miércoles, 4 de diciembre de 2013

¿QUÉ ES LA NAVIDAD?

Navidad, natividad o nacimiento de Cristo.

Independientemente de si la fecha del nacimiento de Cristo sea o no la correcta, la época de navidad para los creyentes debe ser tiempo de reflexión, de meditación y de agradecimiento por lo que Dios hizo por nosotros cuando estábamos perdidos en delitos y pecados, sin ninguna esperanza de salvación.
Lo más hermoso de esto es que Dios nuestro Padre ya lo tenía previsto desde tiempos antiguos. Todo el capítulo 53 de Isaías, es un anuncio adelantado de esto que sucedería en el tiempo, a favor de la humanidad caída.
Cristo, el niño que un día nacería en un pesebre, humilde, indefenso y rodeado de circunstancias extraordinarias, vendría con una misión divina de salvación para la humanidad. Ese niño que celebramos en navidad, es el mismo que más tarde sería molido, maltratado, humillado, quebrantado, despreciado y afligido por nuestros pecados.

Los cristianos en vez de estar divididos y enfrascados en discusiones inútiles sobre si la navidad es pagana o no, yo sugiero meditar en Is. 53 y Luc. 2.


Is. 53:10 “Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.”
Luc. 2:6 "Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento.
Luc. 2:7 Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.”

¿Merecíamos que Cristo sufriera y muriera en lugar de nosotros? ¡No! Es por pura gracia o favor de Dios.
¡Meditar en esto con agradecimiento, esto sí es navidad y entonces si tenemos un motivo para regocijarnos y celebrar el nacimiento del Salvador! ¡Bendiciones!
 

Orfilia Miranda L.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

CAMINANDO EN POS DE CRISTO



Damos gracias a Dios el Padre de nuestro Señor Jesucristo, por habernos llamado a su reino haciéndonos partícipes de la salvación eterna en Cristo Jesús su Hijo.
Y al hacernos partícipes de su salvación, nos hace también partícipes de la vida de Jesús y nos invita a caminar en pos de él, a vivir como él vivió; nos invita a ser sus discípulos.

Para ser un buen discípulo de Jesús, veamos lo que cuesta seguirlo; estos son algunos requisitos:

1° Debemos tener un amor profundo por Jesucristo.
Lucas 14:26, “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.”
Esto no significa literalmente que debemos odiar a nuestros familiares o abandonar a nuestra familia para poder seguir el camino de la fe. Significa que, nuestro amor a Cristo debe ser tan extraordinario y sublime, que debe estar por encima de todo afecto o amor humanos; y el amor a nuestros familiares más bien debe estar afianzado y soportado en el amor a Cristo.

2° Negación del “YO”.
Lucas 9:23, “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”
La negación del yo o negarse así mismo, significa una sumisión total y absoluta de la voluntad al SEÑORÍO de Cristo, en la que el YO no tiene derechos ni autoridad alguna. 
Significa que el yo es destronado de nuestro corazón y en su lugar, Cristo toma el control de nuestra vida, de nuestros sentimientos y emociones. Todo queda bajo la autoridad del Señor. Esto talvez nos parezca muy difícil de comprender y de aceptar, porque sólo puede ser discernido en el espíritu.

3° Elección voluntaria de la cruz.
 Mateo 16:24, “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.”  
Tomar la cruz no significa sufrir con paciencia, como enseñan algunos y por eso no se quejan de nada, ni buscan solución a sus problemas porque creen que esa es la cruz que deben llevar con resignación. Piensan que tratar de suprimir los problemas, buscándoles solución, estarían rechazando la cruz. Por ejemplo, muchas mujeres pasan la vida entera soportando las humillaciones y los golpes de un esposo agresor, porque les han enseñado que esa es su cruz y no pueden rechazarla.

