viernes, 6 de noviembre de 2015

SALGA DE SU TIENDA Y MIRE A LOS CIELOS

Gén 12:1 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Gén 12:2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Gén 12:3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

Cuando escuchamos a Dios y nos desacomodamos para obedecer lo que él nos pide que hagamos, nos convertimos en bendición para otros.

Dios nos pide también que abandonemos o separemos de nosotros todo lo que estorba para recibir la gracia y la bendición de Dios:
Andar con Lot se había convertido en un problema para Abraham; los criados de Lot peleaban con los de Abraham por el agua y el territorio y vivían en contienda. A pesar de que era su pariente, Abraham tuvo que hablar con su sobrino Lot y pedirle que se separara de él, ya no podrían seguir conviviendo en el mismo lugar.

Muchas veces es necesario abandonar un lugar, personas, cosas y hasta comodidades, para poder cumplir la voluntad de Dios y recibir bendición. Así que debemos separarnos de todo aquello que nos causa problemas y nos quita la paz interior, haciéndonos desenfocar de lo verdaderamente importante, que es la relación con el Señor.  

Cuando Abraham se separa de Lot, Dios le vuelve a hablar a Abraham:
*Gén 13:14 Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente.
 Gén 13:15 Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre.
Gén 13:16 Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada.
Esta promesa de Dios es incomprensible para Abraham, Dios le está hablando de multitudes cuando no tiene la posibilidad de tener hijos. Pero Abraham en fe sigue escuchando a Dios y obedeciéndole en todo lo que él manda hacer.
Gén 13:17 Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré.
 Gén 13:18 Abram, pues, removiendo su tienda, vino y moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová.
Abraham vuelve a remover su tienda para trasladarse a otro lugar en obediencia; pero le costaba creer lo de la descendencia numerosa: había una piedra muy grande que le estorbaba creer: La ESTERILIDAD DE Sara. Pues, mientras tanto, el tiempo pasaba y su esposa se hacía cada vez más vieja para tener hijos.

Gén 15:2  Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer? Gén 15:3 Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa.
Abraham estaba razonando en lo natural, tenía la mirada en las cosas temporales y terrenales y en sus divagaciones solo miraba hacia el suelo; entonces Dios lo saca de la tienda para que mire hacia el firmamento:
Gén 15:5  Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.” 
Es cuando Abraham mira hacia arriba, hacia los cielos, y ve que lo que Dios tiene para él es infinitamente grande y eterno; entonces entendió y todos los obstáculos de esterilidad de su mente, fueron vencidos y creyó.
Gén 15:6  Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia. Vino a ser el padre de la fe.
Cuántas veces Dios nos habla y no entendemos; es necesario entonces salir de nuestra tienda de la comodidad, de la ceguera espiritual y de las limitaciones de nuestro entendimiento, y mirar hacia los cielos, hacia la eternidad, para entender el propósito que Dios tiene para nuestra vida.
Esto puede muchas veces implicar movernos de un lugar a otro, hasta de país, dejar amigos de toda la vida para movernos en obediencia o cambiar de trabajo.
Muchas veces las circunstancias nos han llevado a tomar decisiones drásticas que han afectado nuestra vida y no hemos entendido porqué, pero pasado un tiempo el Señor nos ha permitido comprenderlo.

Pidamos al Señor una fe firme con la que podamos derribar todo argumento mental que nos impida hacer su voluntad y crecer y caminar en santidad. Que nos dé una confianza absoluta en él para tener siempre la mirada en las cosas celestiales y no en las terrenales.
Dios les bendiga.

Orfilia Miranda Londoño



lunes, 19 de octubre de 2015

¿QUIEN DICEN LOS HOMBRES QUE SOY?

