determinante con el pueblo de Israel, cuando después de recordarles la fidelidad de Dios en el cumplimiento de sus promesas y su protección todo este tiempo, Josué les dice: miren todo el cuidado que el Señor ha tenido con nosotros, él merece que le sirvan con fidelidad abandonando toda idolatría, así que, de aquí en adelante ustedes decidan a quién van a servir, si a Jehová o a otros dioses,  pero yo y mi familia serviremos a Jehová.
No queda duda de que Josué era un hombre con determinación obediente a Dios, y que cuidaba de que toda su familia también lo fuera.

Amado lector, de la buena relación que tengas con Dios y con tu familia depende tu felicidad temporal y eterna.
No importa que tan importante sea tu trabajo o la profesión que tengas, pero la mejor y más importante  inversión que  puedes hacer en tu vida, es dedicar tiempo a la comunión con Dios, a cultivar una buena relación con tu esposa, tus hijos y tu familia. El amor, el cuidado y el tiempo que les dediques, es lo más importante que puedes hacer en tu vida.  Al final de tus días no lamentarás tanto el no haber hecho esto o aquello; no haber ganado más dinero, o no haber hecho más negocios; pero sí vas a lamentar no haber pasado más tiempo con tu esposa y tus hijos, porque para entonces ya los habrás perdido y te habrás quedado solo, porque tus amigos ya no están.

Los momentos hermosos que se viven en familia son inolvidables e invaluables, así como aquellos momentos tristes y dolorosos que se comparten apoyándose los unos en los otros en un solo sentir, esto no tiene precio y no se vive sino en la fraternidad familiar.

Además de la celebración del día del padre y día de la madre, tan comerciales, se debiera dedicar también más a nivel de iglesia, un día de celebración especial a la familia para fortalecerla.
La mayoría de las familias hoy están muy solas, destrozadas y olvidadas, y en estos tiempos tan difíciles de tanto ataque a la familia, es cuando, como iglesia, debiéramos trabajar más por rescatar los verdaderos valores cristianos y la unión de la familia.
Nuestra familia es, y debe ser lo más importante en nuestra vida. Cuando la familia se descuida y no hay unión ni amor en el hogar, la vida familiar se vuelve tensa y complicada; pero si hay paz en nuestra casa, si hay armonía y comprensión, si existe una buena relación de amor entre los esposos y de estos con los hijos, cualquiera que sea nuestra actividad laboral, seremos felices y exitosos. Y lo más importante en todo esto, como ya dijimos, es que el Señor ocupe el primer lugar en nuestro corazón y en nuestro hogar.
Cuando toda la familia sirve a Dios, aunque haya momentos difíciles, nada quitará la paz del hogar, porque la bendición y el amor compasivo de Dios siempre estarán presentes manteniendo el entendimiento, la serenidad y la capacidad para superar los problemas de la vida diaria en la familia.

Muchos hombres dedican todo su tiempo y energía, a la vida profesional y a disfrutar con sus “amigos.” Quieren por sobre todo ser exitosos y no escatiman esfuerzos para lograrlo, dejando a Dios y a la familia en segundo plano. Y aunque muchos hombres y mujeres, han alcanzado el éxito profesional y financiero, han fracasado en lo esencial, en lo más importante: la construcción de la familia y la propia salvación.

El éxito que te ofrece el mundo no es el de Dios. Así que, destruyendo a la familia con el abandono y el descuido, difícilmente vamos a encontrar la felicidad en esta vida, ni en la vida eterna, pues, por la ambición tampoco tuvimos tiempo para buscar a Dios.
Muchas veces observo a hombres maravillosos, que con cuanto amor cuidan de cada detalle para agradar a sus esposas, cuidando de ellas, ayudándolas con algunas tareas y con los niños cuando están libres en casa. Así mismo, observo a mujeres sabias que corresponden bien a las atenciones de sus esposos con ternura y respeto, que luchan porque su hogar sea cálido y reine la paz y la armonía, y lo logran porque el amor puede mucho y mayor aún, cuando ese amor está fundamentado en el sublime amor de Dios.