La cruz entonces, no es la enfermedad, la pobreza, la angustia, el desempleo, las injusticias, el maltrato o la persecución, puesto que todas estas cosas son comunes a todos los seres humanos.
Tomar la cruz, tampoco es cargar con una cruz de madera a la espalda o colgada del cuello.
Tomar la cruz es una “senda” escogida deliberadamente por amor al Señor Jesucristo.
Tomar la cruz, es un “camino” que el mundo considera locura, deshonra y hasta ridículo a los ojos de muchos; porque el mundo no entiende la locura de la cruz.
1Co 1:18 “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.”

 La cruz es el emblema de la persecución, de la vergüenza y el abuso que el mundo cargó sobre Jesucristo el Hijo de Dios, y que el mundo cargará también sobre todos aquellos que se atrevan a tomar la decisión de ir en contra de sus dictados.
Llevar la cruz, es seguir los pasos de Aquel que nos amó hasta la muerte y muerte de cruz; es caminar en contra vía del mundo; es ir contra la corriente; es ir en contra de lo sensato de este mundo.  Por eso es tan difícil ser auténtico cristiano hoy por tanto asedio del mundo.
Los creyentes hoy quieren evitar a toda costa la cruz, conformándose a este sistema y a sus caminos. El creyente hoy piensa más en las cosas materiales, en el éxito del mundo y en las riquezas que en la cruz que Cristo llevó por nuestra salvación. Hoy sólo se predica doctrina de prosperidad material y se ha dejado de lado el evangelio del Señor. Muchos están siendo engañados con estas doctrinas y creen que haciéndose cristianos se les acaban los problemas y consiguen dinero porque, según ellos, “son hijos del Rey” y todos los que son hijos del rey son prosperados. Doctrina totalmente contraria a las palabras de Jesús, si alguno me quiere seguir, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.

4° Llevar una vida invertida en Cristo.  
Vimos que después de tomar la cruz, es necesario seguir a Cristo, caminar en pos de él. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.”
No podemos pretender seguir las pisadas de Jesús, sin la cruz; tampoco podemos pretender participar de su gloriosa resurrección a la vida eterna, sin haber participado también del dolor, del desprecio, de la humillación, la negación y la muerte. "El discípulo no es mayor que su maestro" dijo Jesús mismo.

Para comprender mejor lo que esto significa, necesariamente tenemos que conocer la vida de Cristo:
La vida de Jesús entre nosotros, fue de total obediencia a la voluntad del Padre; de servicio y amor a los demás; de paciencia y bondad, de mansedumbre y fidelidad. Para ser sus discípulos debemos ser semejantes a él.

5° Un amor ferviente por los hermanos como él nos amó.
Juan 13:35-36, “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.
 -En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”
El amor debe ser el principal distintivo del creyente. Sin este amor nuestro discipulado es frío y legalista; es como un címbalo que retiñe. Y dolorosamente, es lo que más se da en las congregaciones; somos demasiado religiosos y legalistas, rigurosos en cumplir las normas fijadas en la iglesia, pero fríos e indiferentes en el trato con los demás hermanos. Poco misericordiosos y compasivos. Hay rivalidades, celos, envidias, crítica malsana o dañina y murmuración; algunos hasta ni saludan a otros; hay discriminación social, de razas y hasta de nacionalidad. Este no es el amor que nos enseña Cristo y espera de nosotros.

6° Permanencia en su Palabra.
Juan 8: 31, “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;”
Creemos en Jesús y recibimos la salvación un día, esto es glorioso, pero el verdadero discípulo se caracteriza por su estabilidad y fidelidad. Es fácil empezar bien y lanzarse a un ministerio en un momento de entusiasmo y de deslumbramiento de gloria; pero la prueba de la madurez cristiana es la resistencia hasta el fin.
La obediencia ocasional o parcial a la Palabra de Dios no sirve. Cristo no fuerza a nadie a seguirle, pero desea que los que tomen esa decisión de seguirle lo hagan obedeciendo en forma constante y continua.
De la manera como nos enamoramos de Jesucristo, es conociéndole, y sólo le podemos conocer, conociendo su Palabra. Sólo estudiando su Palabra podemos saber cuánto hizo por nosotros, cuánto le costó salvarnos y cuánto nos ama. Sólo en su Palabra encontramos la motivación interna y las fuerzas para tomar la cruz y seguirle. Sólo en él lo podemos lograr, porque, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Filip. 4:13.