Mat. 16;13-24
Jesús ya casi termina el tiempo de su ministerio y se aproxima el fin de su misión que culminaría con su sacrificio en la cruz.
Mientras tanto, su fama se ha regado por todas partes y en todo lugar se habla de él, unos a favor, y otros en contra, generando confusión entre la gente que lo escucha: desconcierto en unos y esperanza en otros, pero también mucha incredulidad y rechazo por parte de  los Escribas y Fariseos, que eran los principales enemigos de Jesús, porque los confrontaba con la Palabra. Ya hasta se hablaba de planes para matarlo.

Después de atender a la multitud, Jesús se aparta un poco con sus discípulos para hablar con ellos.
Ya es tiempo de que sus discípulos sepan y entiendan claramente, quien es él y cuál es su misión en la tierra.

Entre sus seguidores hay sentimientos y actitudes diversas: unos lo admiran, lo elogian, se maravillan de sus palabras, algunos lo adoran y otros lo siguen para criticarlo. ¿Pero qué sabe la gente de él? ¿Saben quién es él?

Lo han visto convertir agua en vino, multiplicar panes y peces, levantar paralíticos, dar vista a ciegos, sanar toda clase de enfermedad incurable, expulsar demonios, perdonar los pecados y resucitar muertos.
Pero lo que más los desconcierta es la sabiduría y la autoridad con que habla, que hasta la tempestad le obedece. ¿Será este el Mesías prometido? ¿Será un profeta? Nadie lo sabe, pero por el momento le llaman “El Maestro” o Señor. 

Con todo este panorama de dudas, Jesús quiere asegurarse de que sus discípulos no estén confundidos y tengan claridad acerca de él. Entonces les hace dos preguntas:
Primero, qué se oye decir entre la multitud sobre él.
Segundo, quien creen ustedes que soy yo. Lo que diga y piense la multitud, por ahora no es tan importante; ahora quiere escuchar qué piensan, qué dicen sus cercanos, sus íntimos amigos y discípulos. Mat. 16:13-16:
“…, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? 14 Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
15 Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? 16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”
La respuesta de Pedro fue inmediata, sin elaborarla ni pensarla, casi irreflexiva, podríamos decir que apresurada; porque cuando el Espíritu Santo nos inspira, viene de Él, no de nuestro raciocinio. “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Aquí no hay ninguna sombra de duda en su respuesta, que también era la del grupo.
Al escuchar Jesús la respuesta de Pedro, lo confirma y lo elogia por la revelación divina que acaba de confesar y le da un nuevo nombre, una nueva identidad, al mismo tiempo que le hace un anticipo de la responsabilidad y autoridad que les serán conferidas como seguidores de Cristo.
17 “…Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.”

Quedando ya claros en esto, Jesús quiere que quede en secreto todavía para la demás gente.
V 20 “Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.”

La presencia del Hijo de Dios en la tierra ya había sido revelada; el tiempo de la REDENCIÓN había llegado.
Pero a pesar de haber sido anunciado desde tiempos antiguos por los profetas, y haber tanto anhelo por la salvación tan esperada, Cristo vino y habitó entre el pueblo escogido pero no lo reconocieron ni le recibieron. Jn.1:11 “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.”

La confianza entre Jesús y sus discípulos crece:
V 21 “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.”

Desde aquel día que Jesús tuvo esta charla con sus discípulos, estando ya claros de quien era él, Jesús hablaba más a menudo y más claro con ellos. Quería prepararlos para su muerte.
Todo este tiempo andando con el Maestro, hablando y comiendo juntos; viendo todo lo que él hacía y oyendo sus largos mensajes sobre el reino de Dios, ya debían estar más preparados y era tiempo de que supieran todas las cosas.  
Les habló de su muerte y de lo que tenía que padecer en Jerusalén, aunque ellos todavía no le entendieron bien, a juzgar por la respuesta de Pedro, en Mat. 16:22.

