sábado, 18 de julio de 2015

CUANDO ACEPTAMOS A CRISTO

Aceptar a Cristo y convertirnos, implica despojarnos de la vestidura vieja, rota, sucia, gastada y mal oliente del pecado y vestirnos de la vestidura blanca.
Efe 4:22-24 “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”

Cuando venimos a Cristo, dejamos de caminar por aquel camino torcido, de mentira, oscuridad e incertidumbre, y empezamos a caminar por el camino de la gracia y la restitución; dejamos de alimentar los cerdos y nos ponemos en camino a la salvación, a la casa del Padre, quien con amor misericordioso, ordena que nos pongan el mejor vestido: Lc.15:22  “Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.”
Mejor vestido, anillo y calzado, son señal de perdón y restauración, señal de autoridad y de igualdad con el resto de la familia.
El arrepentimiento del hijo pródigo era genuino, producto de la reflexión, la humildad para reconocer el pecado y la decisión de cambio: Lc. 15:18-19 “Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.”
El Padre pasó por alto el pecado de ignorancia de su hijo y lo perdonó; lo abrazó y celebró con gran gozo. Éste es un ejemplo perfecto de conversión y arrepentimiento genuino, así como de perdón por parte del Padre. 

Aceptar a Cristo y convertirnos, es dejar esto y tomar aquello; es dejar la oscuridad y caminar en la luz; es cederle al Señor nuestra voluntad y el control de todo; es empezar a vivir una nueva vida en Cristo. Es un cambio de mentalidad y de actitud.
Cuando cambiamos de modo de pensar y de actitud, y cedemos a Cristo el control, es cuando el Espíritu Santo empieza a decirnos internamente qué está mal, qué tenemos que cambiar, qué tenemos que abandonar. Él empieza a inspirarnos desde adentro la Palabra y a redargüirnos y a confrontarnos con ella, pero para ello tenemos que ser muy dóciles a sus insinuaciones y a su voz.

El Espíritu Santo nos recuerda y nos hace entender los mandamientos de Dios.
Los mandamientos de Dios, expresan claramente las cosas que Dios quiere que hagamos, y las que no quiere que hagamos… vemos que en los dos primeros mandamientos, Dios nos ordena de manera imperativa amarlo a Él sobre todas las demás cosas y servirle; Reconocerle como al único Dios eterno y verdadero. Y en el amor de él amar a nuestros hermanos. El resto de los mandamientos son en sentido negativo, de restricción, de prohibición y desaprobación: No haga eso…no me agrada…el mundo impío, ha abolido casi todos los mandamientos y no ven nada de malo en ello.
Sólo el Espíritu Santo nos muestra el pecado dándonos la sabiduría para discernir entre lo bueno y lo malo.

Los invito a meterse en la oración y en la Palabra, el Espíritu Santo se las revelará, créanme, inténtelo y lo verán; es una promesa de Cristo: Jn.14:26  “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” Sólo él tiene el poder para cambiar nuestra vida de pecado llevándonos al arrepentimiento.

Un creyente sin oración y sin Palabra, está postrado en silla de ruedas; no avanza si no lo empujan. Tiene una fe pobre que no le da ni para levantar la tasa del café,  mucho menos le va a dar para mover las montañas de los vicios, la enfermedad y las dificultades. Será un creyente carnal.

Fortalezca la fe con la oración y el estudio de la Palabra. Ejercítese en ella, y en la medida que vaya viendo cómo Dios le responde a sus oraciones, más va crecer en ella.
Pídale a Dios con confianza y seguridad de que lo va a alcanzar; el Espíritu Santo le enseña como pedir como conviene: a veces los deseos del corazón chocan con el plan de Dios y entorpece. Hay que tener sintonía con Dios, de ahí la necesidad de pedir conforme al propósito de Dios, y eso solo lo podemos hacer en el Espíritu Santo. Él es el que sabe pedir como conviene. Rom. 8:26 “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”

Cuando aceptamos a Cristo, nos apartamos de la corriente del sistema mundano y trabajamos solo para agradar al Señor Jesucristo, quien es ahora el SEÑOR de nuestra vida, a quien servimos y obedecemos, pues, él es nuestro Salvador.
Todo lo demás quedó atrás. Nadie tiene derecho a recordarnos nuestro pasado, Cristo ya pagó por nosotros y el Padre ya nos perdonó.  

Les dejo para reflexión este consejo de Pablo a los Efesios: Ef. 4:17-24
Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, -teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón;
-los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.
-Más vosotros no habéis aprendido así a Cristo, -si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. -En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”

Que la paz y el amor de Dios, estén siempre con ustedes. Bendiciones.


Orfilia Miranda Londoño

sábado, 4 de julio de 2015

¿MIS PREFERENCIAS ESTÁN EN EL ORDEN DE DIOS?

1Cor. 10:23 “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica.”
Dentro de mi libertad social, moral y espiritual, todo me es permitido, pero no todo conviene para mi vida espiritual.
No siempre nuestras preferencias, lo que nosotros queremos, le agrada a Dios.
Nuestros deseos y tendencias obedecen a una naturaleza caída y degradada por el pecado de desobediencia que nos separa de Dios. Mientras que los planes de Dios son perfectos y sublimes por el mismo carácter de Dios que en sí mismo es Santo, perfecto y sublime, y sus pensamientos son de bien y no de mal.

Cuando leemos la biblia que es la Palabra de Dios, podemos conocer apenas en parte la bondad de Dios; su bondad es tan insondable como su santidad, su perfección, su eternidad y su Deidad misma.
La bondad de Dios es manifestada de muchas maneras y muchas veces está registrada en la biblia, en contraposición con la maldad de la raza humana.