7° Renunciar a todo para seguir a Cristo.
Lucas 14:33, “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
Seguramente, esta es la menos aceptada o apreciada de las condiciones para seguir a Cristo, y así mismo, es el texto menos apreciado de la biblia hoy en día cuando sólo se predica doctrina de prosperidad.
Los teólogos y los estudiosos de la biblia pueden dar muchas razones explicativas para probar y demostrar que el versículo no quiere decir lo que parece decir, pero los verdaderos discípulos humildes y sencillos lo reciben con fervor, aceptando que el Señor Jesús, sabía lo que quería decir.
Dejarlo todo, significa el abandono de todas las posesiones materiales que no sean absolutamente necesarias. Era lo que hacían los primeros cristianos. Pero por sobre todo, NO tener el corazón aferrado a ellas.
Esta renuncia o desprendimiento de lo material, no convierte al discípulo en un despreocupado holgazán o indigente. Más bien, trabaja para cubrir las necesidades de su familia y de sí mismo, vivir con dignidad y poder ayudar a otros.
Este estilo de vida, no se logra de la noche a la mañana; es el producto de un permanente esfuerzo y oración, del crecimiento espiritual y de la guianza del Espíritu Santo, y desde luego, que toma su tiempo.

En esencia, la vida cristiana es, vivir agradando a Dios haciendo su voluntad; es vivir para Dios, en un constante avanzar en fe por llegar a vivir como Jesús vivió.  Eso es caminar en pos de Cristo.
¡Bendiciones!

Orfilia Miranda L.

jueves, 14 de noviembre de 2013

¿Por qué el cristiano no crece?



¿Por qué un cristiano no crece? es una pregunta que a menudo muchos hacen.
Cuando los cristianos no crecen, tampoco llegan a la madurez y se quedan infantiles en la vida espiritual de la iglesia. Analizaremos varios aspectos, como causas responsables de esa situación:

Falta deseo de formación:
Una vez que las personas llegan a los pies del Señor, sienten un deseo grande de conocer más sobre su salvación, pero pasado algún tiempo, pierden el interés por la formación espiritual y se conforman con asistir al culto cada domingo.
Falta de oración:
La oración es el principal medio de comunicación con el Señor, si la descuidamos nos enfriamos en nuestra relación con él.
Falta de estudio de la Palabra:
Al igual que la oración, el estudio de la Palabra de Dios es el alimento del creyente y es básica para conocer el plan amoroso de Dios para mi vida y la salvación en Cristo.
Falta de discipulado por parte de la iglesia:
La iglesia local, tiene como principal responsabilidad predicar sana doctrina y consistente; y tan pronto como sea posible, se les debe de iniciar en un curso de crecimiento o discipulado a los nuevos creyentes.

Es muy importante entonces, el interés que ponga cada nuevo creyente y la motivación que reciba de la iglesia y los demás hermanos, para recibir formación espiritual.
Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor.” 1ª Ts. 3:12-13

Para todos aquellos que no hemos nacido en el evangelio, hay un antes y un después:
Antes de creyentes y después como creyentes.

Un día, por la gracia de Dios, recibimos el llamado y llegamos a los pies de Cristo, y todo fue hermoso y diferente para nosotros. Es difícil describir la experiencia maravillosa y gozosa que comenzamos a vivir.
Nos enamoramos de la palabra y había un gran deseo de leerla toda de una vez.
Hacíamos muchas preguntas y queríamos todas las respuestas.
Queríamos estar en todas las reuniones y con qué facilidad y rapidez nos aprendimos los cantos y en especial aquel que tocó nuestro corazón. Nos sentíamos personas nuevas y todo para nosotros era nuevo. Pero lamentablemente…, para muchos, esto hoy es sólo un recuerdo: se les apagó el fuego y descuidaron la oración y la lectura de la palabra; se desanimaron por algún mal testimonio y dejaron de congregarse, se enfriaron y volvieron al mundo y el mundo los atrapó y los absorbió de nuevo.