La presencia permanente de Jesús en nuestra vida es la que nos transforma y nos hace crecer en la gracia y el conocimiento de él; el diálogo constante con él en la oración privada nos permite recibir la revelación de los planes que él tiene para nosotros, así como su santa voluntad.
Sin intimidad con él, vamos a estar divagando inseguros, con una fe inmadura respecto de quien es Jesucristo y qué vino a hacer por nosotros. Dios no habla en el rudo y la distracción. Dios te habla en medio de la meditación y la contemplación. Cuando hay mucho ruido que exalta las emociones y muchas voces, fácilmente nos podemos confundir: creer que el Señor habló cuando no ha hablado.

V 14  Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
Los Escribas y Fariseos eran profundos estudiosos de las Escrituras y no reconocieron a Jesús.
El mucho estudio y el mucho conocimiento sin la Sabiduría de Dios, es vano de nada sirve, nos infla la cabeza pero no llena el corazón, nos convierte en religiosos intelectuales nada más.  

Hoy, al igual que en aquel tiempo, muchos, aún que se dicen creyentes, tienen ideas falsas de Jesucristo y su salvación: algunos dan más importancia a las imágenes, otros es el dinero, el futbol, la TV, el celular o el Facebook….Para los creyentes hoy podría surgir también la pregunta: ¿Quién es Jesucristo realmente….?

Muchos predicadores modernos y también grandes estudiosos de las Escrituras, evitan hablar de la cruz de Cristo, de su salvación, del pecado y el infierno, de la necesidad del arrepentimiento, de la misericordia y la justicia de Dios. Ignorando que si Dios no escatimó a su propio Hijo y lo envió a morir por nosotros, es porque nuestra situación espiritual es extremadamente grave.

Se está perdiendo el tiempo precioso de la gracia, la oportunidad que tienen muchos de salvarse todavía si se les predicara el verdadero evangelio de la salvación.
Es más fácil hablar de las riquezas, la prosperidad material, de sembrar para cosechar el doble, de la “súper fe”, y de todo aquello que te establezca bien aquí sin sufrimiento, enfermedad ni muerte.

Estos están siendo “estorbo” a muchos, para que se acerquen a Jesucristo, le conozcan como Señor y se arrepientan de sus pecados y reciban la salvación.
Estos predicadores han puesto la mirada es en las cosas de la tierra y no en las del cielo; en las temporales y no en las eternas.
Mat 16:23 “Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: !Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.”

Cualquiera que quiera seguir a Cristo con fidelidad, independientemente si es rico o pobre, tiene que desprender el corazón del exagerado gusto por los placeres, la codicia y la vana gloria de la vida y aferrarse a las cosas del cielo.

Después de esta reflexión, ¿quién dice usted que es Jesucristo?

Si no tenemos un concepto claro de quien es JESUCRISTO, no podremos valorar su presencia ni la salvación en su plenitud.
15 “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”

“Señor, Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo que vino a salvarme.”
Te recibo como mi SEÑOR y Salvador y te entrego mi vida. Amén.


Orfilia Miranda Londoño

sábado, 3 de octubre de 2015

MUCHA GENTE BUSCA A JESÚS

Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús.” Jn. 6:24

Después de la caída, el hombre de todos los tiempos ha vivido en la decadencia espiritual, emocional y humana.
Aunque la ciencia ha avanzado y se han hecho grandes descubrimientos que le han permitido mejorar sus condiciones de vida, no todo está resuelto ni está en las manos del hombre el resolverlo.
Siempre está esperando a alguien que pueda hacer el cambio y arreglarlo todo.
Los hombres de hoy, unos esperan en los políticos, otros en las religiones y otros en la ciencia y la tecnología.

En los tiempos de Jesús había una creciente expectativa por un Mesías anunciado que vendría a salvar y a liberar a los hombres. Ellos esperaban a un hombre poderoso, con mucha autoridad que vendría a gobernar. Seguramente con títulos, o poderes sobrenaturales, muy bien vestido y una figura despampanante o impactante. Yo no sé.