Cuando el hombre abandona su responsabilidad de varón valiente y esforzado y descuida su familia o la abandona, viene la destrucción. Cuántas mujeres abandonadas por sus esposos, solas tienen que sacar adelante a sus hijos con grandes esfuerzos y sacrificios, haciendo de papá y mamá; ese no fue el plan de Dios para la familia…Esto me lleva a pensar que un hombre responsable y temeroso de Dios vale mucho.

Los hombres como Josué, que deciden valientemente servir al Señor con su familia, sin importarles lo que otros piensen, son hombres de gran bendición, no solo para sus familias, sino también para la iglesia y la sociedad.

Hoy se necesitan hombres firmes en la fe, que se porten varonilmente, y que sean esforzados, 1ª Cor. 16:13; que asuman el rol de cabeza de familia de acuerdo al mandamiento de Dios; que formen matrimonios en obediencia conforme a la voluntad de Dios; que no huyan ante la dificultad familiar, que más bien, pongan su confianza en Dios y busquen su fuerza en él.
Cuando el varón descuida o abandona su deber en el hogar, la sociedad se desequilibra. Pues, ha sido destruida su célula básica: la familia.
¿Quieres ser un  hombre de éxito en todo?
Pon a Dios en tu corazón y a la familia en el primer lugar de tus prioridades humanas. Fomenta la lectura de la Palabra de Dios y la oración diaria en familia, y te aseguro que al final de tus días, podrás mirar hacia el pasado con serenidad lleno de satisfacción y sin ningún remordimiento en tu corazón, y podrás  partir tranquilo con paz a la presencia del Señor, como buen siervo aprobado que no tienes de qué avergonzarte.  
¡Estos son los Hombres Varoniles y Esforzados que el mundo necesita! Bendiciones.                            Orfília Miranda L.

miércoles, 11 de julio de 2012

EL ATALAYA, SUENA LA TROMPETA


Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte… 
 Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano.
Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma…”    Ezequiel 3:16-21
En el pueblo de Israel, El atalaya era un hombre que se subía a una torre alta con una trompeta para vigilar la ciudad desde allí y cuando veía venir al enemigo, daba la alarma con el sonido de la trompeta para que el pueblo se apercibiera y no fuera tomado por sorpresa. La vida de los habitantes  era responsabilidad del atalaya y él pagaba con su vida si descuidaba su oficio y había mortandad.

¡La trompeta está a punto de sonar! Y la iglesia del Señor Jesucristo, debe estar preparada y apercibida para salir a su encuentro y no nos debe tomar por sorpresa.

En lo que va de este año, a muchos ya les sonó la trompeta. Y ¿Será que hubo atalayas que los avisara para que estuvieran apercibidos? ¿Salvaron su alma o perecieron? No lo sabemos.

Jeremías y Ezequiel eran atalayas espirituales que advertían al pueblo de Israel sobre el castigo que Dios traería sobre ellos si no se arrepentían de sus pecados.
Como a Ezequiel, el Señor nos ha puesto hoy por atalayas en la comunidad y en la iglesia para que anunciemos su Palabra.
El texto de Ezequiel que tomamos para el estudio, nos muestra dos aspectos bien importantes:
La responsabilidad del que anuncia la palabra y del que la escucha y/o la recibe; porque muchos la oyen pero no la reciben en su corazón.
  
1-El que anuncia la palabra, debe ser llamado por Dios y tiene la responsabilidad de prepararse en ayuno y oración. Debe ser obediente, humilde y sensible a la voz de Dios, para que anuncie con poder y autoridad el mensaje genuino que el Señor le dé para el pueblo. 
2-El que escucha la palabra, ya sea que la reciba o no, se hace responsable de ella: Juan 15:22 Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa.” Y la Palabra misma les juzgará: Jn.12:48.

¿Pero los que enseñamos la Palabra, será que somos verdaderos atalayas decididos a alertar al pueblo de Dios sobre el peligro que viene?
¿Estamos dispuestos los atalayas de hoy a plantear y a denunciar con claridad los desvíos y la realidad de la iglesia de hoy?