El recién convertido es semejante a un niño recién nacido: el niño recién nacido empieza alimentándose con leche materna y en la medida que va creciendo y desarrollándose, se le empiezan a agregar otros alimentos que él va requiriendo para alcanzar un desarrollo normal. Por el contrario, si el niño no se alimenta adecuadamente, se atrasa en su desarrollo físico y sicomotor, será un niño desnutrido, con muchos otros problemas de salud que incluso, lo pueden llevar un retardo mental y a la muerte temprana.
Así mismo, cuando el recién convertido no recibe el alimento adecuado para su crecimiento, se va desnutriendo y debilitando espiritualmente y muere.

Cuando la iglesia no les da la asistencia adecuada y formación a los recién nacidos en la fe, a través del discipulado, pueden pasar varias cosas:
1) En su búsqueda, inicialmente pueden caer en la red de falsas doctrinas y desviarse de la verdad y del camino de la salvación.
2) Cuando les pasa el entusiasmo del primer amor, se vuelven a encontrar con los problemas y las dificultades y al no tener una fe formada y madura, no tienen fuerzas para enfrentarse y se desaniman y vuelven al mundo.

3) Otros podrán seguir congregándose y asistiendo a las actividades de la iglesia, pero no hay un verdadero cambio en ellos, no crecen ni maduran en la fe, son dados a poner la mirada en los servidores de la iglesia, no estudian la palabra, les aburre la predicación, y por lo mismo, no son personas de vida de oración. Al descuidar la oración y el estudio de la palabra, no crecen espiritualmente, se vuelven “religiosos de domingo” y se quedan niños espirituales ávidos de emociones nuevas.
Son inestables espiritualmente y van y vienen como las olas: desaparecen de la iglesia por tiempos; se dan una vuelta por el mundo y vuelven cuando tienen otra situación difícil para que oren por ellos.

Otras características de los niños espirituales: 
No asisten a los estudios bíblicos, no los ven tan importantes, no asisten a las vigilias de oración y les cuesta ayunar. Les gusta mucho el entretenimiento y el emocionalismo.
No distinguen entre el bien y el mal; porque al no conocer la palabra, en ellos no hay discernimiento.
No se distinguen de la gente carnal y mundana en sus actuaciones, ni en su modo de hablar, de vestir y de conducirse. No son sanos emocionales y son presa de amargura y resentimiento. Son los que describe muy bien Gálatas 5:19-21.

Ahora, para que haya crecimiento, tiene que haberse dado un nacimiento en Cristo, una conversión genuina y un firme propósito de abandonar la vida antigua de pecado. Aquí la persona pasa de las tinieblas a la luz; de la muerte a la vida; del reino de Satanás al reino de Dios. Por eso es bien importante que el recién convertido no se quede en la primera experiencia, porque la conversión es sólo el comienzo de todo un proceso de crecimiento espiritual. Y así como el recién nacido, debe de alimentarse al principio con leche materna, también el recién convertido debe desear como niño recién nacido, la leche espiritual no adulterada, de la palabra, para que por ella crezca para salvación. 1ª Pedro. 2:2.
Jesús mismo, siendo Dios, se sometió a un proceso de crecimiento y desarrollo físico-intelecto-mental-espiritual, Lc. 2:40: “Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre el.” V.52: “Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, para con Dios y los hombres.” 
Estos versículos 40 y 52 de Lucas nos indican ampliamente que Jesús crecía sano físicamente, en inteligencia, sabiduría y espiritualmente, y desde niño recibía formación en la sinagoga de su localidad, Nazaret. Lucas 4:16 “Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.”

Y si él, siendo el Hijo de Dios, se sometió al proceso de formación al lado de sus padres y fue instruido en las Escrituras y la Ley judía, mayormente, el creyente debe someterse a un proceso de crecimiento permanente y constante, “Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;” Ef. 4:13.