Cuando aparece Jesús y empieza a mostrar las señales de que él es el Hijo de Dios, comienza mucha gente a seguirlo, pero con cierta reserva, pues, no veían en él al prototipo de hombre que esperaban; pero cuando multiplica el pan y alimenta a la multitud con sólo una bendición, esto sí que les entusiasma y empiezan a pensar en tomarlo y hacerlo rey. Jn. 6:14-15.
Jesús que conoce las intenciones torcidas del corazón de ellos, muchas veces se les esconde y se aleja, pero ellos lo buscan hasta encontrarlo de nuevo. Jn. 6:24-27
Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá?
-26 Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.
Jesús les reprocha su actitud falsa y materialista, y les recomienda que trabajen y se preocupen mejor por la salvación eterna que él les vino a traer.
No me buscan por las señales que me vieron hacer, sino por la comida con que se saciaron. Solo están preocupados por comida y no por el reino de Dios.
-27 Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.”

JESÚS ES EL PAN DE VIDA
Pero aquí el panorama se les complica aún más, cuando Jesús les sale con que él es el pan de vida que vino del cielo: Su entendimiento entenebrecido por la incredulidad y el materialismo, no les da para entender tan grande y profundo misterio. Este es un asunto espiritual, no de la carne. Y lo espiritual solo se discierne en el espíritu a la luz del Espíritu Santo.
Ellos para mostrar que estaban interesados en lo que Jesús les enseñaba, le dijeron: V 28  “… ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?

Ellos se sentían calificados o en capacidad de realizar cualquier obra que fuera necesaria para la salvación. Pero Jesús los deja aún más confundidos con su respuesta:
V 29  “…Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.” Es obvio, que Cristo se refiere a él mismo.
La dureza del corazón, la torpeza y la ceguera espiritual de la multitud queda en evidencia al hacer la siguiente pregunta:
V 30  Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? Para ellos no era suficiente lo que estaban viendo.
V 31  Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.”
Es como si para ellos el haber alimentado a tanta gente milagrosamente, no significaba nada, era apenas normal, pues, Moisés también lo hizo para toda la nación de Israel.
Jesús les rebate la pregunta diciéndoles que moisés les dio pan perecedero, temporal, pero el pan que él les ofrece es eterno y conduce a vida eterna, pero ellos están muy lejos de entender esto.
V 32 “…y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, más mi Padre os da el verdadero pan del cielo.”
Jesús sigue diciéndoles que el verdadero pan de Dios ha venido del cielo para dar vida al mundo, v 33;
Ellos vuelven a motivarse y le dicen: V 34 “…Señor, danos siempre este pan.” Pero cuando Jesús les dice Yo SOY ese pan, vuelven a quedar más confundidos que antes.
Ellos están esperando cosas materiales en este tiempo, aquí y ahora. ¿Cómo sale Jesús con ese comentario tan desatinado?
V 35  “…Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” Y allí mismo: v 36  “Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.”
Jesús les está reprochando su incredulidad y los remata con esta otra verdad: que él es Hijo De Dios. ¿Cómo? Y se quedan sin más que decir, y empiezan a murmurar y a cuestionarlo:
Jn. 6:41 “Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo.”
¡Esto ya es demasiado escandaloso! Todos sabían de donde era, y quienes eran sus padres y donde vivían. ¿Cómo dice que bajó del cielo? Dentro de los parámetros humanos el cerebro no les daba para entender y aceptar verdades tan profundas y eternas.
Jn. 6:42 “Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?” 
Estos hombres al igual que hoy, les era muy difícil entender esta verdad eterna de la salvación; estaban tan fundidos en el materialismo que no podían entender las palabras de Jesús. Cada que Jesús hablaba, ellos estaban pensando en cosas terrenales, beneficios temporales.