Después de la caída, el hombre perdió la imagen de Dios y su propósito, y sólo está en capacidad de obrar el mal: Jer. 4:22 “Porque mi pueblo es necio, no me conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos; sabios para hacer el mal, pero hacer el bien no supieron.” Así se refiere Dios al mismo pueblo escogido; el pueblo que vio sus maravillas y prodigios cuando salieron de Egipto; que fue sustentado en el desierto con maná, que vieron brotar milagrosamente el agua de la roca….y podíamos seguir…. “pueblo necio, ignorante, sin entendimiento, sabios para hacer el mal pero no para hacer el bien.” Ven todo lo que ven y no entienden.
En Isaías, es más fuerte todavía, él les dice: !Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás.” Is. 1:4
Y Pablo confirma esta verdad cuando dice: Rom. 7:18 “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.” Esto es, que aun siendo ya personas convertidas, nos cuesta obrar el bien, por eso, previendo Dios nuestra condición, nos envió el Espíritu Santo.

Un ser humano sin Dios, es capaz de cometer las más terribles atrocidades sin remordimientos ni vergüenza; es como una bestia desenfrenada y nada de lo que hace le parece que esté mal. No le ve nada de malo a nada, cree que los que están mal son los otros. Es “necio, ignorante, sin entendimiento”, Jer.4:22. De ahí que muchas cosas que antes eran rechazadas por la sociedad y se castigaban por ser injustas o inmorales, hoy día son aprobadas por las leyes y aceptadas por la sociedad, y hasta por algunas congregaciones.
Pero conviene que dejemos bien claro una cosa: lo que Dios estableció como malo o pecado, sigue siendo malo, sigue siendo pecado. Sigue siendo abominable delante de Dios. Dios no cambia es inmutable, y su perfección y santidad, es incompatible con cualquier sombra de pecado, por eso nos exige santidad. Lev. 20:26 “Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos.

El Espíritu Santo es el que capacita a los creyentes para obrar o hacer el bien; Jesús siendo Dios, no concebido por simiente contaminada de hombre, pero con naturaleza humana, el Padre lo ungió con el poder del Espíritu Santo que lo capacitó para vencer las tentaciones en el desierto, vencer la angustia y agonía en el Huerto, la soledad y el abandono en la cruz; y así al final pudo decir: “todo está cumplido” “la obra de salvación que me fue encomendada ya está cumplida.” 
Hch 10:38 “…cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.”
Sólo cuando el hombre le entrega la vida al Señor y se somete a su señorío, hay un cambio de mente y de actitud, porque el Espíritu que obró en Jesús, también obrará en él capacitándolo para toda buena obra.

Dios no opera en la dureza de un corazón que no siente temor reverente por su Creador, que no le respeta, que no le honra ni le ama; todo aquel que rechaza a Dios y a sus mandamientos, cada día estará más alejado de él y en capacidad de maquinar toda obra de maldad porque está siendo gobernado por su propia concupiscencia y el diablo.
Proverbios 28:14, dice: “Bienaventurado el hombre que siempre teme a Dios; Mas el que endurece su corazón caerá en el mal.” Es lo que estamos viendo hoy: esta generación cada día es más incrédula, blasfema y muy dura de corazón; no quieren escuchar nada de Dios y han ido eliminando su Nombre de todas las organizaciones públicas y privadas, y en la medida que se alejan, están en capacidad de cometer cosas más horrendas.

En el Salmo 14:3 leemos: “Todos se desviaron, a una se han corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” Y podemos percibir el tono de tristeza y desesperanza del salmista, al ver tanta maldad en su tiempo. Al igual que hoy, podemos sentir tristeza y angustia por tanta maldad, pero nosotros los creyentes, los salvados, no podemos revertir la historia del hombre. Nuestra misión como creyentes, es seguir anunciando el evangelio del reino de Dios, sea que nos escuchen o no nos escuchen; el Espíritu Santo es el que convence de pecado, no nosotros.  

Cuando vemos en este tiempo, que como en los tiempos de Noé y de Sodoma y Gomorra, la maldad va en aumento, y asimismo, surgen nuevas formas de maldad y de crueldad que antes ni imaginábamos, no debe sorprendernos a los que conocemos la Palabra del Señor. Nuestra actitud debe ser de serenidad y de esperanza en que el día del Señor está más cerca de lo que creen algunos.
Siempre que la humanidad toca fondo en su maldad y depravación, Dios interviene. Y hoy está próxima una intervención de Dios. Pero esta vez no será con un castigo, será la segunda venida del Señor Jesucristo en todo poder, gloria y majestad, para tomar consigo a todos los que creyeron en él y le recibieron y han permanecido fieles hasta el final, y para juzgar a las naciones. Pero lo que parece que tardara, es sólo para dar tiempo al arrepentimiento. Dios quiere dar oportunidad a todos los hombres para que lleguen al arrepentimiento y a la salvación.
Eso es lo hermoso del amor misericordioso de Dios, que a todos se nos da la oportunidad de la salvación en Cristo.
Sal 25:8 “Bueno y recto es Jehová; Por tanto, él enseñará a los pecadores el camino.” Dios nos muestra el camino que es Cristo, a nosotros nos corresponde seguirlo o no.

Otra vez digo, permanezcamos firmes y confiados trabajando todavía para el reino sin perder la serenidad, por el contrario, llenos de esperanza porque el día de la redención se acerca. Amén.
Dios les bendiga y espero sean bendecidos con este mensaje. Hasta pronto.

Orfilia Miranda Londoño.



domingo, 14 de junio de 2015

DEL BUEN TESORO DE SU CORAZÓN…

El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo,  del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.” Lucas 6:45
Qué manera más simple como define Jesús las actitudes de las personas. A una persona la podemos identificar como creyente o como impía, según sus acciones y manera de hablar.

Jesús deja muy en claro que la maldad de las personas no viene de afuera, es originada dentro de su corazón, en su mente; el hombre (el ser humano) maquina en su corazón y según sus pensamientos, así son sus obras. De su corazón no arrepentido sale todo lo malo y obra solamente el mal contaminando todo a su alrededor: Gál 5:19-21 “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas;…”
Nada de todo lo anterior, debe tener cabida en el corazón de alguien que ha recibido a Cristo como su SEÑOR y Salvador y su vida está siendo dirigida por el Espíritu Santo.