A los que enseñamos la Palabra, este mensaje nos hace un llamado a una reflexión profunda y seria. El Atalaya está puesto para advertir tanto a los impíos como a los creyentes. V. 19 y 20.
En el caso cuando se anuncia la palabra en la iglesia, no estamos hablando a los impíos de afuera: estamos anunciando a los hijos de Dios el peligro que viene si no tomamos en serio el asunto de la salvación y hacemos cambios urgentes en nuestras vidas. Hay una salvación disponible en Cristo para todos los que quieran aceptarla, pero se nos puede ir de las manos a última hora si no despertamos del adormecimiento en que están muchas iglesias, y no es que se pierda la salvación, pues eso no ocurre en un verdadero salvado, sino que muchos aunque estando en la iglesia aun no han hecho un arrepentimiento genuino y por lo tanto nunca la han tenido.
No me cansaré de repetir: muchas iglesias de este tiempo, han perdido el discernimiento y perdieron el horizonte, perdieron el rumbo, porque quitaron la mirada de Cristo su Salvador y la pusieron en las cosas temporales, solo hablan de la prosperidad material.
Muchos “evangelistas” con sus falsas doctrinas están arrastrando a multitudes de almas a la perdición enseñando un evangelio que no es el de Jesucristo. Por eso, la vida y las actitudes de muchos de los que dicen ser creyentes, no se diferencia mucho de la vida de los impíos.
La iglesia poco a poco se ha ido acomodando al mundo y lo que es peor, ha introducido las costumbres mundanas en la iglesia con tanta sutileza, que casi ni lo percibimos.
Muchos templos hoy, son como discotecas cristianas: ruido, luces intermitentes, humo, chicle, y qué decir de la gritería y los movimientos sensuales al danzar. No podemos confundir la emoción puramente humana con el gozo del Señor. ¡Cuidado! No sea que estemos alabando a Dios con lo sacrificado a los demonios, cuando usamos estas cosas mundanas para la alabanza; pero ¡hay del que se atreva a decir algo contra eso! es tachado de puritano, religioso, moralista, legalista, anticuado, y murmurador; eso te lo pone Satanás para que sigas engañado y guardes silencio. ¡Qué clase de atalaya eres! ¿Dejarás que el pueblo perezca por temor de dar la alarma?
Estamos viviendo tiempos muy peligrosos y difíciles para los creyentes. Jesús mismo, nos advierte: Mirad que nadie os engañe. Mat. 24:4-5. Porque muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; Mat 24:11.
¡Qué delicado es ser profeta hoy! Y en 2 Tim. 3:13, mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados.
Hemos visto en estos últimos días en las noticias los terribles ataques a los cristianos en varias partes, unos fueron quemados vivos, y en Méjico, unos fueron maltratados, golpeados y expulsados del pueblo y otros asesinados. ¿Será que como atalayas estamos dispuestos a morir por Cristo anunciando la Palabra y denunciando el pecado? ¿La iglesia modernizada o mundanizada de hoy, es la misma que Cristo dejó?
¡Escuchemos la voz de Dios, que nos habla de muchas maneras! “Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios,Ex. 15:26.
Dios es Dios de amor, de mucha paciencia y de infinita misericordia, pero también lo es de justicia y juicio. Y el juicio vendrá y ese día el Señor, con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo y apartará las ovejas de los cabritos; y no creo que alguno quiera quedar en la fila de los cabritos, de los malditos, en aquel día. Mt. 25:31-33 y 41.
¿Qué implicaciones tiene recibir la palabra de Dios? Ap. 10:8-11 y Ez. 3:1.
Comerse el libritoilustra gráficamente lo que es recibir la palabra de Dios: Comérsela, alimentarse de ella, instruirse en ella y anunciarla fielmente.
¿Estamos listos, si sonara la trompeta ahora, en este mismo momento?
Vamos a Ez. 33:11-12 y 1ª Jn. 1:8-10.
Revisemos nuestra vida delante del Señor. Dios les bendiga.
Orfilia Miranda L.

“EL TESTIMONIO DE VERDAD”

  “EL TESTIMONIO DE VERDAD” 1ª de Juan 1 y 2 Si examinamos cuidadosamente la vida de Jesús, encontramos que mucha gente le seguía y escu...