Hoy es igual, se confunden las bendiciones y las riquezas celestiales de la gloria de Dios, que él nos ofrece de vida eterna, con riquezas materiales y temporales.
Muchos, tampoco hoy han entendido que Jesús es pan de vida eterna, que bajó del cielo para salvarnos.
Están buscando a Jesús esperando riquezas, éxito, fama y poder aquí. Vienen en busca de Jesús no para pedir perdón por sus pecados y recibir salvación, sino para recibir cosas materiales, sanidad de alguna enfermedad incurable, un hijo perdido en drogas, comodidad, empleo, negocio etc…una vez obtenido aquello que buscan, no quieren ningún compromiso con él. No quieren su Señorío.
En el v.43  Jesús les dijo: “No murmuréis entre vosotros.” V 47 “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.” V 48: “Yo soy el pan de vida.” “Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.”

V49. Las riquezas y todas las cosas adquiridas aquí, son efímeras al igual que nuestra existencia humana, pero nuestro espíritu es eterno y al morir va a la eternidad: a vida gloriosa con Cristo si creímos en él y le recibimos, o a condenación eterna en el infierno, si le rechazamos.
Esto suena muy duro y muy fuerte, mi amado lector-a, pero yo no puedo decirle otra cosa distinta, sería engañarle y mentirle. Son las palabras de la biblia.
Jn. 6:51 “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre;...”
-27 Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.”
No busquemos a Jesús por el pan perecedero, busquémosle por la vida eterna que nos ofrece. Amén. Dios les bendiga.

¿Y usted, por qué busca a Jesús?


Orfilia Miranda Londoño

lunes, 21 de septiembre de 2015

CONVERSIÓN, CAMBIO DE ACTITUD

La biblia define la conversión como un cambio de actitud, de mentalidad o renovación de la mente. Reconocer su pecado, arrepentirse de él y volverse al Señor.
Otros la definen como un cambio, un re-direccionar de nuestro camino, dejar el camino de la impiedad y seguir el camino de la fe que conduce a la vida eterna. Caminar en pos de Cristo.

La conversión es un cambio profundo de la mente y del corazón. El que se convierte se da cuenta de que algo debe cambiar en su vida.
Nuestro Señor Jesucristo empezó su predicación pública haciendo un llamado a la conversión: Mar 1:14-15 “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.”

Más adelante iría explicando las características y exigencias del Reino, pero desde un principio advierte que hace falta una postura nueva de la mente para poder entender el mensaje de salvación.
Efe 4:22-24 “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”

Por tanto, lo que más me preocupa, es que hoy en las congregaciones hay muy poca gente convertida genuinamente.
Según algunas estadísticas recientes, un pastor decía, que sólo el 50% de la gente que hay en las congregaciones, es realmente salva. El otro 50% tiene solo una religión.
Otro pastor fue más lejos y dijo que se han hecho estudios, y sólo el 15% de los que llenan los templos han hecho una verdadera conversión y se han sometido al Señorío de Cristo.

Independientemente de cual sea el porcentaje, el asunto es que en las congregaciones se ha dejado de predicar el evangelio completo en toda su esencia. El evangelio se ha desvanecido, se ha suavizado de tal manera que ha perdido su fuerza y su poder; no por el evangelio en sí mismo, sino por parte de los predicadores. Es como cuando un lechero vende leche mezclada con agua, es culpa del lechero, no de la leche.

Cuando una persona viene a la iglesia por primera vez, y ve que aquí está todo lo que hay afuera en el mundo, no siente ningún estímulo a cambiar de vida; más bien se acomoda y se siente muy bien. Le vemos levantar manos, aplaudir, saltar, gritar y decir amén, y hasta ofrendar y ofrecerse a colaborar en cualquier actividad. Pero una vez salida de la iglesia sigue siendo la misma persona mentirosa, tramposa, adúltera, fornicaria, chismosa, deshonesta, inmoral en el vestir y en su modo de actuar y de hablar.