Crecer en la fe es crecer en el conocimiento de Jesucristo, sometiéndose a su Señorío y a la acción renovadora del Espíritu Santo, para ser moldeados y llenos del poder y la unción, que lleve al nuevo creyente al deseo de ser transformado cada día de sus imperfecciones y pecados.
Esto sólo se logra a través de la oración diaria en una estrecha comunión con el Señor y la lectura de la Palabra, y de un discipulado constante y gradual.
El estudio de la Palabra debe hacerse en oración, con entendimiento, pidiendo al Espíritu Santo nos revele su Palabra. No debe leerse con espíritu de curiosidad, sino en oración y meditación sobre aquello tan grande que Cristo hizo en la cruz por nosotros.
No es pues, comprensible, que un creyente que haya entregado su vida a Cristo, lleve varios años en una congregación, sin crecimiento espiritual y que no esté siendo transformado.  

Finalmente, aunque se puede discipular también individualmente, en la congregación es la iglesia quien debe discipular y acompañar a los nuevos creyentes en este proceso para que lleguen a ser cristianos adultos y maduros. Y los creyentes deben buscar y aprovechar todos los medios que la iglesia les brinde para continuar creciendo y así alcanzar la plenitud en Cristo. 
Entendemos que el crecimiento espiritual es progresivo, pero tiene que irse manifestando día a día en la vida del creyente. 
Si una congregación se estanca, es porque no está recibiendo el alimento sólido de la Palabra, y no está abierta a la acción renovadora del Espíritu Santo.
Que el Señor les bendiga.

                 Orfilia Miranda L.

jueves, 31 de octubre de 2013

SOMOS ESCOGIDOS DE DIOS




Jehová, un Dios tan santo, soberano, poderoso, que hace todo cuanto quiere, rodeado de gloria y majestad, creador de todo cuanto existe y que no necesita de nosotros para nada…, se dignó en su infinita bondad y misericordia, mirarnos y apiadarse de nosotros.
En su sola soberanía nos ha escogido desde la eternidad, para que seamos sus hijos, salvos y redimidos en Cristo Jesús, por gracia, no por mérito alguno de nosotros.
1ª de Pedro, 2:9: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;”

Y el haber sido escogidos por Dios, como linaje, real sacerdocio, nación santa, llamados o sacados de las tinieblas a la luz admirable de Jesucristo, es la más grande manifestación del amor de Dios hacia nosotros. Y este gesto amoroso de Dios, debe tener también una tremenda implicación para nosotros, esto es: aparte de dar testimonio y mostrar frutos de salvación, estamos comprometidos a anunciar las virtudes y  maravillas de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable, CRISTO.
Y no es para menos; en todos los relatos bíblicos en que Jesús hacía un milagro en favor de alguien, lo primero que hacían estas personas era divulgarlo por todas partes llenos de gozo y agradecimiento.

Y es que no puede existir mayor gozo que aquel que produce la salvación en Cristo, el encuentro con nuestro Salvador. Saber que estábamos perdidos, sujetos a la condenación eterna y recibir una salvación tan grande sin merecerla, de gratis, sin siquiera haberla pedido, esto es bienaventuranza, pues, él nos da promesa de que seremos saciados de todo bien espiritual porque con Dios nuestro Padre no nos falta nada.
Salmo 65:4Bienaventurado el que tu escogieres y atrajeres a ti, para que habite en tus atrios; seremos saciados del bien de tu casa, de tu santo templo”. ¡Qué glorioso!
Efesios 1:4-5 dice: “…según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad”.

Qué conmovedor es saber que desde antes de la fundación del mundo, por puro afecto, por puro amor, ya estábamos en el propósito de Dios para salvación. ¡Qué maravilloso es Dios!