Lo contrario de una persona que vive según la carne, es la persona espiritual, aquella que vive según el Espíritu Santo, la que describe muy bien Pablo en Gál 5:22-25:
Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza;…. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.” Este es el buen tesoro de los creyentes, por lo tanto, si vivimos y andamos en el Espíritu, es imposible no dar buenos frutos.

Lamentablemente, desde hace tiempo se vienen abandonando los fundamentos, los principios cristianos y la moral cristiana. La sociedad moderna que es gobernada por el sistema mundano, ha venido planteando e imponiendo otros valores negativos como valores positivos.
En la medida que cambian los tiempos, vemos que cada persona o grupo social tiene su propia ética y desde ese punto de vista, lo que para usted es aceptable, para mí puede ser inaceptable. Todo depende sobre qué parámetros ha sido formada su conciencia.

Cuando el hombre decide apartarse de Dios y no obedecerlo, rechaza también sus mandamientos y entonces se crea sus propias normas de vida, porque de todas maneras la sociedad necesita regirse por algo para poder funcionar.

Pero todas las cosas tienen su principio en Dios, nos guste o no, lo aceptemos o no; el hecho de que usted o yo, no creamos en Dios, eso no lo elimina; él sigue siendo Dios Soberano creador y dueño de todo cuanto existe.
Insistir en seguir buscando argumentos para negar la existencia de Dios, es como darse contra una enorme piedra con la cabeza.  
Buscamos la culpabilidad de la maldad fuera de nosotros, cuando está dentro de nosotros mismos… Muchos viven enojados con Dios porque lo culpan de la maldad y la injusticia en el mundo. Dicen: “Yo no creo en Dios porque si él existiera no habría tanta maldad.” Otros dicen: “Yo no quiero a Dios, cómo es que no hace nada por tanta gente que sufre, cómo es que permite tanta miseria y sufrimiento….” y ellos se creen inocentes. Y mientras más se alejan de Dios, más se multiplica la maldad, cumpliéndose así lo que dice el Señor en Lc.6:45 “…; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo;…” y asimismo, de lo sucio y perverso que sea su corazón habla perversidad y obscenidades, porque de lo que abunda en su corazón habla su boca.
De esta misma manera, “No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas.” Lc.6:43-44.

No es el odio o el rencor del corazón ajeno el que me afecta. No es la mentira de Juanito mi vecino la que me afecta. Es la maldad que albergo en mi propio corazón.
Andamos rodeados de malos amigos y nos involucramos en problemas, pero culpamos a otros.
Aceptamos trabajos no ortodoxos que no nos traen bendición sino maldición, y culpamos a otros por los resultados adversos.
No son las malas decisiones del vecino las que nos afectan, son las malas decisiones que hacemos por ejemplo: al escoger mal a la pareja de nuestra vida y si nos va mal, culpamos a Dios o a otros.
Nos involucramos en vicios que después nos esclavizan y nos arruinan, pero no tenemos el valor de aceptar que nos equivocamos creyendo que no íbamos a hundirnos en él.

No busquemos la maldad fuera de nosotros, está dentro de nosotros mismos, dijo Jesús.
Tampoco culpemos a Dios por la maldad, la miseria humana y el  sufrimiento, son las consecuencias del pecado, de la rebeldía de los hombres y mujeres que viven alejados de Dios.

Dios sigue llamando al arrepentimiento y a la conversión, atienda el llamado; Dios está dispuesto a perdonarle los pecados, a olvidarlos y llenarlo de la presencia de su Espíritu Santo.
Y no olvides: Tu boca es un indicador de lo que hay en tu corazón, detente por un momento y escúchate.
El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.” Luc_6:45
 Hasta pronto, Dios les bendiga.


Orfilia Miranda Londoño




jueves, 14 de mayo de 2015

VIVIENDO POR LA FE

Cuando venimos a Cristo, enfrentamos la vida con sus vicisitudes desde otra perspectiva: la perspectiva de la fe.
 El no creyente se afana y lucha en la carne, confía en sus propias fuerzas y en sus conocimientos; y posiblemente obtendrá buenos resultados pero en ocasiones a un costo muy alto: Preocupaciones, temor, miedo al fracaso y a la pérdida, y todo esto se verá reflejado en muchas noches sin dormir.

Y no es que el creyente no tenga que enfrentar los mismos problemas de la vida diaria, sino que hace la diferencia en que no está luchando solo, tiene el respaldo y la ayuda de Dios.
La fe en Dios es confianza y seguridad a la hora de enfrentar las dificultades diarias.
Pablo que era un hombre de fe muy probada, llegó a exclamar: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Flp_4:13.
Esa es la vida de la fe: sentir que descansamos en Cristo, en su poder y en su gracia para vencer por muy difícil que sea la situación que estemos viviendo. En Cristo tenemos paz y confianza para enfrentarnos sin temor a los problemas.
Dios nos dice en Is. 41:10: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.”
Observe que dice: siempre, lo que significa que es todo el tiempo y en todas las situaciones; no es en unas sí, pero en otras no. No. Él dice siempre te ayudaré, siempre te sustentaré.

A partir de esta promesa tan poderosa, tenemos la certeza de que Dios estará siempre con nosotros, venga lo que venga. En esto radica la diferencia, en la actitud que se asuma frente al sufrimiento: cuando lo vivimos en la carne, en nuestras propias fuerzas, o cuando lo vivimos en la fe, fortalecidos y sustentados por el amor y la ayuda del Señor.
El creyente debe tener la confianza siempre en que Dios le dará las fuerzas; no desmayemos, él está a nuestro lado para ayudarnos y sostenernos. Ese es el amor compasivo de Dios nuestro Padre.
¿Por qué hemos de angustiarnos entonces, si hemos puesto nuestra confianza y seguridad en él?
Dios es el Fuerte que no se fatiga con cansancio como nosotros los seres humanos. Is. 40:28.