Después de varios años, conserva intacto todo lo que trajo del mundo, es de poca oración, no lee ni estudia la biblia; está feliz y gozosa en el tiempo de la alabanza, pero le aburre la predicación de la Palabra.
Con estas personas nunca vaya a tratar ciertos textos fuertes o directos de la Palabra porque se ofenden, salen heridas y se vuelven al mundo.

Debemos entender que la conversión no se da de la misma manera en todas las personas: el Espíritu Santo actúa distinto en cada uno según la apertura, docilidad y medida de la fe.

Unas personas son transformadas más rápido y otras llevan procesos más largos; pero en todos los casos necesitamos la vida entera para perfeccionarnos.
Efe 4:10-13 “El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.
11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,
12  a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
13  hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
14  para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,
15 sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,…”

Y alguno me dirá: “sí pero es que la carne es débil,” sí, estamos totalmente de acuerdo; sabemos que tenemos el tesoro de la salvación en vasos de barro, dice Pablo en 2ª Co 4:7. Eso lo sabemos y lo entendemos, pero el Señor también nos dice: 2ª Co 12:9 “…Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.”
Por tanto, lo importante no es si volvemos a caer o no, es que si estamos con Cristo él nos sostiene.  

Citaremos tres causas principales de la falta de santidad en la iglesia:
1- Falta comunión con Dios en oración, no se estudia la biblia y no se congregan.
2- No se han sometido totalmente al Señorío de Cristo.
3- No ha habido una verdadera conversión, solo se tiene una religión.

Entonces cuando no hay verdadero arrepentimiento tenemos:
Congregaciones estancadas sin santidad, completamente “carnales”.
Materialistas (con la mirada en las cosas materiales. Les fascina que les hablen de prosperidad.)
Sin temor de Dios
Sin amor
Sin celo apostólico
Entretenidos con fútbol y televisión
Que todavía bailan, toman licor y se hacen tatuajes.
Que fornican y adulteran
Que mienten
Murmuradores
Que engañan y roban
Que disfrutan de chistes verdes o vulgares
Que dicen palabrotas
Que tratan mal a la esposa, se divorcian y se burlan de las mujeres.
Violadores
Malos trabajadores y malos estudiantes, etc. etc. y etc…
Cuando se predica sobre el pecado y la santidad, argumentan que somos humanos, que no hay amor, que todos somos pecadores, que no se debe juzgar a nadie, y se enojan y hasta se van de la iglesia.
No han rendido sus vidas al Señorío de Cristo, por tanto, no han entendido la santidad.

La responsabilidad de los predicadores en este caso, es muy seria. Debemos predicar el evangelio sin matices de otras ideologías, doctrinas paganas o filosofías mundanas y materialistas.
Necesitamos entregar un evangelio limpio y genuino, sin darle interpretaciones falsas o heréticas, sino que conduzca las almas a la salvación en Cristo, no a una religión para tener un templo lleno.

Efe 4:22-24 “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”

Dios les bendiga.


Orfilia Miranda Londoño

jueves, 3 de septiembre de 2015

DIOS, NO SIEMPRE CAMBIA NUESTRAS CIRCUNSTANCIAS

Los seres humanos siempre estamos rodeados de circunstancias difíciles, unos más que otros, pero todos en mayor o menor grado, siempre las tenemos. Cuando no es la muerte, es la enfermedad, la pobreza, deudas, desempleo o persecuciones. Pero con algo tenemos que luchar diariamente.

Decir que, porque ya vinimos a Cristo y somos salvos, se nos acaban los problemas, no es cierto.
Dios no siempre cambia todas nuestras circunstancias, pero sí nos da la capacidad de superarlas, mejorarlas o aceptarlas con valentía y con paz. Cambio de actitud.

En primer lugar, no olvidemos que venimos de un pasado pecaminoso, en el que sembramos mucha semilla de maldad, y esa semilla germina y nos da sus frutos. Dicho de otro modo, todo acto tiene una consecuencia y difícilmente podemos escapar de ella. “El que siembra vientos, cosecha tempestades” dice un proverbio. Otras situaciones de salud vienen  por la contaminación química o los mismos avances del mundo moderno. 