Aquí me viene a la memoria un corito que decía:

“Amo a mi Dios, amo a mi Dios, porque él me ama;
Amo a mi Dios porque él primero me amó;
Le amaba ayer, le amo hoy, y aún mañana,
Yo le amaré con todo el corazón…”

Fue uno de los primeros coritos que aprendí recién me recogió el Señor y recuerdo que lo cantaba hasta las lágrimas y sin entender todavía mucho la magnitud de su salvación.

Ef. 1:11“En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad”.
Dios decide según el beneplácito de su voluntad darnos herencia de vida eterna y promesas de toda clase de bendición espiritual para los escogidos. Y esto sin que nosotros hiciéramos algo para merecerlo. Es de pura gracia que él quiso apartarnos desde el vientre materno, para salvación.
Gálatas 1:15 “Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia,…”
Bendito el Señor y Padre nuestro, que puso sus ojos en nosotros, porque también la Biblia dice que muchos NO han sido escogidos para esa salvación.

Después de la rebelión del hombre, Dios promete un salvador para la humanidad caída; pero no todos los hombres y mujeres aceptarán esa salvación. Dios en su omnisciencia y sabiduría, sabe quienes persistirán en la maldad y no aceptarán el llamado a la salvación; por lo tanto, no estarán inscritos en el libro de la vida. Muchos de esos son los apóstatas, que aparentando ser creyentes, entran a las congregaciones a pervertir el evangelio enseñando herejías y han metido la impiedad en la iglesia para convertir la gracia de Dios en libertinaje, engañando así a muchos para que no sean salvos; y estos falsos profetas niegan a Dios y a Jesucristo.   

Apocalipsis 17:8  “La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida,…”

Jud 1:4Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.”

No queramos estar en ese grupo. Si estamos aquí entre los escogidos no es porque seamos especiales o mejores que los demás, es por pura gracia, porque así lo quiso el Padre quien nos llamó a la luz admirable en Jesucristo su Hijo. En consecuencia, caminemos y comportémonos como dignos hijos de Dios escogidos; es una exigencia de la Palabra.
Col 3:12 “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia;”

Y como ya lo dijimos, estamos viviendo tiempos muy peligrosos de mucha confusión de doctrinas; estamos en el tiempo de la apostasía de que habla la biblia, cuando se levantarán de entre las mismas iglesias falsos profetas y engañarán a muchos. El Señor nos dice que nos guardemos de ellos. 
 Mat. 7:15: "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.”
1Ti 4:1 “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios;”

Ya está sucediendo, lo vemos en todas partes, congregaciones divididas por la falsa doctrina; costumbres mundanas y relajadas metidas en la iglesia como el adulterio, la música erótica, bailes, iglesias decoradas como discotecas o clubes y entretenimiento, y la Palabra de Dios ya no se predica o se predica a medias. Tengamos cuidado; hay que salir de allí.

Pero todas estas cosas no nos deben desanimar, sino más bien motivarnos porque es un signo de que el Señor está pronto a venir por su iglesia, por sus escogidos.
Dediquemos más tiempo a la oración, a la vida de piedad y estudio de la Palabra de Dios para que no seamos engañados; acerquémonos más en comunión con el Señor.

Amado lector: si usted está en una congregación con todas las características que señalamos anteriormente, mi recomendación es, que cuanto antes salga de ella; seguramente lo criticarán diciéndole que es de los que “andan buscando una iglesia perfecta;” no se deje intimidar. No participe de las obras infructuosas de las tinieblas. USTED ES UN ESCOGIDO DE DIOS PARA SALVACIÓN ETERNA.

Pero si usted no ha recibido a Cristo como su Salvador todavía, y en este momento está leyendo este mensaje, es porque usted también está siendo llamado por Dios a la salvación por gracia.
No desatienda su llamado. Dios llama varias veces y de muchas maneras a cada uno. Pero vendrá un momento en el que Dios no llamará más y entonces será el juicio.
Isa 55:6 “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.”
V.7 “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.”

Dios les bendiga.

Orfilia Miranda Londoño

“EL TESTIMONIO DE VERDAD”

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