Y las promesas de ayuda no terminan aquí; veamos los versículos siguientes: Is. 40:29-31
El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”
Por eso Pablo no dudó en decir: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Pablo vivió en esa promesa creyéndole a Dios y por eso pudo soportar hasta el final. Él sufrió persecuciones, calumnias, falsas acusaciones y la cárcel por causa de la fe, pero no desmayó porque su confianza estaba puesta en Dios, y no en las circunstancias ni en la justicia de los hombres. Él iba mirando adelante, hacia la meta, a recibir la corona de gloria. Pues, todos los trabajos y penalidades de la vida son temporales; toda preocupación y angustia terminan aquí, pero aun así, el Señor no nos deja solos en las dificultades de la vida diaria.

Las personas que se cargan de angustia y demasiadas preocupaciones por problemas sin solucionar; que piensan y piensan en un mismo asunto, sin encontrar salida, se exponen a enfermedades coronarias, embolias y hasta infartos al corazón, o pueden terminar con trastornos mentales, o caer en depresión y algunos hasta ven el suicidio como la única salida a los conflictos, ya sean familiares, laborales o económicos.

El señor no quiere esto para nosotros sus hijos; él quiere que vivamos quieta y sosegadamente, en paz y con gozo como personas redimidas, que pase lo que pase, viven con la mirada puesta en Jesús el autor de nuestra salvación, y con la esperanza de una patria mejor, la celestial.

Cuando en la cruz del calvario, el hombre que estaba crucificado al lado de Jesús le dijo: acuérdate de mí cuando estés en tu reino, Jesús le prometió llegar al Paraíso, pero no le eliminó el sufrimiento de la cruz. La presencia tan cercana a Jesús y su promesa de ir con él al Paraíso, lo llenó de esperanza y lo llevó a poner la mirada, ya no en el sufrimiento de la cruz, sino en la salvación que acababa de recibir. Dice la Palabra, que mientras el otro hombre blasfemaba en la cruz, este sufría pero con esperanza de vida eterna. Vemos dos situaciones iguales, pero con actitud diferente.

Como ya lo dijimos, en esto radica la diferencia entre la vida del hombre alejado de Dios, y la vida del creyente. Mientras en la vida sin Dios, el hombre está solo en sus luchas, el creyente tiene toda su confianza puesta en el Señor y vive en sus promesas. Por eso, enfrentando los mismos problemas o similares, tiene paz; se siete seguro y confiado porque tiene las promesas de ayuda poderosa de parte de Dios. Vive por la fe.

Cuando le entregamos a Dios el control de nuestras circunstancias, él se encarga de todas nuestra añadiduras: nos abre puertas que para otros no existen o están cerradas; nos puede sanar de la enfermedad, provee trabajo y sustento, etc.
Nos guarda de las preocupaciones dañinas: la desesperación no está con nosotros, ni el temor ni el miedo. Dios guarda nuestra mente de pensamientos tenebrosos durante la noche para que no nos perturben el sueño y podamos descansar adecuadamente, él guarda también nuestro corazón de temores y de toda angustia.
En general, el creyente tiene una actitud totalmente distinta ante los problemas que son comunes a todos los humanos, sabiendo que tenemos quien se encargue de ellos.
El creyente acude al Señor en oración y súplica confiado teniendo estas promesas: Fil.4:6-7 “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Jos. 1:5 “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.” Es la promesa de Dios para los que le aman y le sirven.  

Jos. 1:7 “Solamente esfuérzate y sé muy valiente,…” Dios se hace cargo del creyente que le ama y le sirve, pero le pide también que sea valiente y esforzado, no un holgazán. Algunos creen que vivir en la fe, es no hacer nada y dejárselo todo a Dios. No. Dios sólo actúa en lo imposible; lo posible le toca a usted. Use sus capacidades y todos los recursos que él le da, esfuércese y sea valiente para encarar o enfrentar los retos que se le presenten diariamente, actuando siempre en el nombre del Señor con responsabilidad, pero dejándole a él los resultados finales, Jos. 1:9.
Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas”.

Tampoco debemos olvidar, que muchas veces nuestros pensamientos y planes, no son los de Dios, ni Dios vive en el tiempo que  nosotros vivimos. Esto a veces es la causa de que muchos se desaniman y dejan las cosas a mitad de camino y se impacientan; hoy están arriba y mañana están abajo en la fe, como las olas.
Hay que confiar todo el tiempo, en oración y acción de gracias. Cuando en una situación así, no se ve la respuesta y entra el desánimo, busque fortaleza en la oración y la lectura de la Palabra, apóyese en las promesas del Señor y pida revelación. Ore con la Palabra recordándole a Dios las promesas, él es fiel. Si el Señor lo prometió, créale, él lo hará. Espere. Alguna cosa él va a hacer, quizás, no lo que usted quiere, cuando y como usted lo quiere, pero en todo caso será lo mejor para usted, desde el punto de vista de Dios, del propósito que él tiene para su vida.
Un padre o una madre, no le da el cuchillo al niño de dos años para que juegue por mucho que llore y se revuelque.
Recuerde: ahora Dios tiene el control de todas las cosas que usted le ha cedido y entregado, déjelo actuar.

A Josué Dios le entregó continuar con la misión de Moisés; era una misión compleja y difícil, y seguramente esto lo tenía muy preocupado, pero Dios lo llama y le dice que se arme de valor; que ponga todo su empeño y esfuerzo, que él no lo va a dejar solo, se va a encargar de que todo le salga bien; lo va a respaldar y a asistir a donde quiera que vaya.
Es una promesa de respaldo y ayuda extendida sin límite de tiempo, ni lugar, ni circunstancia. Jos. 1:5 “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.”
¡Tremendo compromiso el de Dios con Josué! ¡Ese es nuestro Dios! Josué hizo conforme el Señor le mandó y le obedeció en todo, nunca se apartó de sus mandamientos ni su ley; esa fue la única exigencia que Dios le hizo para mantenerle la promesa.
Jos. 1:7  “Solamente esfuérzate y sé muy valiente,…no te apartes de la ley ni a diestra ni a siniestra,  para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Jos 1:8  Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.”
En la obediencia irrestricta a Dios, radica la victoria. En la obediencia en fe.
Prosperar, aquí equivale a avanzar seguro con éxito en la misión, a ir por buen camino acertadamente, con sabiduría hasta el final, logrando y alcanzando el objetivo que nos habíamos propuesto.