Lucas 23:32-33 “Llevaban también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos.
-Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.”

Lucas 23:39-43 “Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.
43 Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación?
41Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. 42 Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.”

Por un toque de gracia especial, a este hombre algo le decía que Jesús podía ayudarlo, tal vez ya no aquí, pero en la eternidad sí. Era consciente de quien era y de que, lo que sufría se lo había ganado. Había arrepentimiento en su corazón y temor de Dios. 
Lc. 23:43 “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.”

Jesús, que en este mismo momento estaba pagando por los pecados de ese delincuente, ya lo estaba cubriendo con su misericordia y le aseguró el Paraíso, esto es, la Salvación eterna; pero no lo libró de la cruz, no le eliminó la cruz, consecuencia de sus delitos que él mismo acababa de reconocer.

Cuando nos convertimos y recibimos a Cristo, seguramente vamos a tener que seguir enfrentando muchas cosas fruto de nuestros pecados anteriores, pero eso sí, tenemos la garantía de que ya fuimos perdonados y salvados; y nuestra actitud frente a esas circunstancias va a ser diferente porque ya estamos viviendo desde la perspectiva de la fe.
La prioridad de Dios es nuestra salvación. La razón por la que envió a su Hijo a morir por nosotros.
Cristo no vino a morir tan cruelmente en una cruz para que nosotros viviéramos cómodos y tuviéramos mucho dinero para gastar en deleites de la carne. No. Hacer dinero es cosa que podemos hacer por nosotros mismos. La gran mayoría de ricos en el mundo son impíos, ellos no consideran necesitar a Dios. Pero la salvación eterna solo la podemos recibir de Cristo.

Segundo punto:
Los creyentes muchas veces también pueden verse enfrentados a circunstancias difíciles, no necesariamente a consecuencias del pecado, sino por causa de la fe y del evangelio, por seguir a Cristo.

Por causa de la fe tenemos a José, fue a la cárcel por no caer en pecado con la mujer de Potifar. Gén. 39:1-23.
Abraham, por la fe tuvo que sufrir la esterilidad de Sara pero esperaba la promesa de Dios.
Juan el Bautista fue decapitado por denunciar el pecado de Herodes. Mat. 14:1-12
Heb. 11:4 “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín,…” esto le acarreó la muerte.

Los discípulos de Jesús, casi todos fueron sacrificados por causa del anuncio del evangelio. Ya Jesús se los había dicho: El discípulo no es más que su Maestro.
En la carta a los Hebreos hay una lista grande de personas que sufrieron y murieron por la fe, siendo justos y temerosos de Dios.

Dios tiene grandes promesas de ayuda, protección, suplencia de necesidades, fortaleza, consuelo y paz para nosotros, pero la principal es la salvación a todos los que le busquemos y creamos en él.

El Señor en todo caso nos capacitará, si nuestro caso fuera sufrir por la fe y el evangelio.

No nos sintamos defraudados entonces, si después de mucho orar, nuestro problema no es resuelto. Quizás, Dios nos pide que lo aceptemos. Pablo oró tres veces para que Dios quitara el aguijón de la carne y la respuesta de Dios fue: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” No sabemos cuál era esa debilidad de Pablo, pero la tuvo que aceptar y vivir con ella aparte de todos los demás sufrimientos a causa del evangelio del Señor.

2Co 12:7-9 “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.”
Pablo aceptó lo que haya sido, de buena gana como una señal o recordatorio de que debía mantenerse humilde en el ministerio.
Mis amados amigos, Dios les siga bendiciendo.



Orfilia Miranda Londoño

“EL TESTIMONIO DE VERDAD”

  “EL TESTIMONIO DE VERDAD” 1ª de Juan 1 y 2 Si examinamos cuidadosamente la vida de Jesús, encontramos que mucha gente le seguía y escu...