Como conclusión, si somos personas redimidas que vivimos en fe, le creemos a Dios. Vivimos en sus promesas confiando en él.
En los momentos difíciles de duda o de desánimo, busquemos la fuerza y el consuelo en la oración y en su Palabra, y una vez obtenida la victoria, demos siempre gracias a Dios.

Fil.4:6-7 “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” Amén.

Que el Señor les siga bendiciendo.
                                                                                     
Orfilia Miranda Londoño



sábado, 2 de mayo de 2015

LAS MUJERES EN MINISTERIOS

Hoy quiero compartir con ustedes la historia de varias mujeres evangelizadoras, que contra toda adversida se lanzaron a las misiones.
Estas mujeres se lanzaron a la evangelización en contra de las circunstancias más adversas, movidas sólo por el celo del evangelio y la salvación de las almas.
***
*Durante siglos, lamentablemente, la mujer ha tenido que soportar todo tipo de prejuicios y de injusticia en la Iglesia. La verdad es que las mujeres de las generaciones anteriores enfrentaron obstáculos más difíciles; sin embargo, la oscuridad de sus circunstancias solo parecían darles más energía y coraje para seguir adelante.
 Desafiaron el sistema, y perseveraron; a menudo pagando un enorme precio. Algunas incluso dieron su vida.
Ellas mantuvieron su fe, así que, ¿por qué no habrían de hacerlo las mujeres cristianas de hoy? (Especialmente cuando la situación presente es mucho más fácil que lo que ellas enfrentaron). Pueden tomar como inspiración la vida de aquellas que han sido antes que nosotros.

La historia de la Iglesia está llena de mujeres valientes que se sostuvieron de la esperanza, aun cuando enfrentaban desafíos enormes. Por ejemplo: Una de las mujeres misioneras más valerosas que haya sido enviada por los Estados Unidos, Amanda Smith (1837 – 1915), una mujer afroamericana que nació siendo esclava en Maryland.

Las probabilidades se apilaron en su contra en todas las formas posibles: No tenía derechos civiles por su raza, además de ser mujer; sin embargo, sintió un fuerte llamado para predicar el Evangelio, aunque las denominaciones negras de su época no estaban abiertas a las ministras. Su vida casi fue arruinada por la pobreza, la injusticia social y dos matrimonios difíciles. Cuatro de sus cinco hijos murieron en la infancia. El desgaste emocional de tal pérdida probablemente hubiera detenido a la mayoría de nosotros de perseguir cualquier tipo de sueño.

Cuando Amanda se aventuró a la obra evangelizadora a tiempo completo, en 1870, tenía que complementar sus ingresos lavando y planchando ropa. Sin embargo, siguió creyendo que Dios la había llamado y su unción distintiva en el púlpito le abrió las puertas en las iglesias y reuniones en el campo.
Líderes cristianos notables de su época reconocían que tenía un don excepcional para predicar.
Con el tiempo, las oportunidades se abrieron para que ella pudiera llevar su mensaje de santidad a Inglaterra, y esto la llevó a viajes misioneros a India y Liberia, donde trabajó durante ocho años, antes de que la enfermedad la forzara a regresar a los Estados Unidos. Después de llegar a casa abrió el primer orfanato para niñas negras sin oportunidades, en el estado de Illinois.
La gente que se oponía al concepto de ordenar mujeres criticó a Amanda, aunque ella NUNCA buscó ser "ordenada". (Ella escribió en su autobiografía que de hecho, el ser ordenada, nunca pasó por su mente, porque ella creía que Dios la había ordenado cuando Él la llamó a predicar).

Amanda enfrentó constante oposición, tanto de los negros como de los blancos, quienes se referían a ella de una manera peyorativa como "la mujer predicadora". Cuando ella estaba hablando en Inglaterra, un grupo de "líderes" de los hermanos de Plymouth la siguieron por todos lados con el propósito de desacreditarla. Ella dijo de ese incidente: "La obra parecía ser bendecida señaladamente por Dios, pero los buenos hermanos de Plymouth no lo podían ver, porque yo era mujer; no porque yo era una mujer negra, sino porque era mujer (…) Trataron, con perseverancia, de que yo discutiera con ellos; pero siempre evité cualquier situación de ese tipo.
Los hermanos incluso lanzaron un ataque contra Amanda en los periódicos, y la bombardearon con cartas que contenían "textos de la Escritura (supuestamente) en contra de que las mujeres prediquen". Pero esos textos, tan a menudo mal empleados para apagar los dones espirituales de la mujer, no la detuvieron de aventurarse a Asia y África. Dios parecía pavimentar el camino delante de ella, confirmando sus mensajes y supliendo sus necesidades financieras.
Otra ministra valiente, quien venció altas probabilidades en su contra fue Mary McLeod Bethune (1875 – 1955), hija de unos esclavos de Carolina del Sur. Aprendió a leer en una escuela misionera, y con el tiempo obtuvo una beca para estudiar en el Moody Bible Institute (Instituto Bíblico Moody), en Chicago. Mientras fue estudiante allí, desarrolló un fuerte sentir de ser llamada al campo misionero, pero cuando solicitó una posición en África se le dijo por medio de una carta de rechazo: "No hay vacantes en África para misioneros negros".
Así que imaginemos el sentimiento de injusticia que seguramente experimentó; que le dijeran unos hombres blancos ¡que no estaba calificada para ser una misionera para ir con los de su propia raza! Mary nunca salió del país, pero fundó una escuela de misiones en Daytona Beach, Florida – y algunos de sus graduados sí fueron a África como ministros - . Mientras tanto, comenzó a ser conocida como una campeona contra la opresión, especialmente después de que confrontó a miembros del Ku Klux Klan local que habían planeado un ataque con el fin de evitar que los negros votaran. Su valentía le trajo tanta fama que Eleonor Roosevelt la asignó para dirigir una agencia federal.
Si leemos la historia de las misiones, no es posible ignorar las loables contribuciones que hicieron mujeres que se atrevieron a desafiar el "status quo". Enfrentaron enorme oposición; sin embargo, siguieron adelante, sembrando e ignorando a sus críticos. La misionera estadounidense Malla Moe (1863 – 1954), por ejemplo, sirvió en Sudáfrica durante sesenta y un años, trabajando para la Scandinavian Alliance Mission (Misión de la Liga Escandinava).
En el campo, ella predicó, discipuló a los nuevos creyentes y plantó iglesias; sin embargo, cuando visitaba a Noruega para reportar su trabajo, no se le permitía hablar. Los oficiales de la iglesia le recordaban que leyera las "instrucciones" de Pablo que hablan de que "la mujer debe permanecer en silencio en la iglesia.
¡Qué absurda humillación! Malla había establecido numerosas congregaciones, dirigía reuniones de adoración y trajo a cientos de hombres y mujeres a la fe en Cristo en otro continente, pero cuando pisaba el suelo de su iglesia madre se esperaba de ella que pusiera sus dones espirituales en un librero.
Esta doble moral todavía es común hoy en día. Tan irracional como suena, muchas iglesias les permiten a las mujeres participar a toda su capacidad en el ministerio en otras tierras, pero se espera que vivan con otro juego de reglas religiosas cuando regresen de licencia.
Esto es fariseísmo en la manera más terrible. Pero cualquier mujer que quiera ser usada por Dios debe prepararse para enfrentarse a los fariseos continuamente. Jesús dijo que seríamos perseguidos; y a menudo la peor persecución viene de la gente religiosa.
Lo que es admirable y sorprendente acerca de Amanda Smith, Mary McLeod Bethune y Malla Moe, es que no se rindieron cuando fueron confrontadas con prejuicio e injusticia. El Espíritu Santo les dio la gracia de perdonar y seguir empujando hacia delante.

Las mujeres en la Iglesia de hoy necesitan un fresco bautismo de esta tenacidad.
No deben rendirse. Abandonar la Iglesia no es una opción para nadie. Posiblemente exista desánimo, pero no hay que tirar la toalla y dejar de creer. Esto es lo que al diablo le encantaría que hicieran.
Sin importar cuántos obstáculos enfrenten o lo oscuras que las circunstancias parezcan, la fe va a hacer camino para una victoria a cada mujer cristiana que persevera.

El plan máximo de Dios es esparcir el Evangelio de Jesucristo a través de Su Iglesia, y Él NO tiene un "plan B", por si la Iglesia no cumple con su misión. Dios va a hacer cumplir Su voluntad, y se va a asegurar de que Su iglesia prevalezca antes del regreso de Cristo.
Toda mujer cristiana que siente el llamado de Dios al ministerio puede tener esperanza, porque hay promesas muy especiales en la Palabra de Dios acerca del papel de la mujer y de cómo será usada en los últimos días de la era de la Iglesia. Por ejemplo: • La promesa de las profetisas.
Mucho antes de que las mujeres adquirieran algún grado significativo de aceptación social o derechos civiles, el profeta Joel predijo un día en el cual, tanto hombres como mujeres hablarían de parte de Dios y llevarían Su unción. Esta promesa, registrada en el libro de Joel, fue repetida por el apóstol Pedro en su sermón evangelizador inaugural el día de Pentecostés. Esa promesa dice:
"Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días" (Joel 2:28-29).
Este era un concepto revolucionario en los días de Joel, Predecía un tiempo en el cual el espíritu de Dios no sería restringido a unos pocos. Señalaba la época de la Iglesia, cuando la Palabra del señor sería accesible para ricos y pobres, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, judíos y gentiles. Y menciona específicamente (dos veces) que las mujeres estarían entre aquellos que profetizarán. Señala un día cuando las mujeres, en números masivos, cruzarán el globo anunciando las Buenas Nuevas.

Esta promesa se empezó a cumplir en el primer siglo, CUANDO MUJERES INCLUYENDO A Febe, Priscila, Junias y Ninfas (todas mencionadas en las epístolas de Pablo) llevaron el Evangelio al imperio romano.
Se cumplió en una manera todavía mayor en el segundo y tercer siglo, cuando mujeres como Blandina y Perpetua fueron martirizadas por las autoridades romanas por predicar el mensaje de que Cristo y no César, era el Señor de todo.
Y Joel 2:28 se cumplió en una medida todavía mayor en el siglo 19, cuando un ejército de mujeres europeas respondió a la Gran Comisión para llevar el Evangelio a Asia y África.

¿Qué hay de la época actual? Probablemente la promesa del profeta tendrá su cumplimiento más significativo en nuestra generación, cuando mujeres de toda región del mundo estén mejor equipadas y sean lanzadas a ministrar.

• LA PROMESA DE "UNA GRANDE MULTITUD" DE MINISTRAS.
Salmos 68:11 dice: "El Señor daba palabra; Había grande multitud de las que llevaban buenas nuevas". Sin embargo, los eruditos reconocen que debería ser traducido de esta manera: "Dios dio la Palabra: las mujeres que publican las nuevas son un ejército".
Una vez más, tenemos una promesa del Antiguo Testamento, de que un día una gran multitud de mujeres estará involucrada en la proclamación de la verdad de Dios. Cuando se escribió este salmo, las mujeres eran compradas y vendidas como propiedades y tratadas como animales. Sin embargo, el salmista, por la inspiración del Espíritu Santo, vio un glorioso día por delante, cuando los hombres y las mujeres juntamente fueron liberados a la libertad gloriosa de los hijos de Dios, para que pudieran heredar Sus bendiciones de pacto y llevar Su Evangelio alrededor del mundo.
Notemos que este versículo dice que Dios da la Palabra. Esta multitud de ministras que emergerá en los últimos tiempos NO serán enviadas por hombres o comisionadas por su propio poder o habilidad.
No van a salir para cumplir con su propia agenda, ni su ordenación será el resultado de un movimiento social o político. Es una obra de Dios. Él abrirá las puertas para ellas, y las enviará con Su poder.
Y NINGÚN HOMBRE O TRADICIÓN RELIGIOSA PODRÁ SER CAPAZ DE DETENERLAS.

• LA PROMESA DE LA VICTORIA DE LA "SIMIENTE" DE LA MUJER.
En el relato de la caída del hombre en pecado, se nos dice que Dios maldijo a la serpiente y luego le advirtió su destino final, el cual estaba curiosamente enlazado con la mujer a quien el diablo había engañado.
Dios le dijo a Satanás: "Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar" (Génesis 3:15).
Esta, la primera profecía de la Biblia, representa la promesa gloriosa de que un día vendría un Mesías a la tierra, nacido de una virgen, y despojaría al diablo de todo su poder. Y como Dios planeaba usar a una frágil adolescente (la virgen maría) para traer al Libertador prometido, la Biblia dice que se dirigiría una hostilidad (enemistad) inusual contra la mujer por las fuerzas de Satanás. Ciertamente esto ha sido el caso.
Desde el huerto del Edén, Satanás ha tenido a las mujeres en la mira. En cada cultura de este planeta han soportado opresión extraordinaria, injusticia y abuso. ¿Por qué? Porque el diablo teme a lo que le podrían hacer. Si la virgen maría pudo dar a luz a Jesucristo y destruir el reino de las tinieblas, ¿qué podría hacerle un ejército de mujeres, bajo la sombra del milagroso poder del Espíritu a sus fuerzas demoníacas en esta hora?

Las mujeres son "las armas secretas de Dios". Satanás teme lo que las mujeres le harán un día.
El diablo sabe que Dios no miente; lo que Dios promete siempre se cumple.
Por eso Satanás ha pasado siglos empequeñeciendo a las mujeres y tejiendo una maraña de mentiras en una formidable red mundial de opresión para someterlas. Él sabe que cuando las mujeres descubran quiénes son realmente, su reino maligno terminará abruptamente. Él no puede darse el lujo de permitir que las mujeres caminen con la cabeza levantada. Él necesita desesperadamente mantenerlas agachadas.

Este es el "contragolpe" perfecto de Dios. La mujer que fue engañada por el diablo un día será el instrumento en su derrota final. Posiblemente Dios ha reservado a algunas mujeres para la última gran batalla contra el mal. La Escritura es clara en que Jesús aplastó la cabeza de la serpiente. De la misma forma, los ministerios que surjan en la Iglesia de los últimos tiempos van a meterle una estaca a Satanás en la sien; así como lo hizo Jael cuando le metió una estaca por la sien al comandante enemigo, Sísara (Jueces 4:22-23).

La promesa de Dios es que las mujeres compartirán la victoria. NO van a observar la batalla desde la banca; estarán activamente involucradas en este conflicto espiritual.
Así que la recomendación para toda mujer que ha sido llamada al ejército del Señor es:
¡NO te rindas si sientes que has sido marginada o maltratada! Muchas mujeres han pagado un precio más alto que tú en el pasado, y su ejemplo puede darte esperanza.
Agárrate de las promesas de la Palabra de Dios, y ora por coraje para vencer los obstáculos que se levanten en tu camino. Y recuerda: tu enemigo es Satanás, no los hombres, iglesias o denominaciones. No muestres otra cosa que no sea amor hacia los hombres y mujeres que te resisten, y bendice a aquellos que mal entiendan tu llamado. Confía en Dios, quien abrirá la puerta para ti en Su tiempo.

¡Dios les bendiga!

Tomado del libro: 25 Preguntas Difíciles Sobre las Mujeres y la iglesia

Autor: J. Lee Grady

Dios les bendiga. Orfilia Miranda Londoño

sábado, 11 de abril de 2015

NO BUSQUES TU PROPIA GLORIA

Apocalipsis 4:11, “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”.

La gloria pertenece a Dios siempre; sólo él es digno de toda adoración y gloria desde siempre y para siempre.
La GLORIA es un atributo de la naturaleza misma de Dios, así como es misericordioso, creador y eterno, para citar algunos de sus atributos.

Bíblicamente, la gloria se define como: fama, honor, majestad, resplandor.
El Diccionario dice: “honor”, “alabanza”, “estima”, “brillo” y “esplendor”.

La biblia hace múltiples referencias a la gloria de Dios de principio a fin. Unas de las manifestaciones más grandes de la gloria de Dios se dieron en el éxodo; la gloria de Dios se manifestaba de día y de noche en forma permanente durante la travesía por el desierto: de día en columna de humo y de noche en columna de fuego. Ex. 40:34-35.

En el monte Sinaí, Moisés estuvo tan cerca de la Majestad de Dios, que el resplandor de su gloria quedó en su rostro; Moisés tenía que cubrirse el rostro a causa del resplandor.

Ninguna creatura suya debe atribuirse gloria, él es el Creador de todas las cosas y todas las cosas son suyas; él es soberano y decide a quien da gloria y honra, no nosotros.
1ª Cr. 29:11-12 “Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza  y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos.”

La humildad debe ser una virtud indispensable en todo creyente y servidor de Dios.
El Hijo de Dios cuando vino a la tierra a cumplir la misión Redentora, lo primero que hizo fue despojarse de su propia gloria en el cielo y se sometió totalmente a la voluntad del Padre.
Fil.2:5-8 “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”.

Ningún servidor de Cristo, ha tenido que renunciar a tanto por el reino de Dios, como sí lo hizo él por salvarnos. Nosotros no teníamos absolutamente nada que perder porque nosotros mismos ya estábamos perdidos. Así, que si por la misericordia de Dios, fuimos salvados y llamados al servicio en su reino, asumámoslo como favor que Dios nos hace y sintámonos agradecidos; y de ningún modo, usar los dones que él nos haya dado para el servicio a la iglesia, como motivo de engrandecimiento atribuyéndonos la honra y la gloria que sólo le pertenecen a él.

Cuando el Señor le dice a Salomón, pídeme lo que quieras, Salomón sólo le pide sabiduría para gobernar bien a su pueblo; y Dios viendo la sinceridad de su corazón, le dio también las añadiduras: riquezas y gloria. 1ª de Reyes 3:13 “Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días”.

No se atribuya gloria, Dios es quien decide a quien le da gloria y honra. Muy diferente es que sea Dios quien nos permita saborear un poco de gloria, a que nosotros mismos la tomemos usando el ministerio con el propósito de buscar gloria y fama personal, en vez de anunciar el evangelio del Señor Jesucristo, para que su reino se establezca en los hombres.

Como siervo o sierva de Dios, no busque ser famoso; no busque su propia gloria; no se anuncie a usted mismo, hablando más de usted que de la persona de Cristo. Guarde sus credenciales y sus títulos de teólogo y doctorados y anuncie a Jesucristo que a eso ha sido llamado; aprenda de Juan el Bautista que, al preguntarle quien era él, respondió sencillamente:
Soy la voz de uno que clama en el desierto….” “Uno” no importa quien sea, su misión era anunciar el reino de Dios, al Mesías que ya estaba entre nosotros.
Él pudo haberse desparramado diciendo: “Soy Juan el profeta enviado directamente por Dios, soy el primo hermano de Jesús, nada más y nada menos que el Hijo de Dios mismo; ningún otro profeta ha sido tan importante que yo. Y para que queden más pringados, Jesús mismo vino para que yo lo bautizara. Qué unción y poder sobrenatural tengo, como ven, no soy cualquiera.”
Pero no fue así, exaltando siempre a Cristo, dijo: Jn.1:23 “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto”. Jn.1:27  “Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado”.
Desatar el calzado de los pies era oficio de esclavos, y ante la grandeza del Hijo de Dios, Juan se situaba en un rango menor que el de un esclavo. Todo el crédito, la fama, la gloria y la honra siempre fueron dirigidas a Cristo el Señor. Él decía: "conviene que Cristo crezca y yo mengue". 
Hoy muchos están haciendo al revés: están menguando el evangelio para ellos crecer y hacerse famosos y adinerados. ¡Terrible!

No estemos tan afanados por la prosperidad y la gloria que tengan otros; todo lo de aquí, aquí se queda; la gloria y la honra que recibimos del mundo aquí muere. Sal.49:16-17.
El Salmo 29 deja muy claro que la gloria y el poder son de Dios, es un tributo que a él le pertenece y a él debemos darlo. “Dad a Jehová la gloria debida a su nombre…”
Is. 42:8, “Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria,…” dice el Señor.

Todo aquel ministro que usurpa la gloria de Dios, y se la echa encima, no tiene buen fin. Cuando dejamos de dar la gloria a Dios y la dirigimos o desviamos hacia nosotros mismos, tarde o temprano, tal ministro deja de ser respaldado por Dios y se viene abajo desde bien arriba. Y Satanás que es malvado, se revuelca de la risa porque ese es un logro para él, porque el ministro no se viene abajo solo; en su estrepitosa caída se arrastra a una gran cantidad de almas débiles en la fe, a todos aquellos que lo seguían.
Cuando se orienta la Palabra y se tuerce para sustentar lo que queremos lograr, haciendo más énfasis en esto que nos interesa y no en aquello otro, es como ofrecer sacrificios de animales imperfectos. Abominable a Jehová.
Malaquías 1 del v. 6 en adelante, Dios se queja y reprende severamente a los sacerdotes por no darle la honra y el respeto debidos.
Cuando se deja de dar la gloria a Dios en el ministerio, el corazón de los ministros se llena de orgullo, vanidad y engreimiento y esto se convierte en el tobogán que los trae abajo; la soberbia es la piedra de tropiezo para la caída y la oscuridad y las tinieblas le pierden el camino.
Jer.13:15-16, dice: “Escuchad y oíd; no os envanezcáis, pues Jehová ha hablado. Dad gloria a Jehová Dios vuestro, antes que haga venir tinieblas, y antes que vuestros pies tropiecen en montes de oscuridad, y esperéis luz, y os la vuelva en sombra de muerte y tinieblas”.
La caída y la confusión son el fin de todos aquellos que usurpan la gloria de Dios, los que buscan su propia gloria y no la dan a quien le corresponde: al Señor Dios de los Ejércitos.

Todo tiene que dar gloria a Dios: la creación entera, los seres celestiales, los ángeles y los hombres, “… todo lo que respira alabe a Jehová.” Sal. 150.
Cuando Jesús nació aparecieron en el cielo las Huestes celestiales dando gloria a Dios y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas! Lc. 2:14. Y en toda la vida de Jesús, él dio siempre la gloria al Padre en todo lo que hizo.
Jn.7:18 “El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero,…”
Hc.12: 23 dice que Herodes murió comido de gusanos por proclamarse dios y atribuirse la gloria que es para Dios; al momento se llenó de gusanos y expiró comido por los gusanos.

Lc.14:10, dice que todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido. Por eso Cristo, de la manera que se humilló en obediencia al Padre, hasta la muerte de cruz, así también Dios lo exaltó: Fil.2:9-11 “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.
En Isaías 2:11 dice que en el día del Señor al sólo resplandor de su majestad, “La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y Jehová solo será exaltado en aquel día”.

Les invito pues, a ser muy cautelosos en este sentido, que en todo lo que hagamos, en todos los diferentes servicios a que hayamos sido llamados, actuemos en todo tiempo con sencillez y humildad, buscando siempre dar la gloria y la honra a Dios. Y él que es galardonador de los que le aman y le sirven, sabrá recompensarnos. Dios les bendiga.
Los dejo con este Salmo de exaltación al Señor:

“Proclamad entre las naciones su gloria,
En todos los pueblos sus maravillas.
Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza;
Temible sobre todos los dioses.
Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos;
Pero Jehová hizo los cielos.
Alabanza y magnificencia delante de él;
Poder y gloria en su santuario.
Salmo 96:3-6


Orfilia Miranda Londoño

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